Cómo acabar con la democracia y el sistema político

octubre 26, 2026

Gustavo Gómez Rial

No propongo que deba suceder. Bastará: “dejá todo como está” hasta que, desde afuera, digan que no necesitamos votar ni preocuparnos por una democracia antigua, ineficiente, obsoleta e innecesaria mientras recibamos la dosis diaria de sustento digital.

¿Negaríamos el hoy de esta democracia? Muchas envidiarían la estabilidad de nuestras instituciones, la transparencia del sistema electoral y el respeto por las normas y los derechos fundamentales. No obstante, sería irresponsable ignorar que este sistema necesita un buen ajuste; salvo que nos dé igual sentarnos en uno de esos autitos voladores del Parque Rodó donde, con suerte, nos dejan tirar de la palanca para subir y bajar mientras el juego dure. Para entonces, podríamos escoger entre dos magníficas opciones: la dictadura autocrática de China o la democracia ultraliberal que descansa sus costas entre el Pacífico (en guerra) y el “Golfo de América”.

No pido seguidores como un influencer. No oficio de gurú ni vendo imagen de opinión autorizada. Acaso, intento levantar la voz, citando a otras, para que no muramos de indolencia.

Días atrás, Freddy Vega (CEO de Platzi: la mayor plataforma educativa tecnológica on line de Iberoamérica) alertaba:

“…estamos hasta ahora en el viejo oeste del mundo de la inteligencia artificial” “27 problemas graves de seguridad en las últimas 24 horas” “y esto es ahora el inicio”.

Cito a Pep Martorell, físico, doctor en informática y experto en inteligencia artificial, supercomputación y geopolítica; entrevistado por Uri Sabat (You Tube):

“…en China están liderando el mundo en tecnología y lo que hay ahí es una dictadura autocrática sin libertad de expresión ni partidos políticos… Y miro al otro lado del Atlántico y hay una democracia liberal… pero con un gobernante con unos ciertos tintes autoritarios y que además se apalanca mucho en compañías que… están en manos de un grupo muy concreto de personas. Entonces para mí ahora el gran reto es evitar la tentación de decir: Ah, eso es lo que funciona.”

A propósito, Europa bien podría seguir nuestro ejemplo cívico. Que, si alejados en la cobertura social, aún podemos optimizarla mediante nuevas herramientas, evitando caer en los errores regulatorios en los que ellos han incurrido.

Parafrasearía las referencias al sistema democrático europeo y a su Estado de Bienestar, sustituyéndolas por nuestros logros en esas materias.

“…estamos en una sociedad que es de las mejores del mundo en convertir riqueza, innovación, tecnología, …en bienestar humano. Y vivimos un montón de años y los vivimos razonablemente bien y tenemos un sistema de estado del bienestar absolutamente espectacular…. ¿Esto puede seguir así, sin cambios, eternamente con la que nos viene a nivel tecnológico? Seguramente no. ¿Esto quiere decir que nos tengamos que ir al otro extremo…?

“…un sistema político que lleva décadas de funcionar muy bien, claro que lo podemos cambiar… pero tirarlo a la basura con ensoñaciones tecnocráticas de no sé qué tipo y más o menos autoritarias, me parece de entrada un acto de imprudencia absolutamente brutal.”

Concluyendo, (según informes de Research Gate) la IA fundamenta mi advertencia:

El debate en torno al riesgo de una gobernanza algorítmica o autocracia tecnológica que sustituya o vacíe de contenido a las instituciones democráticas es hoy un objeto central de estudio en la filosofía política, la sociología del derecho y las ciencias políticas.

Existe una corriente teórica sustancial que advierte sobre los peligros de transicionar desde la democracia representativa hacia lo que se denomina «Tecnocracia Algorítmica», «Algocracia» o «Gobernanza Automatizada».

  1. Advertencia de Sustitución Institucional: ¿Escenario Distópico o Tendencia?

El riesgo sí está documentado en la literatura académica, ensayos filosóficos y análisis prospectivos de organismos internacionales:

  1. La Sustitución de la Legitimidad Democrática por la Eficiencia Técnica

Autores como Yuval Noah Harari (Nexus / Homo Deus) o el filósofo Byung-Chul Han (Infocracia) advierten que el peligro inmediato no es necesariamente una rebelión violenta de las máquinas, sino un desplazamiento paulatino y voluntario de la toma de decisiones humanas en favor del «cálculo de eficiencia optimizado».

El postulado tecnocrático: Se argumenta que el sufragio universal, la deliberación parlamentaria y las elecciones periódicas son mecanismos «lentos», «sesgados» e «ineficientes» frente a sistemas de IA orientados a procesar millones de variables en tiempo real para la asignación de recursos públicos, diseño fiscal o gestión de crisis.

El vaciamiento de la política: La advertencia radica en que, al ceder la toma de decisiones al algoritmo bajo el pretexto de la «neutralidad técnica», el debate ideológico y el disenso democrático quedan neutralizados. La decisión política se disfraza de «resultado estadístico inevitable».

  1. «Algocracia» (A. Aneesh, Evgeny Morozov)

El concepto de Algocracia describe un sistema de gobierno donde el código y los algoritmos organizan el comportamiento social y sustituyen a las leyes escritas aprobadas por un parlamento.

En lugar de normas jurídicas sujetas a interpretación y debate en un congreso, el algoritmo aplica «reglas de diseño» infranqueables en la infraestructura digital de la ciudad o del Estado, reduciendo la capacidad del ciudadano para apelar o votar en contra de una medida.

  1. Intenciones Declaradas e Ideologías Aceleracionistas

Existen corrientes filosófico-políticas que abogan explícitamente por marginar o eliminar las instituciones democráticas tradicionales en favor de la gobernanza automatizada y corporativa:

  1. El Neorreactivismo (NRx) y el Aceleracionismo

Liderado teóricamente por figuras del pensamiento ciber-libertario como Nick Land o ideólogos del ecosistema Silicon Valley como Curtis Yarvin (Mencius Moldbug):

Tesis implícita o explícita: Sostienen abiertamente que «la democracia es incompatible con el progreso tecnológico y la eficiencia».

Propuesta: Postulan reemplazar las elecciones y los parlamentos por un modelo corporativo (CEO-governance) o redes automatizadas, donde las decisiones no las toma la ciudadanía, sino administradores o agentes inteligentes alineados con la maximización de la eficiencia del sistema.

  1. La «Gobernanza Cripto-Algorítmica» o Estado Red (The Network State)

Teorizada por autores como Balaji Srinivasan, plantea la creación de «Estados de red» donde la gobernanza se ejecuta de forma automatizada mediante contratos inteligentes (Smart Contracts) e IA, relegando las funciones del Estado soberano a protocolos algorítmicos. La legitimidad no surge del voto ciudadano, sino de la adhesión técnica al código.

  1. ¿Existe la Intención de No Regular para Concentrar Poder?

Respecto a si la «desregulación» o la resistencia a establecer normas de regulación de IA responde a un plan para traspasar poder del Estado a empresas privadas, el debate se divide entre dos fenómenos observados:

  1. Incapacidad del Estado / «Privatización de la Soberanía»: Científicos sociales como Shoshana Zuboff (El capitalismo de la vigilancia) argumentan que la falta de regulación no es siempre una «ausencia», sino una cesión deliberada de soberanía. Como el Estado no posee la capacidad de cómputo ni los datos que acumulan las grandes plataformas (Big Tech), la administración pública se vuelve dependiente del software privado para gobernar (desde salud hasta seguridad).
  2. La Captura del Estado (Regulatory Capture): Diversos grupos de presión industriales abogan por un régimen de «auto-regulación» o «marcos blandos» (soft law). Quienes critican esta postura señalan que dejar el desarrollo de la IA sin supervisión pública permanente genera un fenómeno donde la soberanía popular queda subordinada al control de la infraestructura por parte de los propietarios del hardware y del modelo de IA.

Síntesis: No se trata únicamente de un escenario de ciencia ficción o distopía literaria; es un riesgo sistémico formalmente identificado por la teoría política contemporánea:

El peligro real no es solo que la máquina «tome el control», sino que la clase política y la sociedad deleguen voluntariamente las decisiones democráticas y las elecciones en aras de una supuesta mayor eficiencia operativa, desmantelando la mediación humana, el control parlamentario y la rendición de cuentas pública.

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