El problema del estado uruguayo (8)

agosto 10, 2026

Jorge Nelson Chagas

Se ha sostenido que con el gobierno de Jorge Pacheco Areco se inició el “modelo neoliberal” en el Uruguay. Nada de eso. En realidad, entre 1968-1972 el modelo de sustitución de importaciones tuvo su canto del cisne. Pacheco usó los resortes del Estado para contener la inflación y más aún, cuando se estableció su marco legal por medio de la COPRIN – una idea de su ministro de Industria Jorge Peirano Facio – integró a la clase trabajadora. O sea que el Estado continuó – pese a la desaparición de los Consejos de Salarios – mediando en la cuestión salarial. Nunca planteó la privatización de las empresas públicas, la eliminación del control de cambios, dejar al libre juego de la oferta y la demanda los alquileres, quitar la carga impositiva a los bancos sobre los prestamos (que encarecía el crédito), levantar las restricciones a los artículos importados que competían con la industria local o la reducción de áreas del Estado.

Se podría afirmar que con Pacheco el modelo de sustitución de importaciones tuvo su canto del cisne. De hecho, César Charlone, que había sido el artífice de la consolidación del dirigismo económico durante el régimen terrista, integró dos veces el gabinete como ministro de Hacienda.

Si uno analiza el programa del Frente Amplio (FA) en las elecciones de 1971(el documento del 25 de agosto de 1971). Incluye tres nacionalizaciones: banca privada, los principales rubros del comercio exterior y la industria frigorífica. Textualmente expresa en un párrafo: “Para alcanzar esos objetivos el Estado desempeñará un papel esencial en el proceso económico. Tendrá una directa participación en la acumulación de capital, imprescindible para el desarrollo, y en lo inmediato, para la reactivación económica del país. Para ello deberá desempeñar una gestión activa y eficiente, que se alcanzará a través de la participación directa de los trabajadores en su dirección. Se crearán los mecanismos de planificación que determinen las formas y destinos de la inversión y que aseguren la coherencia de las políticas de precios, créditos, tributación y salarios”.

Era todo un reflejo de las concepciones de la izquierda en aquel momento (que en algunos aspectos no han variado mucho en este presente). El Estado debía ampliar su esfera de acción para ser el motor del desarrollo nacional. Hay quienes han planteado – Hebert Gatto, entre otros -que el FA se presentaba como una suerte de “tercer batllismo”. Incluso el programa wilsonista “Nuestro Compromiso con Usted” también contiene ciertas soluciones donde el Estado está fuertemente presente.

Lo cierto es que Juan María Bordaberry, el ganador de aquella elección, no tenía las mismas ideas. En lo económico era un liberal de los pies a la cabeza. Tras el pacto de Boisso Lanza uno de sus objetivos prioritarios fue alejar a los militares de las ideas programáticas “peruniastas” contenidas en los Comunicados 4 y7 de febrero de 1973 donde el rol del Estado era central. Finalmente, tuvo éxito cuando logró nombrar a Alejandro Vegh Villegas, el 12 de julio de 1974, como ministro de Economía. Es en este momento que se inicia el fin del modelo de sustitución de importaciones y por consiguiente, el dirigismo económico estatal. Vegh Villegas liberó el mercado cambiario luego de cuarenta y tres años de controles, lo mismo hizo con algunos precios de la canasta de consumo, alquiler de vivienda y abolió cuotas de importación.

Sin embargo… una vez que los militares tomaron el poder (el 27junio de 1973) tuvieron el mismo problema que Gabriel Terra cuando cuarenta años atrás dio el golpe de Estado. Igual que Terra no podía retornar al Uruguay del siglo XIX, los militares no podían regresar al modelo de sustitución de importaciones. Les costó aceptar las ideas de Vegh Villegas, pero cedieron. Aunque no tocaron a las empresas públicas (crearon una más: ANTEL) y cierto es, cerraron a la eternamente deficitaria AMDET.

De acuerdo con su mentalidad castrense las empresas públicas no debían pasar a manos privadas, sino ser gestionadas con una férrea disciplina laboral, anular cualquier tipo de politiquería y apostar a la eficiencia técnica. El liberalismo económico durante la dictadura fue bastante más atenuado que en Chile, para poner un ejemplo. Como alguna vez lo he intentado explicar, la larga agonía del modelo de sustitución de importaciones generó cambios profundos en los hábitos de consumo de los uruguayos y así como el Uruguay de 1938 no era el Uruguay de 1930, el Uruguay de 1980 ya no era el Uruguay de 1973.

Aun así, el Estado seguía presente en la vida de los uruguayos.

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