Los mareados

agosto 10, 2026

Daniel Manduré

Hay un viejo tango, inmortalizado como “Los mareados” cuyos protagonistas terminan confundiendo la realidad bajo los efectos del mareo. Dicen que el tema retrata metafóricamente la resaca emocional y la confusión.  A veces da la impresión de que algo parecido ocurre cuando se insiste una y otra vez en equiparar una coalición con una fusión. Prefiero pensar que es producto de la confusión, del mareo dialéctico o del fervor al momento de defender ideas y no de la mala intención. Me parece enriquecedor que en un partido existan posturas diferentes. No hay que cercenar la discusión, por el contrario, hay que alentarla siempre. Mientras se haga con altura, respeto y argumentos, porque eso nos fortalece. Lo que no se puede hacer es atribuirle al que no piensa igual que uno, intenciones degradantes. Hay, a mi entender, un gran error conceptual. O tal vez picardía política.

Ni en el derecho comparado ni en la ciencia política ni en las democracias mas consolidadas eso es así. Son diferentes tanto por su naturaleza jurídica como por sus efectos políticos. Una coalición es un acuerdo entre partidos que conservan su identidad. Una fusión supone la desaparición de esas identidades. La extinción de esas fuerzas políticas sustituyéndola por otra.

En una fusión desaparecen las estructuras de los partidos, se sustituye la identidad original de cada uno por otra nueva. En una coalición nada de eso ocurre, es un acuerdo donde cada partido conserva su identidad. Cada grupo mantiene su patrimonio, su dirigencia, sus afiliados y su rica historia.

Partidos diferentes que, con sus propios símbolos, identidad, principios, autoridades forman parte de un gran abanico republicano denominado coalición.

Parece mentira tener que andar explicando estas cosas.

Se dice una y otra vez, se repite casi que, como una verdad revelada, que con la coalición se termina la identidad partidaria. La historia demuestra exactamente lo contrario. La historia demuestra que un partido puede perder su identidad sin haber integrado nunca una coalición. Hay ejemplos varios de dirigentes o sectores que se han desdibujado totalmente, que han dejado por el camino su identidad, han abandonado sus principios, han olvidado sus tradiciones, han traicionado sus más preciados valores sin haber integrado nunca una coalición.

Cambian el discurso para captar votos, no respetan el programa, con personalismos contraproducentes y la ausencia de liderazgos positivos.

Todo depende de nuestra lealtad y fidelidad con nuestras convicciones, garantizando reglas de juego claras y con la autonomía necesaria en aquellos puntos innegociables.

Las democracias más solidas no son aquellas donde todos piensan igual. Son aquellas donde los partidos distintos son capaces de construir acuerdos sin dejar de ser quienes son.

La coherencia no consiste en pensar exactamente lo mismo toda la vida. Eso sería más parecido al dogmatismo que a la coherencia. Es saber adaptarse a los cambios que el nuevo tiempo exige sin abandonar nuestras creencias. Por las que siempre lucharemos.

El politólogo Giovanni Sartori, explicaba que las democracias producen de manera natural la necesidad de alcanzar acuerdos entre partidos diferentes. Porque es precisamente por esas diferencias que existen las coaliciones. Sería hasta tonto pensar en coaliciones si todos pensaran igual. Alli carecerìa de sentido sentarse a negociar.

Norberto Bobbio decía que la democracia no consiste en eliminar el conflicto. Sino en transformar las diferencias en reglas de convivencias claras y acuerdos justos, legítimos e inteligentes.

Duverger, el politólogo francés, en su obra “Los partidos políticos” en 1951 explicaba que cuando existen partidos relevantes, la formación de coaliciones en busca de mayorías suficientes es una respuesta normal del sistema político. Los acuerdos no eliminan la competencia entre si por el liderazgo o la conducción de esa coalición. Donde esas mayorías pueden ir cambiando.

La experiencia comparada en el mundo confirma esa realidad.

Se insiste en ver fusión en donde toda Europa, el mundo académico, la práctica democrática moderna y la legislación comparada ven acuerdos.

Sería importante, para poder discutir con honestidad intelectual llamar a cada cosa por su nombre.

Abundan los casos en el mundo que lo demuestran con meridiana claridad.

En Francia se constituyó en Nuevo Frente Popular reuniendo a distintos partidos de la izquierda francesa, sin fusionarlos.

En España coaliciones como SUMAR integrada por varias fuerzas que comparecieron juntas en las elecciones, pero cada una mantuvo su propia organización. Incluso algunas de esas fuerzas políticas decidieron volver a competir separadamente en determinados territorios sin perder en ningún momento su identidad.

En Alemania la Unión Democrática Cristiana y la Unión Social Cristiana concurren juntas desde 1949. Son dos partidos diferentes con estructuras diferentes, pero actúan juntas.

En Italia es frecuente que varios partidos formen coalciones electorales antes de las elecciones. Así sucedió con la coalición de centro derecha y con coaliciones de centro izquierda.

En Países Bajos donde el sistema es muy fragmentado prácticamente todos los gobiernos son de coalisiòn entre partidos diferentes. En países nórdicos como Suecia o Finlandia pasa lo mismo.

Si bien por la ley de lemas nuestro país tiene particularidades que hay que tener en cuenta, no hay nada que impida buscar los mecanismos normativos y electorales que permitan comparecer juntos.

Los hechos son elocuentes.

En el Frente Amplio y medios de comunicación ideológicamente afines seguramente se regocijan con estas discusiones y contribuyen agregando más leña al fuego intentando agregar mayor confusión. Lamentablemente algunos dirigentes parecen seguirle el juego.

Algunos dirigentes hoy no coalicionistas acompañaron la postura de su líder político en el pasado y otros hicieron silencio cuando ese gran líder respaldó e hizo campaña por candidaturas de otro lema en determinadas elecciones departamentales y no acompañó a los candidatos dentro de su propio lema. Para algunos, un gran error, para otros con acierto. Otros permanecieron callados. Lo que si tal vez esos dirigentes deberían explicar porque està bien eso y apoyar hoy una coalición es casi que una amenaza a la existencia misma de una divisa. ¿Por qué si la identidad partidaria sobrevivió al acompañar al candidato departamental de otro lema, no sobreviviría en una coalición republicana?

Las coaliciones no son una renuncia a la identidad. Son una prueba de la madurez democrática. Solo quienes confían en su origen, en su historia, en la firmeza de sus ideales, en la fortaleza de su identidad, pueden sentarse en una mesa de diálogo a acordar con seguridad, tranquilidad de conciencia y sin temor de perder esos valores.

Defender ideas si, pero no marear al electorado.

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