La era de la IA

octubre 5, 2026

Ricardo J. Lombardo

Ahíto de Trump, de Orsi, de Pereira, de Bianchi, de Da Silva, de Abdala y de toda la discusión anacrónica e irrelevante que inunda los noticieros, la prensa y las redes, he decidido concentrar mis preocupaciones en la IA.

 

Muchos experimentan el mismo pavor de hace 80 años cuando visiones apocalípticas creían que la era nuclear amenazaba a la especie humana.

Pero aquí estamos, salvo dos o tres accidentes serios que ocurrieron después de Hiroshima y Nagasaki.

Lo que es indudable es que la irrupción de la IA se trata de un punto de inflexión en la historia de la humanidad: hemos creado máquinas más inteligentes que el más inteligente de nosotros.

Así que, sin miedo, pero con visión y coraje, hay que empezar a actuar para aprovechar las oportunidades que ofrece.

La inteligencia artificial está cambiando la forma en que se trabaja. El desafío para nuestro país no es solamente incorporar IA en las empresas y en el Estado, sino preparar a las personas para las nuevas posibilidades laborales que surgirán de ese cambio.

La pregunta que deberíamos hacernos es:

¿Qué trabajos va a necesitar Uruguay en 2030 y cómo formamos hoy a cientos de miles de personas para poder ocuparlos?

Para responderla, debería implementarse un Plan Nacional de Reconversión y Capacitación para la Economía de la IA, coordinando al Estado, las empresas, las universidades, la UTU, la UTEC, el INEFOP y los sindicatos.

El primer paso debería ser identificar, sector por sector, qué ocupaciones probablemente crecerán, cuáles cambiarán y cuáles tendrán mayor riesgo de automatización. A partir de ese diagnóstico, deberían diseñarse trayectorias de formación concretas.

No se trataría de convertir a toda la población en programadores. La oportunidad está también en formar personas que sepan aplicar la IA a una profesión o actividad existente: salud e IA, administración e IA, industria e IA, comercio e IA, educación e IA, agro e IA, derecho e IA, turismo e IA, entre otras áreas.

También sería importante crear un sistema de micro credenciales reconocidas, que permitiera a una persona adquirir competencias específicas en meses y acumularlas a lo largo de su carrera, en lugar de depender exclusivamente de carreras universitarias de varios años.

Debería medirse anualmente qué nuevas ocupaciones están apareciendo, qué habilidades están demandando las empresas y cuántas personas están siendo capacitadas para ellas.

La discusión sobre inteligencia artificial no debería limitarse a cuánto podemos automatizar.

La verdadera pregunta es qué creemos que puedan hacer los uruguayos gracias a la IA y qué tenemos que enseñarles hoy para que estén preparados para hacerlo.

Uno esperaría que estos temas estuvieran sobre la mesa del próximo Consejo de ministros para empezar a actuar con celeridad y mostrarle a la ciudadanía que se están ocupando de lo trascendente y dejando atrás la era de las banalidades.

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