La necesaria reafirmación batllista

julio 28, 2026

del Partido Colorado

rumbo a la coalición republicana

César García Acosta

ALIANZA PAÍS, del Partido Nacional, reivindicó la necesidad de potenciar al “interior” profundo, pero hizo de modo paradójico al hacerlo en el club Cordón de la ciudad de Montevideo. Asumiendo que para ser gobierno en el 2029 deberían votar dentro del lema de la Coalición Republicana, no ocultaron que el desafío ante la desintegración de los partidos políticos fundacionales, debe hacerlos más competitivos, manteniendo sus rasgos y sus posicionamientos ideológicos, pero reconquistando sus nichos electorales desde un nuevo escenario que los obligará a debe mostrarse creíbles, necesarios, expectantes y competitivos, aunque dentro de una orgánica que los proteja del poder estructural de la izquierda. Como desafío el senador Javier Garcia no dudo en reconocer que la Coalición Republicana es el único instrumento político para competir contra el Frente Amplio.

Aunque con sentido paradójico, la arenga del intendente Miguel Abella encerró una realidad incontrovertible: hay que volver “a recuperar la confianza” y a pensar en la gente del interior, “que es la que le da fuerza al partido”, refiriéndose a los blancos y la virtud de sus gobiernos locales. La dicotomía reiterativa en estos ámbitos de diferenciar la capital del interior del país cambió de carril impregnándose cierta lógica política de la mano del senador Javier García, quien resaltó hasta la posibilidad de ir a las urnas bajo el lema Coalición Republicana, porque, a su entender, es un tema que está en la boca de varios dirigentes blancos. “Déjense de embromar y júntense”, contó que le dice la gente por la calle. Javier García subrayó que “la primera certeza” es que no pueden “votar separados quienes piensan similar”. “Nosotros tenemos la obligación política de hacer todos los esfuerzos y dejarnos de embromar para votar unidos quienes tenemos que votar unidos”.

A nivel internacional las alianzas políticas tipo coalición de gobierno son la norma en los sistemas parlamentarios, donde ningún partido suele alcanzar la mayoría absoluta por sí solo. Estas uniones requieren que partidos con distintas ideologías negocien ministerios y programas comunes para poder gobernar.

El Partido Colorado que fue fundado el 19 de septiembre de 1836, desde sus orígenes tiene y mantiene diferencias ideológicas con los blancos. Figuras como Fructuoso Rivera y los sucesos de la Batalla de Carpintería, son ejemplos de esas diferencias políticas que se mantuvieron durante años.

Precisamente fue en la Batalla de Carpintería es que nacen las divisas. La Evolución ideológica ocurre hacia finales del siglo XIX y durante el siglo XX, consolidando su evolución al impulso del batllismo liderado por José Batlle y Ordóñez, que fue cuando se transformó en el partido que gobernó durante más tiempo la historia moderna de Uruguay.

En esta columna ni es mi intención ni tendría sentido profundizar en las diferencias entre blancos y colorados, porque esa mirada, lejos de construir, destruiría, y todos saben que, si el fin es “armar” gobierno tal y como lo hacen las sociedades más avanzadas en la actualidad,  el objetivo debe ser fomentar las ideas básicas bien resueltas, para lo cual hay que poner de manifiesto un espíritu abiertamente transformador y coalicionista que viabilice y garantice las transformaciones que se necesitan en el país. Para esto se necesita un parlamento potenciado que no puede perder bancas por mantener formatos políticos anacrónicos para los intereses buscados.

Conviene ante el desafío planteado por el senador Javier García, cargado de una necesaria lógica republicana, asumir que, si el camino no es el que anunció, sin importar en cuántas cosas más erre el presidente Yamandú Orsi, no alcanzará para que un personaje impuesto se apodere de manejo político de un partido que relegó a su comité de base por figuras de la televisión con el solo fin de construir imaginarios a modo de candidaturas.

En esta primera columna sobre las coaliciones, vamos a citar algunos ejemplos que sirven como insumo de valoración para no dilatar más una realidad que nadie está en condiciones de alterar.

ALEMANIA (COALICIÓN DE SEMÁFORO Y GRANDES COALICIONES) Alemania es el ejemplo clásico de cultura de coalición, donde tradicionalmente se les asignan nombres según los colores representativos de los partidos: La Coalición Semáforo: Alianza conformada por el Partido Socialdemócrata o SPD (rojo), el Partido Democrático Libre o FDP (amarillo) y Alianza 90/Los Verdes (verde), y la Gran Coalición (GroKo), que es un pacto histórico recurrente entre los dos partidos mayoritarios y rivales tradicionales: la Unión Demócrata Cristiana o CDU (centro-derecha) y el SPD (centro-izquierda).

ITALIA (COALICIONES DE DERECHA MULTIPARTIDISTAS) El sistema italiano genera frecuentemente alianzas muy amplias debido a su fragmentación política. Un ejemplo destacado es su ejecutivo liderado por Hermanos de Italia (derecha conservadora), gobernando en una coalición sólida junto a la Liga (populismo de derecha) y Forza Italia (centro-derecha liberal).

DINAMARCA (COALICIÓN CRUZADA DE CENTRO) Bajo el liderazgo de la primera ministra Mette Frederiksen, Dinamarca rompió el bloque tradicional izquierda-derecha para formar un gobierno de centro: tuvo una alianza que unió a los Socialdemócratas (centro-izquierda) con sus rivales históricos del partido Venstre (Liberales de centro-derecha) y los Moderados. El objetivo de estas formas de gobierno se estructuró estratégicamente para dar estabilidad al país frente a desafíos geopolíticos actuales en el Ártico y reformas de seguridad.

PAÍSES BAJOS (COALICIONES DE GEOMETRÍA VARIABLE) Los Países Bajos están habituados a negociaciones multilaterales sumamente complejas que toman meses. Tras reconfiguraciones en su Parlamento, operan mediante coaliciones diversas, como el ejecutivo liderado por los Demócratas 66 (D66, liberales progresistas), en conjunto con la Llamada Demócrata Cristiana (CDA) y el Partido Popular por la Libertad y la Democracia (VVD).

SUIZA (LA «FÓRMULA MÁGICA») Suiza posee el modelo de coalición más estable del mundo. Desde 1959 aplica la Zauberformel (Fórmula Mágica), un acuerdo tácito donde los cuatro partidos políticos más grandes del Parlamento se reparten de forma fija los 7 asientos del Consejo Federal Ejecutivo, garantizando un gobierno de consenso permanente sin importar los vaivenes electorales.

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