Un gobierno entre la espada y la pared

septiembre 20, 2026

Daniel Manduré

Estamos ante la presencia de un gobierno atormentado, nervioso, de mal humor. Donde el principal adversario está puertas adentro. Con la fuerte presión que ejerce su propia fuerza política, con un descontento generalizado ya difícil de ocultar.  Por otro lado, los errores y contradicciones permanentes de los más altos jerarcas que deterioran aún más la ya escasa credibilidad del gobierno.  Una ciudadanía decepcionada que espera esas soluciones prometidas que nunca llegan.

Y la presión de su socio Pit Cnt, que se guardó en el bolsillo la pipa de la paz y sale a paralizar sectores neurálgicos, frente a un gobierno que no reacciona.

Un gobierno que se acorrala a si mismo

Que se ha colocado por su propio proceder, entre la espada y la pared.

No recordamos algo igual. Como desde adentro se levantan voces reclamando mayor profundidad, más coherencia y mayor velocidad en la resolución de los problemas.

Un gobierno sin reacción frente a sindicatos que reclaman ocupa y paralizan.

Con un equipo de colaboradores, ministros y secretarios de presidencia, con una descoordinación que asusta.

En el medio un presidente asfixiado por la presión a varios frentes, con grandes problemas de comunicación que no cesan y con dificultades significativas al momento de tomar con firmeza el timón del barco.

No es casual que el propio presidente tuviera que solicitarles a sus ministros que hablaran con una sola voz, que aceleren la gestión y muestren mayor “armonía” en sus declaraciones públicas.

Porque no hay duda de que en esta orquesta todos los instrumentos están desafinados.

Gobernar no es fácil nunca, más aún, cuando el principal adversario del gobierno está adentro de su propio partido.

El puerto lleva meses convertido en un foco de conflicto. Donde la negociación ha fracasado una y otra vez. Un tironeo interno que impide decretar servicios esenciales. Ahora, en una resolución que no es ni chicha ni limonada, el gobierno decidió establecer “servicios mínimos”. Una resolución que no ha dejado conforme a nadie. El conflicto sigue, mientras la economía está estancada. En una encuesta reciente sobre la `percepción que tiene el ciudadano de la economía nos muestra que solo el 18% considera que marcha bien.

La ocupación del IPA durante 50 días constituye otro episodio que dibuja esta caótica situación.

Otros institutos de formación docente también permanecieron ocupados durante semanas.

La ANEP llegó a disponer una alternativa virtual para garantizar la continuidad de los cursos paralizados por paros y ocupaciones y luego debió ponerla en pausa frente a la fuerte presión gremial.

Mientras tanto la educación se cae a pedazos. Cuando la equivocada idea de la Universidad de la Educación parece ser el gran objetivo quinquenal de este confundido gobierno.

Un Estado que prioriza solo el derecho de algunos.

Pero también existe el derecho de quien quiere estudiar. El derecho de quien quiera trabajar. De quien quiera producir. De quien tiene derecho a circular. Y un derecho general de la sociedad a ver que las instituciones públicas funcionan.

Hace unos días el sindicato de la guardia republicana convocó a una movilización frente al ministerio del interior. Reclamando allí la renuncia del ministro Negro. Cuestionan la grave situación de inseguridad, que no conocen el plan a ejecutar a casi dos años de gestión y de la crítica condición en la que deben trabajar los propios policías.

El ministro Castilo amenaza con renunciar si se decreta la esencialidad del puerto. El secretario de presidencia Sánchez a su vez que le responde: “Bueno, que renuncie”. Es el ministro de trabajo, además, que insólitamente se preguntaba hace unos días atrás, en un acto frente a sus propios militantes: ¿“cuantas embajadas y otras cosas más tuvo que entregar el gobierno para lograr el voto de Cabildo Abierto en la rendición de cuentas”? Una acusación al gobierno que él mismo integra, gravísima. Que pasó casi desapercibida.

Las duras advertencias públicas del senador Andrade sobre el divorcio entre las ideas del Frente Amplio y las resoluciones que adopta el gobierno.

O los cuestionamientos públicos de la exministra María Julia Muñoz hacia el Pacha Sánchez recomendándole hablar menos y respaldar más al presidente.

El episodio de cancillería es especialmente lamentable, enviándole a los parlamentarios una “sugerencia” a no visitar el stand de las Islas Malvinas en la Expo del Prado, a pesar de que luego se reconociera el “error”.

La sumatoria de estos episodios dibujan una situación verdaderamente preocupante y triste. Porque demuestra la gran descoordinación, las dificultades de conducción y el significativo deterioro de la credibilidad.

La interna frenteamplista está muy molesta, los gremios molestos, los empresarios molestos, la ciudadanía mayoritariamente molesta.

Conducir significa fijar prioridades, tomar con firmeza el timón, establecer límites, asumir costos, cumplir las promesas, tomar decisiones y hacer que esas decisiones sean respetadas.

Y esto no está ocurriendo. Gobernar también significa tener la valentía de saber decir que no. No tirar la pelota para adelante y no resolver los problemas. Porque eso lo único que logra es dejar “caliente” a todos. A propios y a ajenos.

Decir que no, cuando una ocupación hoy es ilegal y afecta el derecho de terceros

Decir que no, a una paralización sindical que lleva meses, trancando la economía del país.

Decir que no, cuando el peso de los corporativismos parece mayor que la autoridad de las instituciones.

La autoridad democrática no es autoritarismo. La autoridad es una de las condiciones fundamentales para que la democracia funcione. Durante mucho tiempo se han confundido los términos.

El dialogo es una virtud republicana. Hay que preservarlo.

Pero todo tiene límites. Porque un gobierno que dialoga indefinidamente y que por miedo a las presiones, posterga y no resuelve, no tiene resultados. Un gobierno que no tiene resultados no funciona. Decepciona y frustra a todos.

Hoy hay muchos episodios que demuestran que este gobierno no se gana la confianza.

Una fuerza política con declaraciones que fijan una postura internacional que presiona al gobierno y puede tensionar y embretar sus acciones. Una cosa es la política exterior de un partido. Otra debe ser la política exterior del Estado.

Los problemas se van acumulando y las resoluciones se van postergando.

Porque cuando un gobierno queda simultáneamente rehén de la presión de los gremios, cuestionado fuertemente por sectores de su propia fuerza política, con una ciudadanía frustrada, ya no alcanza con los discursos, los diagnósticos y los lamentos.

Hay que recuperar el timón.

Este es un gobierno confundido y de mal humor, donde incluso hombres con un buen talante comenzaron a derrapar, como le ocurrió al ministro de economía Oddone en su última aparición pública con la prensa. Con un destrato hacia un periodista que evidencia este muy mal momento.

La ciudadanía puede comprender que gobernar es tarea difícil. Puede aceptar errores. O reconocer que la puesta en marcha de algunas medidas puede llevar su tiempo.

Lo que no se puede aceptar es la permanente descoordinación entre jerarcas.  Dejar que los problemas se acumulen y que los conflictos se prolonguen. Que las medidas y planes se anuncien, pero no se concreten. Que nos llenen de diagnósticos y evaluaciones pero que no se tomen acciones. O que se anuncien medidas después de comenzado el incendio.

Un gobierno que se puso el solito entre la espada y la pared

La espada, son todos esos conflictos sin resolver que paralizan el país.

La pared, son las promesas incumplidas, las expectativas frustradas de la ciudadanía y esa gran confusión y enredos internos.

Entre ambas, un presidente al borde de la asfixia. Al que le queda una sola salida.

Comenzar a gobernar.

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