Cuiden a la gente: desamparo y omisión de asistencia

septiembre 28, 2026

Zósimo Nogueira         

Miradas lejanas, insensibles; expertos en esquivar lo evidente Desconcierto, inoperancia y negligencia. Dos caras en una misma moneda. La cara linda, iluminada. Se han dado golpes importantes al narcotráfico que recompensan al esfuerzo de los grupos de investigadores. Con tecnología, cruzamiento de información y herramientas legales bien aplicadas. Vigilancias, esfuerzo, coordinación, liderazgo, sagacidad e ingenio. Y algún solapado buchón.  Capturas y allanamientos exitosos con incautaciones importantes. Sin pérdidas de vidas, minimizando riesgos.

Y sin tocar ni violar a la Constitución como tanto se insiste.

Esta parte reconforta. Tiene fortalezas; permite augurar el éxito en la lucha contra el crimen organizado y narcotráfico.

El elogio justo alienta, aunque muchas veces quien más merece permanece en el anonimato; por su seguridad. Seguramente; en su yo interno, se sentirá gratificado.

Es una tarea sensible y de riesgo. Felicitaciones.

La otra cara, la gris con tonalidades de negro. La de inoperancia. La prevención en todas sus escalas está fallando, el anticipo al crimen, al ingreso de la droga.

Somos un país pequeño, sin grandes inconvenientes geográficos, con caminería delineada hacia la capital.

La zona metropolitana concentra más de la mitad de la población del país. Si bien es cierto que hay consumo interno, somos escala y ruta de paso hacia importantes mercados del hemisferio norte.

Solo producimos Cannabis por un lapsus paternalista de Mujica hacia los viciosos de la marihuana. Lo demás es foráneo.

La droga para ingresar ha de traspasar nuestras fronteras y transitar por tierra hacia Montevideo y otras ciudades.

Siempre hará un recorrido terrestre, aunque ingrese por la red fluvial, costera, o por vía aérea.

Así como en el imperio Romano se decía que todos los caminos conducen a Roma.

Acá todos conducen a Montevideo y los desvíos y paradas previas están absolutamente visibles y previsibles.    

Es como lo del abigeato, siempre se transitan por las rutas, nacionales, departamentales o vecinales y terminan en los poblados consumidores.

Con la tecnología de radares, cámaras y drones “una papa”, hay que invertir en tecnología, formar operadores y contar con equipos de respuesta rápida disponibles.

Hasta acá hablamos de eficacia o ineficacia del estado en el control de ingreso, transito y represión de grandes volúmenes de drogas. Lo de las bocas es otro cantar, se cierra una y abren otra. En sus entornos toda esa movida insegura.

Siempre hay aplausos para quien derrota o golpea al crimen; lo mejor sería que nada de esto hubiera ocurrido.

Que no hubiera ingresado droga ni nada ilegal al país.

La legislación sobre esto es clara y necesaria. Es advertencia, es amenaza. Quien trasgreda la ley será castigado

La represión también; la advertencia carece de sentido sin castigo a quien incumpla la norma.

El respecto y cumplimiento de la ley es un fin primario de las democracias.

Qué bueno sería si los humanos no cometieran delitos, pero somos seres imperfectos. Vayamos al asunto.

Calles y espacios copados por esos zombis alucinados, arrastrando sus harapos.  Promiscuidad, hambre y malos olores. Problemas mentales y dependencia a las drogas.

Cuando están al límite, le llega el miedo a una muerte por sobredosis y se arriman a las puertas de un hospital como el Maciel, Pasteur o hospitales departamentales del interior; ocupan camas de emergencia, los medican, alimentan y en un par de días con o sin alta médica retornan a las calles.  

Este comportamiento es cíclico y le sale mucho dinero al Estado.

La vuelta: retorno a la mendicidad compulsiva, a los grupos de consumo, al desvarío, a ocupar espacios ajenos, a someterse a los caprichos de sus proveedores, a peleas callejeras entre ellos y con quien se les cruce estando bajo efectos de las drogas.

Causan daños a propiedades y vehículos. Muchos se dicen y actúan como cuidacoches y cuando algo no les agrada protagonizan las escenas de violencia que se repiten en las redes.

Hay zonas como el centro, cordón, Unión, Paso Molino y las zonas comerciales de los barrios que están absolutamente copadas y generan un ambiente de alta inseguridad, que se incrementa cuando el cierre de los comercios y el cese de las actividades locales.

No se respetan ni las cercanías a las Comisarias, el Ministerio del Interior, la Intendencia de Montevideo, ni la sede del partido de Gobierno.

Ni el entorno de los canales de televisión. Tanta cámara filmando. ¿Para qué? Para utilizarla luego de un crimen, porque de prevención no hablemos.

Dos de los tantos episodios recientes fueron, uno en la avenida 18 de Julio, en un día de semana, muy temprana la noche.  Cuenta en las redes una joven veinteañera, casi adolescente, que al ingresar a un edificio le piden dinero, no tiene.  La acosan y le dicen que, si no lo entrega la van a golpear, y le exigen que traiga dinero. La amenazan con objetos contundentes. Logra ingresar.  Al rato intenta salir y están los esperándola.  Llama a la policía y pide que la socorran, le dicen que como no paso nada no van a ir.

Pasa cierto tiempo y siguen ahí, llama nuevamente y luego de mucho insistir le envían a policías y solo así pudo salir, aunque señalada amenazadoramente por esos marginales.

Los policías le dicen que luego de sacarlos volverán. Ese proceder de acoso es habitual, pero poco denunciado.

Delinquen y desaparecen. El arrebato es otra de sus modalidades en 18 de Julio casi Rio Branco en plena Zona comercial.

Desde diciembre del 2025 a la fecha, tres veces le robaron, ingresaron rompiendo una cortina metálica y se llevaron una cantidad importante de ropa y calzado deportivo de un local de ventas.

A la misma altura, pero por la calle San José pude comprobar que un comercio tiene doble cortinas metálica y alarmas. Es inaudito, lo vi al propietario hacer toda una maniobra para ingresar a su finca.

Los responsables de la mayoría de las tropelías y delitos de estas zonas colonizadas son ese grupo de marginales con problemas de salud mental por efecto de las drogas.

Una cruel y notoria conjunción de violencia y miedos.

Todo esto es el fruto de la ineficiencia en la prevención del delito y en la protección de la ciudadanía, de trabajadores, estudiantes y público en general.  

Que está pasando. Porque tanto temor en actuar con energía y retirar a todo ese conglomerado nefasto que se ha adueñado de espacios ajenos y lugares públicos.

Son personas que no están en sus cabales, deben ser tratados para desprogramar sus adicciones, si voluntariamente no lo quieren deben ser obligados.  El estado debe velar por la salud ciudadana.

La inseguridad está alcanzando niveles nunca vistos.

Pandémico.   

Si no los quieren aprehenderlos y retirarlos, entonces marquen presencia, establezcan recorridas permanentes y visibles. Policías a toda hora. Sr ministro, de garantías.

Cuiden a la gente.

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