La inseguridad que campea y profundiza desigualdades

agosto 17, 2026

Zósimo Nogueira

CANTONES Y GÜETOS, La Isla de la Fantasía para unos y la tenebrosa realidad de calles inseguras para muchos. Sol, luminarias y verde para unos y gris y sombra para otros. Protección y cobijo placentero y su contracara. La incertidumbre de sortear caminos para salir o retornar al hogar. Cuidando tiempos de exposición en la soledad de una parada de bus. Se vive en una encrucijada, Juan pueblo demanda por mayor presencia policial, pero teme por los excesos.  Y por lo otro. Malvivientes que simulan ser policías para asaltar. Triste recuerdo de épocas pasadas con protagonistas que escribieron historia y hoy militan en el sistema político. Y aquí la disyuntiva; tolerancia o mano dura. Ni una ni otra es suficiente para armonizar convivencia y libertad. Se dice que la inseguridad es una herencia de mucho tiempo atrás.

Falso, éramos ejemplo, ahora nuestros seguidores intentan aleccionarnos.

Esta debacle es el resultado de malas políticas; asistencias, y protecciones de segmentos y grupos de la sociedad bajo rótulos de injusticia social.

Hay pérdida de visión integral, se mira más lo individual y grupal.

La ideología de género, por ejemplo, con sus legítimas reivindicaciones.

Se instrumentaron mecanismos de protección que recortaron la atención de problemas generales de toda la comunidad.

La manta de protección de la sociedad es la misma y si se tira más de un lado se desprotege otro.

La policía no puede abocarse a tareas de seguridad individual rutinariamente, tiene alto costo y los retira de lo esencial el orden público. Se afecto la capacidad de respuesta a las demás demandas ciudadanas, y en especial a la prevención y patrullaje.

Ha faltado visión y decisión. Tan difícil es contar con edificios para una protección colectiva. Menor riesgo para protegidos y protectores, facilitando atención en otros ordenes como el sicológico, educativo, social, legal con aporte profesionales coordinado.

Quién no lo quiera, que se pague seguridad privada, que se refugie en su familia, colectividad laboral o amigas. O asuma riesgos.

La tecnología de localizadores, sensores y cámaras les da una considerable protección. Quién está en riesgo debe estar alerta.

Las drogas y la salud mental.  Vivimos una época con mayor densidad de personas con problemas mentales y en lugar de adecuar los centros de alojamiento optaron por una política de cierre de las colonias.

Sabemos que ese incremento poblacional se sustenta en el consumo de drogas, y en el stress de comunidades enteras por la tensión y miedo que viven por inseguridad.

Un cambio de políticas que no mejoro ni redujo los problemas de salud mental.

A los enfermos siempre se los aisló, así se combatieron todas las epidemias. La insania mental no contagia, pero contamina. Se justifica consumo problemático de sustancias en inequidades sociales.

Y muchos planes del mides a los que debemos sumar la asistencia económica a escolares sostiene conductas de vagancia y poco interés en el trabajo al sopesar costos y beneficios.

Mas valen esos pocos $$$$ seguros a madrugadas, esperas de ómnibus, esfuerzo físico y mental. Gente con baja preparación y escasas habilidades. Sumado a que al regresar a casa lo poco que posee le haya sido robado.

Aquí hay todo un trasfondo político en busca del voto.

Mantener o reducir ese núcleo de beneficiarios mueve la balanza. Hasta cuando el Estado puede asistir a gente improductiva y dar una cobertura pensionaria disfrazada. Varios países de Europa se hunden en la incertidumbre económica sosteniendo prestaciones con retorno negativo 

La seguridad pública es esencial para el desarrollo humano en democracia, hay que frenar el crimen y el delito.

Para bien de toda la comunidad. El Uruguay no puede resignar su rica tradición democrática acentuando grietas.

Las luces para ricos y adinerados en sus barrios privados, con vehículos de alta gama, colegios selectos, servicios de salud exclusivos, cohabitando e interrelacionando con sus iguales “protegidos” con seguridad privada.   

Barrios caratulados de zona roja, balaceras y planes de incursiones con vehículos blindados, gente encerrada que se arroja al suelo o se cubre con las paredes más gruesas cuando oye balaceras y no saben de dónde vienen los tiros.

Y para los demás, trabajadores, jubilados, estudiantes, el transitar también inseguro por el ocasional pero previsible enfrentamiento entre criminales, o entre estos y las fuerzas del orden.

¿Cómo se arregla? Aprisionando y amontonando gente en esas cárceles insalubres y tenebrosas o enviándolos a sus casas con una declaración de arrepentimiento.

Con estas faltas de respuesta seguimos Sorteando cartones y consumidores que comparten pacifica y/o violentamente pipas con basta base. Que acosan o insultan a quien los mire. Que les roban o cobran peajes.

Que ocultan y portan armas blancas que exhiben amenazadoramente y en muchos casos agreden, lastiman y matan.

Seguridad para ricos, inseguridad para los más desposeídos e incertidumbre para los demás.

Toda esta situación se ha generalizado con mayor intensidad en los gobiernos que se tildan de izquierda, nuestra realidad es un ejemplo.

La alarma pública y desorientación trae al escenario ejemplos de otras realidades, aplicados en sociedades que poco conocen de una democracia como la nuestra.

Lo de Bukele este cimentado en el atropello, limitando derechos individuales; con mucho de Nicaragua, Cuba o Venezuela. Allí al disidente se lo rotula de delincuente.

Aquí también se ha cometido injusticias con legislaciones ideologizadas, incumpliendo normas elementales del debido proceso.

Una norma habilita injusticias con sus juicios abreviados es el CPP que como dijera Bordaberry debería ser derogado.

Lo promisorio. El cambio político de Sudamérica con un vuelco hacia el liberalismo, Prometen combate feroz al crimen organizado.

Algunos con inclinación a la militarización como muchos de nuestros legisladores, pero otros son más cautos. Saben de los atropellos que vivieron.

Militarización hubo y hay en Cuba, Venezuela y Nicaragua y acá se insiste con el desarme de la población civil, como ocurre en esos países.

Las dictaduras no son buenas, se inician con buenas propuestas, pero se perpetúan en el poder. Acá, posiblemente se recuerden cosas buenas que también las hubo. No quiero nuevas experiencias absolutistas.

Lo mejor propuesta. José Antonio KAST presidente de Chile presentando su plan para mejorar la seguridad de de su país dice que “vivir sin miedo” es un derecho humano y proteger a las personas una obligación del Estado.

Pertenecer a una organización criminal por si solo será considerado delito.

El policía que actué en legítima defensa suya o de un tercero no va a ser tratado como un delincuente.

Quien reclute a un niño para que dispare, trasporte droga o vigile una esquina va a ser castigado por la ley.

Se va a ampliar la retención migratoria ilegal y capacidad de expulsión efectiva.

Se va a ampliar el plazo de flagrancia de 12 a 24 horas.

La añeja detención en averiguación que habilitaba el Código de Instrucción Criminal. Todos dicen que para mejorar la seguridad hay que renunciar a algunos derechos. Simplemente con estas dos últimas medidas se empodera eficazmente a la policía y a los organismos de seguridad, se da un gran golpe a la inseguridad.

Ojala que nuestros políticos lo consideren y resuelvan democráticamente el camino a seguir.

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