David Auris Villegas
Hace dos mil años, un hombre llamado Jesús nos dejó una enseñanza al alcance de todos: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”. Este mensaje es el buen vivir, una forma de convivir en armonía con los demás y con la naturaleza. Si queremos que el ser humano siga habitando la Tierra, enseñemos este mensaje en las escuelas.
Ante la debilidad del sistema educativo, la Reforma Educativa 2026-2031, planteada por el Gobierno de Keiko Fujimori, busca transformar la educación peruana desde una perspectiva de calidad. En este contexto, considero necesario incorporar la pedagogía del buen vivir como componente del plan educativo, con la finalidad de formar seres humanos capaces de vivir y convivir en un mundo cambiante, complejo y repleto de desafíos. Frente a la corrupción y a un sistema educativo deficiente, limitado en recursos y anclado en la repetición acrítica, resulta imprescindible impulsar una transformación orientada al desarrollo humano.
Esta nueva mirada debe fundamentarse en la pedagogía del diálogo de Paulo Freire y Mahatma Gandhi, porque promueve la conciencia crítica y el entendimiento para afrontar problemas como la corrupción, la violencia y la desigualdad. Asimismo, una pedagogía de los valores puede formar ciudadanos con fortaleza moral, capaces de priorizar el bien colectivo sobre los intereses individuales.
En esta tarea, los docentes, como protagonistas de la transformación, pueden liderar una educación esperanzadora y digna. El docente ético y empático debe asumir el liderazgo en la construcción de una cultura de paz, enseñando a vivir en armonía con los demás y con la naturaleza. Para ello, es indispensable revalorizar la profesión docente, fortalecer su formación y promover una mística de superación, como nos sugiere la pedagoga Inger Enkvist.
Paralelamente, debemos fortalecer la alfabetización financiera, ecológica y digital, promoviendo emprendimiento, creatividad, libertad personal y desarrollo sostenible; fortalecer la educación superior, desarrollar talento humano e impulsar la producción científica para responder a una sociedad hiperconectada.
Las escuelas deben evolucionar hacia una escuela 4.0, adaptada al entorno socio tecnológico, que potencie pensamiento, creatividad, investigación y solidaridad, formando ciudadanos planetarios mediante la internacionalización educativa.
En suma, a esta reforma educativa aportemos desde nuestro espacio a fin de vigorizarlo y construir en colectivo una oportunidad de formar seres humanos líderes, responsables, capaces de vivir en paz, gobernar la inteligencia artificial y proteger responsablemente la naturaleza.