Jorge Bonino
Cuando era coronel es probable que todavía no tuviera quien le escribiera, aunque por su abolengo podía aspirar a tener un espacio cuasi asegurado en la política nacional. Pero su formación y forma de expresarse no jugaban a su favor para pensar en un futuro político medianamente exitoso.
Ligado al Ejército nada menos que desde el año 1973, parece imposible que en su pensamiento pudiera habitar la idea de que desde la izquierda populista y marxista se le pudiera enviar la esperada “carta”. Y no solo una vez, sino por lo menos en dos ocasiones.
Desde la cabeza misma de sus supuestos acérrimos adversarios (cuando no enemigos) le estaban invitando a desfilar juntos con el bastón de mando en la zurda y haciendo la venia con la derecha.
Fue entonces que ascendió a general primero, para luego alcanzar la posición más elevada de la carrera militar. Al mayor grado y a la comandancia pudo escalar bajo el imperio de la izquierda y, en particular, bajo la égida del Movimiento de Participación Popular (MPP),la derivación política del Movimiento de Liberación Nacional (MLN) “Tupamaros”, a quienes su familia había combatido durante muchos años desde el periodismo, la política, el gobierno y hasta desde la denominada Juventud Uruguaya de Pie (JUP).
Ya en lo alto de su carrera, llegó el momento de dar el salto al terreno político, donde si bien las reglas difieren sustancialmente de las que rigen en el campo militar, pudo arreglárselas para construir un espacio donde poder conjugar las botas con las zapatillas.
El general ya había logrado tener quien le escribiera, tanto en privado como en público, en este último caso desde el diario que un siglo antes había cofundado nada menos que un ascendiente suyo.
Tras un primer intento electoral que se puede calificar de bastante exitoso, logró ser parte de un gobierno al que, junto con varios de sus compañeros (y compañeras), jaqueó más de lo que lo apoyó y, como resultado de ese desempeño, en su segundo intento electoral, obtuvo un rotundo fracaso.
Pero como si fuera parte del realismo mágico de Gabriel García Márquez, el general mantuvo un gallo de pelea, que le ha permitido seguir teniendo un aperiódico protagonismo, con algunas apariciones públicas y ciertas vías de negociación con el gobierno de turno.
Porque todo indica que él es antes que nada un oficial, pero también un oficialista. Por lo tanto, que el gobierno cambie de signo no parece ser par él un problema.
Después de todo, el general ya tiene quien le escriba.