César García Acosta
El gobierno dispuso -sin ambages ni arrepentimiento- un aumento en el precio de los combustibles que está marcando el fin de un trimestre con tarifas congeladas. Esta medida se enmarca en la actual política de combustibles de ANCAP y del ministerio de Industria. A partir de ahora se aplicará a rajatabla una estrategia de «amortiguación» frente a la alta volatilidad del mercado internacional. Con el barril de petróleo por encima de los cien dólares, el incremento de ventas de los vehículos eléctricos creció a sus máximos históricos. El ministerio de Economía ante los vaivenes del mercado y por la drástica rebaja de los precios de los vehículos a combustión, y con ello la comercialización de las naftas como factores claves para recaudar impuestos, decidió ponerle fin a las exoneraciones tributarias que apelaban al recambio de la matriz energética. Se prevé que por igual sendero transitarán las patentes cuando el impuesto a la circulación se empareje entre eléctricos y a combustión. El Frente Amplio deberá asumir un cambio radical de los costos tributarios sobre el combustible, debiendo revisar desde las bonificaciones hasta los incentivos. Mientras tanto a un naftero 10 quilómetros de recorrido le costará promedialmente algo más de $ 90, contra un eléctrico que para esa misma distancia demandará unos $ 3.
La actual guerra en Medio Oriente es un constante generador de incertidumbres: el precio del barril de petróleo de referencia p Petróleo Brent, cotiza a 102,25 dólares y el WTI (que es la referencia en EEUU), se sitúa en 91,11 dólares al cierre de la última jornada de mercados.
Las de octubre del 26
A pesar de que el informe de Precio de Paridad de Importación (PPI) de la URSEA que sugería incrementos más drásticos debido a que el petróleo superó los US$ 90 por barril, el Gobierno dictó subas enores a la referencia teórica: fijando para la Nafta Súper 95 un aumentó de 2% (+$1,80), fijándose en $90,45 por litro. La URSEA estimaba que correspondía una suba del 5,5% (+$5). Para el Gasoil 50S el aumentó fue de 7% (+$4,00), quedando en $62,79 por litro. La URSEA calculaba para el gas oil un desfase que requería un incremento del 37% (+$22). Para el supergás (GLP) la política da cuenta que mantendrá sin cambios en $93,56 por kilogramo.
ANCAP y los precios
El modelo actual se basa en reglas específicas orientadas a dar transparencia y sostenibilidad económica al sector:
Mecanismo de Paridad de Importación (PPI): La normativa (Decreto n.° 130/025) establece que los precios locales deben alinearse mensualmente con lo que costaría importar el combustible ya refinado. Esto evita que las tarifas públicas se utilicen con fines puramente recaudatorios.
Cláusula de Excepción por Conflicto: Debido al conflicto bélico en Medio Oriente, el Poder Ejecutivo activó el artículo 5 de la normativa. Esta excepción permite apartarse formalmente de la paridad internacional estricta para proteger el bolsillo de los consumidores y la competitividad productiva cuando ocurren escaladas bruscas en el crudo.
Uso de la «Espalda» Financiera de ANCAP: Durante los meses previos en que los precios internos se mantuvieron congelados, la brecha internacional fue absorbida gracias a los márgenes de refinación extraordinarios y la solidez de la caja de ANCAP. No obstante, las proyecciones financieras para los próximos seis meses determinaron la necesidad de este ajuste técnico moderado para no comprometer las cuentas del ente a mediano plazo.
La historia demuestra que el petróleo no es solo una materia prima, sino el motor geopolítico del mundo moderno. Cada vez que su precio se desestabiliza, la incertidumbre resultante reconfigura la economía global, acelera cambios tecnológicos y redefine las políticas de países importadores como Uruguay.
Podemos trazar tres grandes analogías históricas para entender cómo las crisis del pasado se reflejan en la volatilidad actual:
La Crisis de 1973:
El fin de la energía barata y el nacimiento del PPI
Hasta principios de la década de 1970, el mundo occidental asumía que el petróleo siempre sería abundante y económico. Sin embargo, el embargo de la OPEP durante la guerra de Yom Kipur multiplicó los precios por cuatro casi de la noche a la mañana.
El impacto histórico: Esta crisis inventó la «estanflación» (inflación con estancamiento económico) y obligó a las naciones a buscar la eficiencia energética y fuentes alternativas (como la energía nuclear en Europa).
El reflejo en el presente: Aquella crisis demostró que los países sin petróleo propio son rehenes de la geopolítica. El mecanismo actual de Precio de Paridad de Importación (PPI) en Uruguay es, en el fondo, un hijo tardío de esa vulnerabilidad histórica: una herramienta técnica para transparentar que el costo de encender un motor local se decide, en realidad, a miles de kilómetros de distancia.
La Crisis de 1979:
La pérdida de control y los subsidios estatales
La Revolución Iraní y la posterior guerra Irán-Irak provocaron una nueva escalada destructiva en los precios del crudo entre 1979 y 1980. La incertidumbre no era solo por el costo, sino por el desabastecimiento real.
El impacto histórico: Los gobiernos de todo el mundo intentaron «tapar el sol con la mano» absorbiendo los aumentos mediante subsidios masivos para evitar el descontento social. El resultado a mediano plazo fue un déficit fiscal asfixiante que terminó estallando en las crisis de deuda de los años 80 (la «década perdida» en América Latina).
El reflejo en el presente: La actual política de ANCAP de usar su «espalda financiera» y activar cláusulas de excepción para amortiguar el golpe es un eco directo de este dilema histórico. La gran lección de 1979 es que la amortiguación estatal tiene un límite de tiempo; si el Estado subsidia el combustible por demasiado tiempo, termina quebrando sus propias finanzas. El ajuste actual en Uruguay busca, justamente, evitar ese error histórico.
El Superciclo de los 2000; el crudo a US$ 140 y el Fracking de 2014
Entre 2003 y 2008, el despegue económico de China e India empujó el petróleo a récords históricos cercanos a los US$ 150 por barril. Se hablaba con pánico del Peak Oil (el agotamiento definitivo del petróleo). Sin embargo, la alta incertidumbre estimuló la innovación: nació la revolución del fracking en EE. UU., lo que inundó el mercado y provocó el colapso de precios en 2014.
El impacto histórico: La escasez y el precio alto siempre terminan destruyendo su propia demanda al forzar la aparición de sustitutos tecnológicos.
El reflejo en el presente: Uruguay aprendió esta lección de manera estratégica. La altísima incertidumbre petrolera de los años 2000 fue el catalizador clave para la primera transición energética uruguaya (el cambio radical de su matriz eléctrica hacia la energía eólica, solar y de biomasa). Hoy, ante una nueva escalada por el conflicto en Medio Oriente, el país ya no depende del petróleo para prender las luces, aunque el transporte (nafta y gasoil) siga siendo su último talón de Aquiles.
Reflexión final
La historia enseña que en épocas de incertidumbre petrolera, los gobiernos importadores se enfrentan siempre al mismo dilema pendular: proteger el bolsillo inmediato de los ciudadanos o proteger la salud financiera del Estado.
Las crisis del pasado demostraron que congelar los precios artificialmente de forma indefinida suele terminar en desastre. Por eso, la política contemporánea de ANCAP intenta hacer equilibrio en la cuerda floja: reconoce que Uruguay no puede aislarse de la historia del petróleo, pero busca que los golpes del mercado internacional lleguen a la población en forma de ondas suaves, y no de terremotos.