República o autoritarismo: dos caminos, dos destinos

julio 27, 2026

Daniel Manduré

America Latina atraviesa uno de los períodos más convulsionados de su historia reciente. Crisis institucionales, dictaduras que parecen no tener fin, democracias debilitadas y expresidentes condenados o procesados por corrupción, que describen un panorama verdaderamente preocupante.

Mientras en Uruguay el Partido Colorado tuvo la gran iniciativa de conmemorar en julio el mes de la República, una parte de America Latina muestra una lección ineludible: allí donde desaparecen las instituciones también desaparece la libertad, el pluralismo y la dignidad de los ciudadanos.

El dictador Daniel Ortega decidió por sí y ante sí que en Nicaragua ya no habrá más  elecciones. Anuncio este que no puede sorprender a nadie. Ya ni siquiera pretende fingir un pluralismo que nunca tuvo. Anuncia descaradamente su entierro definitivo.

Ese sanguinario dictador y su mujer Rosario Murillo convertida primero en vicepresidenta y luego en copresidenta, eliminaron las elecciones libres. Con lideres opositores encarcelados y perseguidos, organizaciones civiles clausuradas, universidades intervenidas y medios de comunicación silenciados. Tortura, cárcel y muerte para quien se atreva a discrepar. Una historia de este régimen que al igual que la dictadura cubana y venezolana han estado escritas  con sangre y terror.  A ello se suman en otros países de la región expresiones de inestabilidad democrática, crisis de gobernabilidad y acciones populistas que debilitan la institucionalidad. Con graves casos de corrupción como el de la exmandataria argentina, la situación judicial de un expresidente ecuatoriano requerido por la justicia y los reiterados episodios de inestabilidad política que ha vivido Perú. Reflejando todo ello un escenario regional que invita, además de a una profunda reflexión a valorar lo que tenemos. A preservar y fortalecer nuestros más altos valores republicanos.

Frente a este panorama verdaderamente complicado hoy más que nunca nuestro país tiene razones mas que valederas para buscar en todo momento reafirmar esos valores. Más allá de todo aquello que hay para corregir, pero sin dudar un solo instante sobre la importancia de esa tarea diaria de potenciar las instituciones, sobre la vigencia plena de la Constitución, de la importancia de la alternancia democrática y el respeto a las más amplias libertades.

Por ello cobra un especial sentido que el Partido Colorado a iniciativa del expresidente Sanguineti, dedicara el mes de julio para celebrar la República.

Con cinco hitos fundamentales: La Independencia de Estados Unidos un 4 de julio, también un 4 de julio el nacimiento de Giuseppe Garibaldi, el 9 de julio y la Independencia argentina, el 14 de julio con la Revolución Francesa y su grito de “Libertad, Igualdad y Fraternidad” y nuestra Jura de la Constitución un 18 de julio.

No como homenaje al pasado, envuelto por la melancolía o la nostalgia sino como una forma de reafirmar valores que hoy por su vigencia es imprescindible reafirmar.

No como homenaje al pasado sino con la mirada puesta en el futuro.

No como una pieza de museo sino como forma de iluminar el camino hacia el provenir.

La Republica no es un concepto abstracto, es un sistema donde el poder tiene límites.  Donde hay división de poderes. Donde no debe haber censura, donde la prensa pueda investigar y no terminen presos sus periodistas. Donde la oposición pueda controlar al gobierno. En el que las elecciones sean libres y cristalinas. Y en que el ciudadano no sea encarcelado por pensar diferente al poder de turno.

Ser republicano no significa creer que nuestros gobiernos son perfectos. Es reconocer, poder visualizar e intentar corregir sus imperfecciones y posibles debilidades. Es la mejor forma de contribuir en fortalecerlos.

La república no garantiza gobiernos perfectos. Garantiza que ningún gobierno pueda convertirse en el dueño del Estado.

La mejor forma de honrar la historia republicana de nuestro país es mantener vivo el compromiso con la libertad, el pluralismo, la tolerancia, el respeto irrestricto a la ley y la laicidad.

La República también vive de sus símbolos, no como reliquia que debe enterrarse en un momento que ya fue, como algunos parecen pretender, sino como una evocación a aquellos valores que le dieron origen y que son los que marcan a fuego el camino a seguir.

Por ello lamentamos cuando el gobierno actual no demuestra la firme voluntad de conmemorar las fechas patrias y son permanentes esas versiones inverosímiles que llevan a suspender festejos como el del 18 de Julio por una alerta meteorológica que no fue. Cuando perfectamente podría haberse reprogramado o realizado en otro formato. Son estos los casos donde los gestos son mas importantes que los discursos.

Ni que hablar con la otra lamentable actitud que este mismo gobierno frenteamplista tuvo en gestiones pasadas. Un episodio que el tiempo no debería borrar. Que demuestra quien es quien en tiempos de tanta hipocresía. Cuando la intendencia del Frente Amplio decidió entregarles la Llave de la Ciudad de Montevideo como “ciudadanos ilustres” a los dictadores Ortega y Maduro en un momento en el que ya existían abundantes denuncias internacionales sobre el grave deterioro democrático y de múltiples violaciones a los derechos humanos en ambos gobiernos. Lo que constituye uno de los mayores bochornos diplomáticos y morales de nuestra historia reciente. Una verdadera vergüenza nacional.

Queda demostrado que no alcanza con hablar de República, democracia y libertad, sino que para honrarla de verdad hay que actuar en consecuencia.

De aquellos que condenan unas dictaduras y hacen silencio cómplice frente a otras.

Las dictaduras construyen seres obedientes que no piensan con libertad, las Repúblicas forman seres libres.

Como decía Montesquieu, resumiendo de alguna manera su pensamiento:” La libertad existe porque hay leyes que limitan el poder”.

Defender la República no es una opción política, es un deber moral.  En eso deberíamos estar todos los ciudadanos.

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