Política Internacional

Agentes, fantasmas, y desinformación

Lorenzo Aguirre

Desde 2022, Rusia intensificó operaciones contra Europa, siendo más de 250 altercados de sabotaje, espionaje, interferencia en elecciones presidenciales en varios países, y un fatigoso juego de desinformación. Ha buscado costos bajos en la partida de ajedrez, pero erosionando lo más posible recursos financieros militares y capital político de amigos de Ucrania, más allá que, lo narrado, viene acompañado en cuanto drenar aspectos sociales. Hasta el momento, el Kremlin mapeó rutas de desplazamiento de armamento, identificación de vulnerabilidad en algunos puntos de Ucrania, pautó cerca de 60 incidentes en Alemania, y Reino Unido fue vigilado a través de dispositivos subacuáticos. Por otro lado, en Francia, el informe señala un aumento – disparado un 200% – en cuanto a “trastornos menores”, coordinados durante los “Juegos Olímpicos de París”, y comicios en el “Parlamento Europeo”.   

Como si fuera poco, Moscú puso en movimiento los llamados “agentes basura” – con antecedentes criminales -, reclutados minuciosamente a través de redes y llevando adelante “misiones de limpieza”.

El aperitivo de referencia sirvió para que, el plato principal tuviera como protagonistas, violaciones del espacio aéreo en Francia – cazas rusos MI G 31 -. y sobre Reino Unido reconocimiento de cables submarinos para recuperar dispositivos.

El Kremlin, a través de la llamada “organización fantasma”, gastó fortunas en campañas mediáticas, manipulación política, y debilitar más de 30 países occidentales, mientras la “Unidad de Inteligencia Rusa” se dedicó a desinformar, mutilar despachos noticiosos, y crear falsas narrativas gracias a 100 agentes de “alta gama” con mentes de manicomios circulando en países sudamericanos y África – República Centroafricana funciona como “plataforma estratégica” -, para promover intereses de Moscú.

Por supuesto, para hacer perder el control, quebrantar autoridades y potenciar a otras, financiaron medios de comunicación y subcontrataron – o “estimularon” – a periodistas, además de hacer “resplandecer” a pseudos comunicadores – elegidos según asesoramiento de gremios comunistas en varios países, incluyendo obviamente latinoamericanos – que, día a día, prostituyen la profesión. Estos “reporteros” tienen como prioridad llevar adelante despliegues de pancartas contra Kiev – recibiendo a cambio un miserable puñado de monedas -, y en países como Argentina no solo manipular información, sino delatar a colegas que no comulgan con el “paraíso”, bloquearlos y borrarlos del mapa.

Para el siniestro y asesino de la “KGB”, Vladímir Putin, la situación económica de Rusia estaba en segundo orden, primando el conflicto bélico contra Ucrania, porque, la invasión, era una verdadera revancha por la aplastante derrota sufrida en la “Guerra Fría”, la cual mutilara ambiciones imperialistas y provocara pérdida de soberanía sobre países que reflotaron de la destrucción de la URSS. Ahora, el “Bond” ruso modificó sus opciones respecto a negociaciones internacionales, para, en cierta forma, flexibilizar el “tratamiento” armado, pues ha llegado la “colisión Irán”.

Por lo expresado, los precios del petróleo fluctúan día tras día, el presidente Donald Trump se pasa de raya en casi todos los países, y la perspectiva de terminar de una vez por todas la guerra en Ucrania, se esfuma.

En febrero pasado el ayatolá Alí Jameneí fue asesinado en un ataque conjunto de Estados Unidos, e Israel, y apenas 48 horas después el precio del crudo se fue por los aires, haciendo que, Vladímir Putin, vendedor de barriles a la módica suma de 24 dólares americanos, ahora lo impusiera por encima de 100 billetes verdes, y 72 horas más tarde Donald Trump levantara las sanciones al petróleo ruso.

Como si fuera poco, el presidente estadounidense entró como por arte de magia en conflicto con la “Organización del Tratado del Atlántico Norte” (“OTAN”), pues se encontraba quisquilloso porque la entidad de referencia se negó a enviar barcos al Estrecho de Ormuz.

El acontecimiento provoca desestabilización en la política de Trump – en consecuencia, se debilita el “Partido Republicano” -, y pasará “el tiempo de Donald”, arribando al sillón de la Casa Blanca alguien con perfil más simpático – o menos distante – hacia Rusia.

Según la nueva política del Kremlin se incorporaron socios como, Irán, Birmania, y talibanes, buscando “adecuar” la elaboración de estrategias y nuevas acciones donde en política exterior se ponga en movimiento aquella maléfica poción soviética para una amplitud de salida al Océano Índico. También, entre otras cosillas, poner un poquito más cerca el ojo en Finlandia, pese, a que, el país nórdico, adhiriera a la “Organización del Tratado del Atlántico Norte” cuando la invasión a Ucrania, teniendo presente que comparte más de mil trescientos quilómetros de frontera con Rusia.

Pero, bueno, para Putin, “el Zar no se apoderaba … ¡recuperaba lo propio!”, célebre frase que, el alocado Vladímir, complementara con: “ahora, es nuestra responsabilidad retomar y fortalecer”.

Sería oportuno recordar que, Pedro “El Grande” quería controlar el Mar Negro, y para eso debía expulsar a los tártaros; entonces, mediante un acuerdo con Polonia – que cedía Kiev, a Rusia -, lucharía contra Crimea, y el sultán otomano.

Los tiempos cambiaron, pero los psicópatas siguen teniendo las mismas “virtudes”, y a esta altura no podemos tener duda que, Putin, es uno de ellos.

El gobierno finlandés pone énfasis en endurecer las acciones contra Rusia, y cuenta con el respaldo de “Países del Norte de Europa”, mientras por otro lado el bravucón Donald Trump continúa con su “mantra” de  hegemonía mundial – más allá de importarle “un bledo” (al decir de Clark Gable, en “Lo que el viento se llevó”) esa franja de naciones, especialmente Dinamarca, a la cual le arroja mala cara por su soberanía respecto a la desolada y hasta ayer “olvidada” Groenlandia – aunque liderar un universo de atardeceres plomizos sea una estupidez que lleve a secuencias emocionales moralmente incómodas, y su rostro hormigonado termine incluido en el “dossier” de fanáticos, locos no amarrados, y cretinos a tiempo completo.

De todas maneras, a Donald Trump, algunos lo tratan de pontificar.

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