Marcelo Gioscia
Si bien puede argumentarse que las encuestas de opinión, solo son una fotografía del momento en que se realizan, el porcentaje de desaprobación que ha quedado de manifiesto en lo que ha transcurrido de este período de gobierno (de cara a la aprobación de la Rendición de Cuentas prevista por nuestro ordenamiento jurídico) muestra un elevado descontento de la población –incluso también entre sus partidarios y aquellos que apoyaron su triunfo en la segunda vuelta- lo que deja al desnudo la gran distancia que existe entre las estadísticas y la realidad.
Pues la gran mayoría de quienes habitamos este territorio, con cierto grado de información (y que aún conservamos un espíritu crítico) advertimos esa circunstancia, en la medida que contribuimos con nuestros aportes impositivos a una estructura estatal y de seguridad social, que resulta tan costosa como en muchos casos, ineficiente.
Sin pretender enumerar todas y cada una de las áreas donde se perciben esas realidades, mencionaremos algunas de ellas, las que con seguridad no lograrán “pasar” el trámite de esa instancia de contralor parlamentario, sin las observaciones de rigor de la oposición.
El voto “conforme” surgirá de las manos enyesadas de los legisladores oficialistas, los que en su mayoría sostienen el “relato estadístico” y no la realidad.
El aumento dispuesto de las contribuciones para “disminuir la pobreza infantil”, es una de esas áreas donde se asignan importantes recursos del Erario, sin que los montos a distribuirse lleguen a cumplir la intención manifiesta, ya que sólo en la estadística, pero no en la realidad se “revierte” la situación de esos niños que, por esa retribución sin contraprestación, “salen de la línea de pobreza”.
Obsérvese que, el entorno de pobreza en el que viven, no se modifica, ni la situación de sus padres, llega a cambiar en la realidad, al no generarse un ingreso genuino y sostenido en el tiempo, lo que a la postre, sí implicaría una mayor “riqueza”.
Este ejemplo es tal vez el más significativo y a la vez el que puede resultar más preocupante, pues se estaría aumentando el número de “comensales” que esperan recibir del Estado esa contribución.
De esa manera, pueden transformarse en una “clientela de necesitados” generada por una peligrosa demagogia, que luego tratará de obtener tanto su voto como su concurrencia a manifestaciones políticas…como ocurrió en la vecina orilla, hasta que el sistema no dio más. Todo ello muy alejado de la fortaleza de los valores republicanos y democráticos que debieran sustentarse.
Cómo aprobar lo actuado en materia de economía, sus proyecciones y estadísticas, cuando al retocarse las alícuotas, los impuestos han aumentado y con ello la carga tributaria que padecemos.
Tampoco ha sido feliz el desempeño en el área de seguridad pública que a todos nos afecta, como el área de “desarrollo social” donde la realidad, nos muestra en ambas áreas, la inconsistencia de sus planes y el deterioro social que acampa a la intemperie en el pleno centro de nuestra ciudad capital.