los partidos,
las personas
y la libertad
César García Acosta
El primer ejercicio que debemos hacer los uruguayos de cara a lo que queda gobierno, es admitir que nos entreveramos con bastante facilidad, y que perdemos de vista que el objetivo principal de la política debe ser el interés general y no la pasión política partidaria. Y que conste que esto nos comprende a todos: a las personas físicas, los empresarios y al Estado. Quien no entienda que el problema no es de comunicación, como alegó el gobierno, no advierte que en realidad el problema es una nítida incompatibilidad social y cultural entre gobernantes y gobernados.
En una entrevista realizada en el canal de streaming La Yunta, el secretario de la presidencia de la República, Alejandro Sánchez, más conocido en el mundillo del MPP como «el Pacha», reconoció que el gobierno está pendiente de las cosas que hace, pero que sabe que sus logros no se conocen ni en los comités de base del Frente Amplio.
Esta lejanía la adjudica a «no tener mayorías parlamentarias», y a una disociación de ideas que se explica por la «lógica binaria» de un Uruguay embretado por un sistema electoral con dos grandes bloques, donde el ballotage crucifica y pone en agonía la esencia de su democracia.
Lo interesante en la entrevista del periodista Gabriel Pereira fue que Sánchez no eludió la responsabilidad del fracaso en la coordinación ni en la adopción de decisiones que debieron ser tomadas a tiempo, porque -en un mundo binario- que alienta a emparejar algunas desprolijidades menores con escándalos de mayores proporciones, la verdad y la mentira se transforman en un rasgo que la actividad política no se merece.
En esta edición de Opinar pretendemos destacar la importancia de las mayorías parlamentarias en un proceso de coaliciones políticas. Todo esto, claro está, y en honor a la verdad, debe leerse tanto hacia adentro de nuestros partidos políticos, como desde el lugar donde la democracia nos haya puesto como opositores, gobernantes o gobernados.
La distorsión social en la que nos encontramos nos está alcanzado a casi todos: es inaudito que mientras el secretario de la Presidencia califica una política de vivienda como el soporte de un proceso de socialización de una franja de la población en riesgo, el ministro del Interior, un connotado es fiscal del crimen, dice sobre ese plan de viviendas un objetivo a largo plazo, sin reparar haber leído las 57 medidas que el Frente Amplio trazó como su programa de gobierno.
Pero los colorados tampoco somos ajenos a este tipo de distorsiones. Por ejemplo, mientras deberíamos ser la fuerza de las ideas, y asistir a la convocatoria que como partido hicimos al presidente de la República para analizar la coyuntura internacional, nos replegamos a la cola de un Partido Nacional radicalizado que se siente agraviado por las criticas parlamentarias a su líder.
Seguramente Lacalle tiene quien lo defienda, y no necesita de los apoyos de una coalición que, por otra parte, aún no se animó a reeditarse. A estas alturas lejos de integrarse como un lema político, quizá sólo puede ser un acuerdo que se definirá después de las elecciones parlamentarias.
El Frente Amplio, ante este mismo escenario, tiene mejores instrumentos. Ellos son una coalición formal que se articula bajo un lema creado con ese fin. Eso le permite mirar todo con otro sesgo: si bien la izquierda se complica bastante entre sus «colchas de retazos», las partes que lo integran resolverán juntos sus votos. Sienten a la coalición Frente Amplio como un instrumento seguro.
Yendo a lo nuestro, en el partido Colorado no podemos más que calificar de liviano y difuso el contexto institucional: los senadores deberían reportar más que al partido, a su gente, y los votantes silenciosos resulta que no conocemos porqué deciden cosas que si explicaran la gente las rechazaría. El no voto de la rendición de cuentas nos distanció de ser mirados como sujetos responsables apegados sólo a nuestra ideología partidaria. Recuerden que tuvimos un programa de gobierno, que no aplica pero que se reivindica.
De lo que escuché de Andrés Ojeda, su idea no es la fusión ni la disolución del partido como muchos dicen, sino competir juntos con otros bajo un lema único (un partido instrumental común) dentro de la Coalición Republicana. Plantea abrir formalmente el debate para que el Partido Colorado, el Nacional y los demás socios comparezcan a las elecciones presidenciales con una sola bandera electoral. La postura de Ojeda tiene por meta que la coalición pueda ganar en primera vuelta. Sostiene que el electorado de la coalición pide unidad y que postergar esta decisión, por miedo o inacción, podría costarles la elección. Asegura que presentarse bajo un lema único no diluye la historia de los partidos. Para justificarlo, utiliza como ejemplo histórico al Frente Amplio, señalando que el Partido Socialista y el Partido Comunista no compiten con su lema propio desde 1958 y no han tenido problemas de identidad partidaria.
Esta posición es la que llaman «fusionista» muchos colorados que, aunque aprecio, debo decir que carece de la realidad necesaria para cambiar la historia. Renovarse no es desaparecer; y negociar no es resignar. Fíjense que ahora Lacalle Pou y Yamandú Orsi son socialdemócratas, y no liberales o marxistas.
Si somos los herederos del «País Modelo», asumamos el legado reformista de Batlle y Ordóñez y mantengamos nuestro programa y espacios ideológicos más allá de los formatos electorales, y no censuremos lo que votante pueda elegir.
Retomando a Alejandro «Pacha» Sánchez, repasemos los ejes de su conversación periodística:
En el caso de la camioneta reconoce que el gobierno ha tenido graves dificultades para instalar sus logros en la agenda pública, quedando muchas veces atrapado en «ruidos» o polémicas mediáticas. Sobre los logros invisibilizados explicó la entrega del bono escolar a 170.000 niños al inicio de clases, la ampliación de comedores en UTU y liceos (con más de 3,5 millones de platos servidos) y el fortalecimiento de becas estudiantiles progresivas para combatir la deserción. Subrayó que este Presupuesto Nacional duplica la inversión en asentamientos irregulares respecto al período anterior, alcanzando los 700 millones de dólares mediante programas como Crece desde el pie y subsidios de alquileres. En materia de seguridad social dijo que el gobierno decidió avanzar con las recomendaciones del Diálogo Social mediante un camino viable que no se desestabilice el financiamiento del país en los mercados. Aunque se mantienen las cuentas personales administradas por las AFAP, se promueve una baja de comisiones y se busca que el cobro de estas esté atado a la rentabilidad real generada. Confirmó el envío de un proyecto de ley para restablecer la causal jubilatoria a los 60 años con 30 de aporte, buscando solucionar la desprotección de aquellos trabajadores que quedan desempleados a edades avanzadas.
Como cierre de este artículo, y apuntando a cuál debería ser el rol del gobierno y de la oposición, más que opinar prefiero citar a Justino Jiménez de Aréchaga en su visión sobre la reforma constitucional de 1917, cuando decía que: «Un sistema de instituciones tiene siempre un alma y un espíritu, y ningún sistema de instituciones funciona bien en cuanto los hombres llamados a ejercer el poder no comprendan con exactitud cuál es el alma de ese sistema.»
Quien no lo entienda debería dejar su lugar al que tenga la energía suficiente para transformar la realidad. Esto cabe tanto para el Gobierno como para el Partido. Para todo lo demás seguramente habrá espacios para escribir o decir sin más límite que la libertad.