Lorenzo Aguirre
Tuvieron lugar en Rusia las “Elecciones Legislativas”, con una participación de 59.3% de ciudadanos (sobre 110 millones de habilitados) para asignar 450 escaños en la “Duma” (Cámara baja del Parlamento – Asamblea Federal). Los comicios, se destacaron por una sistemática obstaculización a observadores, delegaciones con pautas para sistemas de conteo, denegaciones injustificadas a accesos a colegios electorales, y compulsivas citaciones policiales – días antes a la consulta popular – presionando y vulnerando derechos. “Yábloko”, partido político autodenominado socio liberal, de ideología “Tercera Vía – sugiere un sistema económico mixto, reformismo manteniendo una distancia equilibrada entre comunismo y capitalismo -, de posición centro, centro – izquierda, y que fuera la única fuerza opositora a la guerra de Ucrania, no fue autorizada a participar, y muchos políticos de esa fracción fueron encarcelados, mientras, otros, huyeron del país. “Rusia Unida” – conservadurismo, nacionalista, putinismo, de posición derecha, ultraderecha -, logró 57.9 % de votos, llevándose 355 escaños, mientras el “Partido Comunista” – marxismo, leninismo, posición ultraizquierda -, obtuvo 13.6% de papeletas, rescatando 40 asientos en la Asamblea.
El régimen de poder en Rusia se denomina “Democracia Controlada” – traducido al español significa total dominio en manos de Putin, sin sorpresas políticas – y obviamente, es el “Kremlin” – quien ha señalado, “tenemos nuestro propio sistema político, nuestro proceso, y no hay nada que informar” -, que dirigió unas elecciones marcadas nuevamente para tener un Parlamento controlado por “Rusia Unida”, integrado por legisladores del entorno personal del autócrata Vladímir Putin.
Fueron las primeras elecciones parlamentarias celebradas desde la invasión a Ucrania por parte de Rusia, y sin lugar a dudas evidenciaron una erosión democrática con sostenido autoritarismo.
“Rusia Unida”, “alcanzó” – ¡si así se puede denominar! – el mejor resultado de su historia, pero, por supuesto, el “gabinete Putin” intensificó la represión interna, como asimismo transnacional, a efectos de impedir cualquier acción opositora, mientras en forma paralela no solo no autorizó a la “Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa” llevar a cabo legítimas observaciones – privando a ciudadanos, e instituciones, una evaluación imparcial -, sino también dejar sin proceso de fiscalización, los votos electrónicos.
A decir verdad, estos comicios fueron, a la vez, una especie de pulseada, e indicador de aceptación, al mismo tiempo que evaluación respecto al desgaste en el gobierno, y en particular, lo peor de todo, investigar qué región, cumplió, o no, con los lineamientos y órdenes dadas, como asimismo en cuales zonas la propaganda oficialista no pudo enterrar el descontento popular.
La realidad, ha dejado en evidencia que, “Rusia Unida”, mantiene mayoría, un presupuesto militar intocable porque no existe fuerza contraria con la cual hacer pactos, y por último, confianza interior, porque los gobernadores y todo el aparato de poder sigue estando firme, demostrando continuidad en el dominio total.
Para Vladímir Putin, la invasión a Ucrania es una verdadera revancha por su aplastante derrota sufrida en la “Guerra Fría”, la cual mutilara ambiciones imperialistas y provocara pérdida de soberanía sobre países que reflotaron de la destrucción de la “URSS”.
Después de la guerra fría
Una forma de acabar con ese “orden internacional”, consolidado luego de la “Segunda Guerra Mundial” y la “Guerra Fría”, fue justamente disparar esa invasión a Ucrania, creando el principio de un programa llamémosle “neo imperialista”, pretendiendo en buena medida descomponer la relación transatlántica, y transformando la ocupación en un punto de inflexión en el viejo continente, pero, si Rusia, arrasa, la “Organización del Tratado del Atlántico Norte”, y Putin, se encontrarán cara a cara dentro de una proyección desde los Estados bálticos y Polonia, pasando por Rumanía y Bulgaria, mientras Biellorrusia no necesitará ningún tipo de revisionismo pues reafirmará su conversión como satélite de Moscú.
En este movimiento en el tablero de guerra, el ex agente de la “KGB” continúa buscando que se retire el armamento nuclear, “liberar” centros que otrora fueron de la Unión Soviética, y no se estimule a ingresar a la “OTAN”, a países que formaron parte de la vieja “URSS”. A fin de cuentas, si se destruyó el “Pacto de Varsovia” también se debería “poner término a dicha organización”, pues, cuando Yeltsin y Gorbachov tiraron abajo la Unión Soviética, Europa miraba todo de una manera terrorífica, porque, de algún modo, prefería que continuara existiendo.
Si lo expresado es algo gordo y con hipercolesterolemia ancestral, sería bueno recordar que, tanto Mitterrand, como Thatcher, en alguna medida edulcoraron y luego estimularon a Gorbachov para que, el famoso “Muro de Berlín” siguiera imponiendo su energía, su presencia, porque una Alemania extremadamente fuerte, podría llegar a ser majadera para la Unión Europea.
4 años en guerra
Van cuatro años y medio de conflicto Rusia – Ucrania; más de dos mil años de cristianismo poco ha servido para elevar la esencia de los seres, y lo vivido en el último siglo y cuarto deja en la memoria los horrores que, enfermos y putrefactos humanos, son capaces de realizar. No alcanzaron dos guerras mundiales, campos de exterminio, Vietnam, el Golfo, Irak, Afganistán, etc, debían sumar nuevos psiquiátricos de atar para dar el “toque” a este siglo nacido en la fatiga, y vejado.
Rusia, está pasando profundas dificultades de todo tipo, y se encuentra en plena crisis debido a casi un quinquenio de guerra con Ucrania. Mientras, drones enemigos destruyen refinerías rusas de petróleo, la ciudadanía vive atormentada, con nerviosismo permanente, todo amalgamado en una economía deteriorada, aumentos disparados en los impuestos, y endeudamiento.
Aproximadamente 570.000 soldados rusos murieron desde que, Moscú, en febrero de 2022 lanzara su invasión a gran escala – Ucrania, perdió unos 75.000 hombres -, además de 70.000 civiles, alrededor de 2.000 niños, y un despilfarro en gasto militar de 130 mil millones de euros (unos 160 millones en billetes verdes), pero, al mismo tiempo, el psicópata de Putin hace “inversiones planetarias” instalando corredores, plataformas y terminales espaciales, con fines militares.
Alrededor de 880 millones de personas en el mundo, pasan hambre – 1 de cada 10 -, se estima que 2.300 millones enfrentan inseguridad alimentaria grave, 65 millones de niños menores de 5 años padecen desnutrición aguda, y 160 millones, sufren retraso físico y cognitivo.
¿Soy, claro?