Emergencia social en seguridad pública
Zósimo Nogueira
Como revertir la situación. Quien esté al frente del Gobierno debe asumir su responsabilidad y elaborar planes estratégicos. Nada de mesas de diálogo previas y propuestas de la oposición. Conocidas las medidas y puestas en práctica solo ahí han de salir la oposición política y los diferentes actores de la sociedad, a visualizar errores y aportar ideas para solucionarlos. Criticas con fundamento. Las autoridades gobernantes a cargo de la gestión lo consideran, realizan correcciones, o siguen con lo programado. Sin desconocer la necesidad de enlaces y circuitos de coordinación se deben delimitar áreas y jurisdicciones de responsabilidad.
Cada Institución ha de actuar en su ámbito de responsabilidad, esto permite evaluar e identificar bondades u errores de gestión. Profesionalismo. El gestor que no anda se remplaza.
Temas prioritarios que han de estar en la agenda de cualquier gestor, a ellos les cabe la forma.
Desalojo de espacios urbanos colonizados por marginales y personas con problema de salud mental.
Clasificación y derivación para realojos. No todos en la misma bolsa.
Criminales, personas en pobreza extrema, con problemas mentales por causa de adicciones y por otras causas. Enfermos y marginales.
Hay que extraerlos del habitad en que se encuentran, ver sus potencialidades laborales y ofrecer soluciones no onerosas de aplicación inmediata.
Ofrecer oportunidades de respuesta inmediata o encaminar hacia metas disciplinarias con menos bondades.
Sin llegar al premio y castigo; pero si, al premio o nada.
Nada de sueños liricos de enseñanza laboral académica.
Salvo minusválidos todos han desarrollado alguna actividad, por más precaria que haya sido, a esas habilidades hay que potenciarlas.
Se aprende trabajando. Los tiempos y las urgencias de gente grande son otras de la que necesitan niños y adolescentes.
Combate al narco tráfico desde la raíz, en los dos extremos.
El del proveedor y del consumidor. Sin uno, no existe el otro.
Es simple, solo hay que actuar con más firmeza y menos sutileza.
La liberación del consumo de marihuana le dio tranquilidad a unos pocos e incentivo a muchos por disminuir el sentido de riesgo en especial en la adolescencia que quiere probar lo nuevo y novedoso.
Lo hicimos todos, con el cigarro y un vaso de cerveza.
Si está autorizado no es malo, la percepción del riesgo cayo.
La marihuana como símbolo de paz y libertad cambia valores, no mide consecuencias. “Las drogas no son malas” los consumidores no son malos. La cultura del daño personal y de priorizar libertad sobre restricción.
Sus defensores nada dicen y tratan de minimizar el gran daño social que ha generado la despenalización del consumo. Otro eslabón de la agenda 2030 y la cultura Woke.
Estamos en Uruguay. Es un problema de esta y de las nuevas generaciones
Hay una gran afectación de la propiedad privada, los límites de lo legal y correcto se desdibujan, en una convivencia cargada de violencia con el fenómeno narcotráfico.
Montevideo es el centro pero el problema de inseguridad y los malos relacionamientos abarcan a todo el país, con puntos críticos de frontera y lugares de embarque. Movilidad de gente, de productos y de capitales.
La primera línea de combate a estas afectaciones de la propiedad ciudadana, pública o privada y la comercialización de drogas prohibidas es de absoluta responsabilidad de la policía, como órgano coactivo del Estado.
Su estructura fue modificada por los gobiernos del Frente Amplio.
Buenas intenciones de unos y solapadas maquinaciones de otros. Copias de mala calidad en modificaciones procesales y formas de organización de los organismos de seguridad. Invasión de competencias como soluciones rimbombantes que solo tienen efecto visual.
En el tema drogas de producción foránea, la policía, migraciones y aduanas son las autoridades de frontera que deben intervenir y estar en permanente aggiornamiento.
La injerencia de otros organismos son meros parches que deben desestimarse, deben mantenerse fieles a su rol de creación y ámbitos de especialidad.
Caso de las Fuerzas armadas y organismos de inteligencia estratégica.
El Ministerio del interior debe tener claro que es un órgano político, rector de los mandos policiales, pero no es la policía en si mismo que tiene formación y mandos profesionales.
La Policía requiere modificaciones; estructural y territorial, compartimentando espacios o jurisdicciones de responsabilidad, promoviendo una formación académica y carrera profesional exenta de favoritismos políticos.
Esto implica presencia y conocimiento exhaustivo del territorio y su movilidad. Menos pasividad y más rapidez de actuación.
Con la liberación de espacios por extracción de ocupantes precarios y reducción de tráfico y venta de drogas prohibidas mejorara sustancialmente la seguridad, pero no basta.
Es imperioso reducir la violencia y los conflictos que la generan. El termómetro no es la cantidad de homicidios.
Es un indicador importante pero no todo se resume a estadísticas, cifras y prototipos diseñados por tal o cual visión de criminalización social.
El impulso a la justicia por mano propia debe ser desestimulado.
No puede haber condescendencia para con quienes se arrogan potestades de venganza y reparaciones cual el código de Hammurabi in extremis. La ley del talión.
Buscan adhesiones y aplausos a sus desvaríos, justificándose en padecimientos lejanos. La justicia no puede ser permeable a ese tipo de manipulaciones y atrocidades por presión de apariciones mediáticas en prensa y medios de difusión masiva.
El otro ítem de imperiosa atención, es el carcelario. Sin cercenar libertades convencionales debe romperse o retardar la interrelación y conocimiento de lo que ocurre en estas y fuera de estas.
Eso es determinante de la ola de ajusticiamientos y venganzas entre grupos criminales o vinculados a estos.
Los delincuentes de adentro del sistema carcelario y de afuera son los mismos y siempre actúan coordinados.
Hay que romper vínculos, desorientar. Cárceles reales, contenedoras, pero también protectoras. Con priorización de objetivos.
Privación de libertad, cumplimiento de la sentencia, de las normas y reglamentos internos, protección de vida, salud, alimentos, asistencia jurídica, derecho a recreos y visitas, etc.
El sistema carcelario también necesita de definiciones y de una carrera profesión del policía penitenciario, o guardia cárceles como se resuelva denominar.
Si continúan o no en la órbita del Ministerio del Interior, si pasa a depender de otra cartera o se crea un Servicio Descentralizado no varía en nada.
Debe tener una estructura jerárquica y un régimen disciplinario severo.
La convivencia con el recluso es difícil, consume mucha cabeza, genera vínculos afectivos buenos y malos, de respecto y de miedo.
De piedad y odio. En estos días se hablaron de dos cosas muy importantes. De hacer tareas de inteligencia en cárceles. No hay que exponer a los funcionarios del sistema carcelario, esas tareas la deben realizar los organismos especializados.
Basta con el acceso a información de encauzados, liberados y visitas.
Lo otro, se habla de designar como Comisionado Parlamentario al Dr. Daniel Radio, hasta poco a cargo de la regulación de la marihuana y promotor de habilitar nuevas cepas con mayor graduación de thc con el fundamento de “mayor pegue”
No comparto, será buena persona; pero para esta tarea sus credenciales no son las mejores.
Seguramente impulsara la regulación del consumo en la interna carcelaria.
Que panorama. Presos “macoñeros”, guardia cárceles y operadores penitenciarios “macoñeros”.
Quiérase o no, la marihuana o Cannabis es una droga y su consumo produce adicción.
Así está el mundo amigos, decía Jorge Traverso. Así está Uruguay.