Editorial

La renta básica y los jornales solidarios

César García Acosta

Cada época demandó de sus gobernantes la capacidad de mirar la realidad tal cual es. Ni buena ni mala debería ser la percepción de los hechos de la vida cotidiana, sino simplemente la consecuencia de una realidad. Lo importante es saber que nada es permanente y que el constante cambio de las variables de la vida, sean comerciales, informativas, de desarrollo del capital o de la solidaridad social, deben someterse sin miedo al constante ajuste y aggiornamiento de las reglas de la convivencia social pacífica. La bronca contra el pobre y la crítica sin aportar soluciones, son parte de lo mismo y es un mal síntoma. Radicalizarse y no entender qué pasará cuando los presos accedan a su libertad, después de cumplida una pena, es una hipocresía idéntica a la que profesan los que dicen estar dispuestos a perdonar años de cárcel si cuando se sale del presidio se asegura «portarse bien». No pasa por ahí ni el debate ni la realidad. Las rejas que limitan al recluído quizá afectan menos a la sociedad que las rejas de muchos que estánen el pleno ejercicio de sus libertades.

Los partidos políticos no son ajenos a este contexto. Por eso la importancia de debatir y tener ideas diferentes. Quizá una solución intermedia para muchos podría ser la solución real a los problemas de todos. Tareas como levantar la basura, construir viviendas, refaccionar veredas, arreglar una plaza o atender un cementerio, podrían ser la clave de la demanda social que hpy tenemos. Este esquema incluye al mercado como eje, y será él –y no otro- quien determinará los precios de los bienes y servicios. Más allá o más acá de nuestra percepción sobre las posibilidades de acceder a ellos, es el mercado quien dirá «sí» o «no» a la satisfacción de nuestras necesidades básicas.

En varias ediciones mediante artículos de columnistas especializados, OPINAR incursionó en el tema de la renta básica universal. Este concepto no es nuevo, y llevarlo a la práctica requiere de ejemplos como el de Finlandia que, sin ajustarse a la idiosincrasia uruguaya, no obligan a reflexión y al cambio de paradigmas.

La realidad, que es más fuerte que cualquier intención; impone redefinir la cohabitación social del Uruguay. La grieta, ya es un hecho, y la izquierda ni los demás han sabido encontrarle una alternativa.

Tiempo atrás, sobre este tema de la renta básica universal, el economista Ignacio Munyo, aunque escéptico se animó y tiró unos números, dibujo alguna idea, y dejó en el imaginario social que la renta básica debe ser estudiada para analizar si puede ser adaptada en un país con sistema de seguridad social fracasado, una sociedad envejecida, con la canasta familiar regional más cara y con el estilo de vida más desajustado en relación de los ingresos y egresos que se perciben per cápita.

Esto más que una opinión, fue una sentencia.

Sinceramente no he escuchado en el Partido Colorado animarse a innovar como sí lo hizo José Batlle y Ordóñez en el siglo pasado cuando se animó a imaginar transformar al Estado para fuera el motor de una sociedad durante los 50 años siguientes.

Hoy hay que reflexionar cómo se puede salir de la crisis del descreimiento, y empezar por analizar –con las más amplias de las visiones- la posibilidad del sostener al Estado, sin agregarle más costos, una racionalidad que hoy no tiene.

En lo personal me resisto a reeditar la discusión de las ONGs para contratar mano de obra procedente de personas con bajos recursos, incorporándolas transitoriamente al Estado en una política laboral que apunte a los más débiles del país. El ejemplo de programas como Uruguay Impulsa o Jornales Solidarios, reforzados y estructurados para generar hábitos de trabajo, es un nicho laboral claro, con una institucionalidad racional probada.

Esa debe ser nuestra Renta Básica, y a nivel presupuestal esta financiada. Lo que hay quw asumir es que el Estado debe resignar cobrar aportes, y que los derechos a una futura jubilación para quien ingrese a estos planes, deben ser muy diferente que el que tiene quien desempeña una actividad laboral regular.

Si esto es posible de hacerse, la pregunta que debemos respondernos es: ¿si el programa Jornales Solidarios que tiene como eje a las intendencias, demostró ser un nicho posible para dar trabajo a los más necesitados, mejorando las prestaciones de las intendencias, porqué el Parlamento decidió censurar a los intendentes dictando una ley para recortarles los ingresos a un Estado al que no le habían aportado los mayores ingresos?

La respuesta es clara. La búsqueda del dominio territorial por parte de los sectores montevideanos de los partidos políticos es un hecho, por eso extinguir el ánimo ha sido una estrategia que ha dejado fuera de la escena a político de fuerte arraigo popular.

Nadie ha podido contra el interés político del mundillo del poder, y es lo hemos visto también en el Frente Amplio proponiendo obras faraónicas cuando la gente apenas necesita la certeza de algunos jornales mensuales. Seguramente, si tanto en lo público como en lo privado, se asume la resignación de algunos fondos fiscales, como los aportes excesivos al BPS, la solución puea estar al alcance de la imaginación posible.

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