Política Internacional

¿Qué esperar en tiempos

 de crisis moral?

Lorenzo Aguirre

Que es una verdadera vergüenza, no se pone en duda, porque estas presidenciales peruanas quebrantaron aún más el sentido democrático, toda la estructura respecto a confianza, y demostraron un total ridículo desfilando no solo a lo largo y ancho del país, sino recorriendo el continente. Estos comicios dejaron en evidencia los invalores de uno y otro lado del perfil político en un territorio donde, en una década, ocho protagonistas transitaron con soberbia por el desmejorado sillón presidencial, exhibiendo falta de ética, moral, reflejando “bondades” y realidades de una parte de la población. Una y otra vez las “estrellas” dejaron sobre el tapete un Estado deteriorado, reflejo de sus siniestras mentes, y como broche, el organismo de supervisión electoral permitió 24 horas más tarde, la reanudación de votantes, cuando en forma paralela los despachos de la autoridad que organiza y dirige la consulta popular, “ONPE” – “Oficina Nacional de Procesos Electorales” -, publicaba resultados preliminares, creando, obviamente, panorámicas fragmentadas y con guarismos absurdos.

En efecto, en la secuencia del escrutinio, los porcentajes se volvieron carentes de sentido, y las declaraciones dieron información bastardeada, llegando a la estupidez y ofensa.

A la hora 19.00 del mismo domingo electoral, se manejaron cifras que declaraban la repetida y fatigosa frase “empate técnico entre cuatro candidatos”, cuando en realidad la diferencia entre el primer y cuarto lugar oscilaba en 8 puntos, existiendo incluso hasta 600 mil votos de diferencia, 68% de votantes, más de 2 millones de papeletas en blanco, y casi 1 millón de votos nulos.

A todo lo expresado, gran cantidad de medios de comunicación jugaron con información falsa para incidir hasta último momento en los casi 60 mil votantes frustrados en sus derechos, y a través de esos “conceptos y actitudes democráticas” incluso se empezó una estrategia en la cual no solo se manifestaba quienes pasaban a segunda vuelta, sino hasta se llegó a decir la “necesidad moral” de anular todo el acto eleccionario, dejándolo para el año 2027.

Mientras, también se presionaba hasta reclamar que, en la segunda roda – el próximo domingo 7 de junio – deberían participar los cinco más votados, porque, “hacerlo, rehabilitaba tras el error de impedimento de la instalación de 187 mesas electorales afectando más de 55 mil votantes, aunque, de todas formas, al final de cuentas tampoco comprometía el proceso”.

Asimismo, se señaló: la ley electoral de Perú marca que las elecciones solo pueden ser descalificadas si los votos nulos alcanzan dos tercios del total de sufragios emitidos.

Los disturbios, afloraron de inmediato – por supuesto con perfiles políticos definidos – y la controversia suscitó debates jurídicos donde se llegó a considerar la anulación de resultados, particularmente en la consulta del lunes.

De manera paralela también se expresó: “el número de votantes afectados no alcanza el umbral legal”, mientras el candidato de ultraderecha, Rafael López Aliaga convocaba a un plantón frente al “Jurado Nacional de Elecciones”, para, sin aportar pruebas, denunciar un “fraude en los comicios”, más allá que llamara a la “insurgencia civil”, y señalara que no aceptaría el resultado, incluso si él, llegara a pasar a la segunda rueda.

López Aliaga, ex Alcalde de Lima – perteneciente al partido “Renovación Popular”, de ideología ultraconservadora, anticomunista, antiinmigración, antifeminismo, anti “LGBT”, fundamentalista cristiana -, integrante del “Opus Dei” (“Obra de Dios”), (prelatura de la Iglesia Católica fundada en Madrid por Escrivá de Balaguer, y actualmente dirigida por el sacerdote español Fernando Ocáriz), y practicante de celibato desde los 19 años, quien expresara el fraude de referencia, eliminó el mensaje donde ofrecía 5.800 dólares a los funcionarios electorales que enviaran evidencias a efectos de respaldar sus acusaciones contra el procedimiento electoral, cuando observó que podría quedar fuera de balotaje.

AL CIERRE DE PÁGINA Las elecciones generales de Perú – 35 candidatos – se llevaron a cabo para elegir presidente, vicepresidente, 190 escaños en el Congreso – 60 senadores, 130 diputados -, y 5 bancas en el “Parlamento Andino” – constituido por representantes de Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, y Chile, es el órgano deliberante, consultivo, y de control político en la “Comunidad Andina”, aunque carece de poder legislativo -, para el período 28 de julio 2026 – 28 de julio 2031.

A la hora 02.30 del pasado sábado, cerramos nuestra página de “OPINAR”, para la edición del lunes 20 de abril, quedando frustrados porque a lo largo de la semana, no se llegó a la cuenta final de votos.

En la madrugada expresada, el escrutinio pautaba 93.3%, informando que, hasta el momento, la candidata Keiko Fujimori, de “Fuerza Popular” (posición, derecha, extrema derecha), obtenía 17.06 %, siendo la única que tenía asegurado el pasaje al balotaje. Por su parte, Roberto Sánchez, “Juntos por el Perú” (posición, ultraizquierda), llevaba 12.01%, Rafael López Aliaga, “Renovación Popular” (ultraderecha), 11.93%, Jorge Nieto, “Partido del Buen Gobierno” (posición indefinida… ¿? …. ¡no sé, si reír o llorar!), 11.07%, y Ricardo Belmont, “Partido Cívico Obras” (posición, centro), 10.15%.

En cuanto a votos en blanco y nulos, los despachos de noticias están marcando 16.63%.

De acuerdo a datos de la “Oficina Nacional de Procesos Electorales” (“ONPE”), aproximadamente un 5% de votos han sido impugnados por falta de datos o errores en el llenado de actas. Por lo expresado, esos sufragios serán evaluados por un “Jurado Especial Electoral” antes de ser contabilizados, hecho que, sin lugar a duda, amenaza todavía más la extensión del fatigoso proceso de recuento.

Las misiones de observación electoral pertenecientes a “Unión Europea”, y “Organización de los Estados Americanos” (“OEA”), avalaron la integridad del procedimiento.

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