Una rendición que no rinde cuentas

septiembre 28, 2026

Tabaré Viera

Una rendición de cuentas es, antes que un proyecto de ley, un examen. Es la instancia en que el Poder Ejecutivo le dice al Parlamento y al país qué hizo con los recursos que se le confiaron y si cumplió lo que prometió. Por eso, votarla en general es aprobar una gestión. Y por eso, junto a la Coalición Republicana no la votamos. No fue un gesto ni una posición tomada de antemano: fue el resultado de un examen que el gobierno no aprobó.

Reprobado en economía

Empiezo por lo que no es opinable, porque son cifras que el propio Poder Ejecutivo llevó a la comisión. La economía creció 1,8 % en 2025, cuando lo presupuestado era 2,6 %. Para 2026 se proyecta un 1,6 % que el Consejo Fiscal Autónomo considera optimista. El déficit primario estructural lleva dos años en torno al 1,5 % del Producto, algo incompatible con la sostenibilidad de la deuda. La inversión sigue por debajo de lo necesario y apenas un 37 % de los empresarios califica bien el clima de negocios. Sin inversión no hay crecimiento, y sin crecimiento no hay empleo. Se dirá que la meta fiscal se cumplió. Es cierto. Pero importa cómo. No se cumplió con ahorro permanente ni con más actividad, sino dejando de gastar lo que había que gastar. No lo digo yo: es una de las cinco alertas del Consejo Fiscal Autónomo, junto a una reforma jubilatoria sin costeo, un ajuste postergado hacia el ciclo electoral, una única medida tributaria nueva y una recaudación que descansa en inciertas mejoras de eficiencia. Cinco alertas del organismo técnico del Estado, no de la oposición. El financiamiento tampoco es genuino. Esta rendición mueve 1.837 millones de pesos recortando cargos, misiones oficiales y la mitad de los fondos de Colonización para compra de tierras. Eso no es generar recursos: es desvestir un santo para vestir otro. Apoyamos más recursos para la seguridad; lo que cuestionamos es de dónde salen. Tampoco creemos que haya que poner más impuestos. Los uruguayos y los inversores no resisten más carga; el país necesita crecer con inversión privada. Faltan, como hemos afirmado en mas de una oportunidad, políticas públicas que fomenten la inversión privada.

Cuando no se tiene razón la culpa es de los demás

Se nos quiso responsabilizar de poner en riesgo 31 millones de dólares para seguridad, minoridad infractora y personas en situación de calle. En un presupuesto de 24.000 millones de dólares, es apenas un gesto. Y es menos de lo que el gobierno pagó por un solo campo, la estancia María Dolores: 32,5 millones, con cuatro observaciones del Tribunal de Cuentas.

Recorriendo inciso por inciso encontramos un patrón: subejecución crónica. Presidencia ejecutó el 74 % de su crédito y no gastó un solo peso de lo previsto para proyectos productivos y electrificación rural. Plazos legales incumplidos, como la reglamentación del centro coordinador de seguridad en las fronteras, votada por unanimidad y vencida en abril. Perfiles técnicos sustituidos por denominaciones genéricas, incluso en la sanidad animal, de la que dependen nuestras exportaciones. Y en la frontera, más de cuatro mil puestos de control del Ejército sin detectar un solo delito de crimen organizado. Quienes vivimos allí sabemos que esas cifras no muestran lo que pasa.

Se da por un lado y pierden por el otro

Hay una decisión que nos preocupa especialmente. La nueva asignación para la infancia sustituye a la Tarjeta Uruguay Social, que se usaba en unos cinco mil comercios solidarios, en rubros básicos y con exoneración total del IVA. Ahora el dinero podrá retirarse en efectivo: pierde el destino que la sociedad le asignó y paga el impuesto que antes no pagaba. En Rivera, Artigas o Cerro Largo, además, el efectivo cruza la frontera y lo pierde el pequeño comercio uruguayo. A eso se suma una condicionalidad débil: quien no manda a sus hijos a la escuela seguirá cobrando el 60 %.

Ni siquiera por consideración

Pero lo que más duele es otra cosa. El oficialismo tenía los votos y los usó. Después se negó siquiera a considerar los aportes de la oposición. En cuarenta años de vida política no había visto algo así. Quienes hoy gobiernan nunca votaron una rendición en general cuando eran oposición y, sin embargo, negociaron y votaron artículos en la discusión particular. Así funcionó siempre el Parlamento.

Y esos aportes no eran para nosotros: eran para los uruguayos. Recursos para que la Universidad llegue al interior, un plan de salud mental para sus estudiantes, la regularización a costo cero de funcionarios registrales donde hoy faltan escribanos, como en Rivera, y la culminación de obras de UTEC, un organismo que ejecutó el 99 % de su presupuesto. Al que ejecuta bien, se le dijo que no.

Nuestro voto negativo no fue un portazo. Ha sido una evaluación. Acompañamos con nuestro voto todo lo que sirve al país, a su gente, venga de donde venga, y seguiremos proponiendo. Queremos aportar y negociar; por ejemplo, darle a la lechería los recursos que tanto necesita, con fondos extraordinarios que hoy tiene el INAC gracias al excelente precio de la carne. Porque discutir los aportes de todos es lo que siempre dio los mejores resultados para el Uruguay. El gobierno aprobó su rendición de cuentas de 2025, pero perdió la oportunidad de sacar cosas bien importantes para la gerente que al final es lo único que importa.

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