El problema del estado uruguayo (9)

agosto 17, 2026

Jorge Nelson Chagas

Un célebre artículo publicado en Marcha en los años ’40 – probablemente escrito por Carlos Quijano- advertía que la vida del ciudadano uruguayo desde que se levantaba en la mañana hasta que se acostaba en la noche estaba regida por la presencia del Estado. Le suministraba luz y teléfono (UTE), agua (OSE), transporte (AMDET y AFE), alimentos (Subsistencias)… Este mismo artículo podía haber sido escrito en el año1985, cuando la economía ya se había liberalizado pero el Estado continuaba presente en la vida cotidiana de los uruguayos.

Contrariamente a lo que se supone el debate sobre el Estado no es nuevo en el Uruguay. En los años ’30, cuando la creación de ANCAP y UTE, los actores políticos polemizaron largamente sobre la conveniencia o no de ampliar sus funciones. En los años de prosperidad económica, salvo excepciones, el tema del Estado no estuvo presente. Pero hacia mediados de los ’50 volvió al tapete. Entre 1955-1958 El Día publicó una serie de artículos donde expresó la necesidad de terminar con el “papeleo” y el “expedienteo” (sic), lo que revela la desaprobación del batllismo catorcista con la gestión estatal. Es más: hay indicios históricos de que Lorenzo Batlle Pacheco estaba desconforme con el funcionamiento de las empresas públicas y estaba pensando en realizar cambios. Todo indica que tales cambios tenían que ver con la incorporación de técnicos en sus direcciones, en desmedro de los políticos.

Tema aparte merece la gestión de Nilo Berchesi como ministro de Hacienda de Luis Batlle (durante los años 1949-1950) que intentó con variado éxito una racionalización del Estado. En realidad, hubo en esos años una multiplicación y difusión de informes de expertos internacionales que diagnosticaron las dificultades de la Administración Pública uruguaya: en 1952, James Garvey sobre contrataciones del Estado; en 1954, Elwyn Mauck sobre capacitación de funcionarios públicos y John Hall sobre la reorganización administrativa del Ministerio de Salud Pública; y en 1955, Justo Orozco y John Hall acerca de las funciones de la Secretaría del Consejo Nacional de Gobierno. También es de relevancia el curso sobre Administración Pública dictado por el experto Wilburg Jiménez Castro en agosto de 1955 y el Seminario sobre Capacitación y Administración del Personal Público, realizado en octubre de 1955 por las Naciones Unidas; que diera posteriormente lugar a la creación de la Comisión Asesora sobre Administración Pública (CASAP).

El Plan Nacional de Desarrollo Económico y Social (1965-1974) de la Comisión de Inversiones y Desarrollo Económico (CIDE) fue un ambicioso proyecto de planificación estructural para Uruguay, impulsado a mediados de los 60 para superar el estancamiento económico. En uno de sus capítulos plantea la modernización del Estado.

Y en 1969, durante el gobierno de Pacheco Areco, se presentó el informe de Oscar Ozlak – un erudito en el campo del pensamiento sobre el Estado y la administración pública – sobre el mismo tema.

También existen indicios históricos que Pacheco consideraba que la estructura del Estado era lenta y pesada, y se lamentaba de no haber logrado una mayor eficiencia en sus políticas públicas.

O sea que la clase política no miró para el otro lado en cuanto a encarar el problema del Estado. Los mismos militares cuando pasaron a conducir el Estado buscaron darle – con una lógica autoritaria – mayor efectividad.

Entonces, ¿por qué, aun hoy, el tema del Estado sigue en la agenda política?

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