Lamentable, vamos mal

septiembre 20, 2026

Tabaré Viera

Escribo con franqueza, analizando parcialmente la realidad del país y la situación del gobierno sin agravios y sin exageraciones, porque los hechos alcanzan y sobran.

EL DIAGNÓSTICO Ha pasado año y medio de gobierno del Frente Amplio y la sensación que recorre el país es la de un gobierno que no encuentra el rumbo. No es una impresión de la oposición: es lo que uno escucha en el almacén del barrio, en la feria, en el boliche de campaña y que muestran las encuestas de opinión pública.

Los grandes problemas de la gente están lejos de resolverse. Y lo más preocupante es que ni siquiera hay coherencia entre los anuncios, los planes y las cifras que el propio gobierno maneja. Cuando el rumbo no se entiende desde adentro del mismo, difícilmente lo entienda el país.

Hay una coincidencia cada vez más extendida, y no solo entre nosotros: este es el gobierno más flojo que ha tenido el propio Frente Amplio. El presidente se equivoca casi a diario en sus declaraciones, y después hay que salir a explicar lo que quiso decir. Tiene un explicador, un traductor de lo que quiso o debió decir. Así no se conduce un país.

SEGURIDAD: EL RELATO Y LA REALIDAD Empecemos por lo que más duele: la inseguridad.

En abril, en plena interpelación en el Senado, el ministro del Interior nos anunciaba una baja histórica de los homicidios: nueve comas dos por ciento menos en el primer trimestre. Estábamos mejor, decía.

Tres meses después llegó el boletín semestral de su propio Ministerio. Ciento noventa y cinco homicidios entre enero y junio. Doce más que el año pasado. Un aumento del seis coma seis por ciento. La peor cifra para un primer semestre desde el violento año dos mil quince.

Ciento noventa y cinco compatriotas muertos en seis meses. No son solo cifras indicadoras, detrás de cada número hay una familia y un barrio con miedo. Si la tendencia se mantiene, en diciembre vamos a estar mirando uno de los años más sangrientos de nuestra historia reciente. El relato oficial va por un lado y la realidad va por otro.

ECONOMÍA: LA APUESTA Y EL DESTRATO Veamos a la economía, que tampoco acompaña.

El gobierno había anunciado un crecimiento económico del dos coma dos por ciento. En mayo lo corrigió a la baja: uno coma seis. Y esta misma semana el Banco Central confirmó que la economía se contrajo en el segundo trimestre: medio punto en la comparación interanual.

¿La respuesta del ministro Oddone? Ratificar el uno coma seis y afirmar que es, «absolutamente realista». Cuando los analistas privados que releva el propio Banco Central ya recortaron su previsión al uno por ciento, el gobierno apuesta a que el segundo semestre crezca casi al tres, para que pueda promediar lo anunciado. Es una apuesta. Y una apuesta no es política económica.

Pero lo más grave no son las proyecciones: es la actitud. Un periodista le preguntó por los uruguayos que ganan veinticinco mil pesos por mes. La pregunta que se hace medio país. La respuesta fue: «es una pregunta para no contestar acá». Y al retirarse, muy ofuscado hizo la acusación al periodista de haber actuado «de mala fe» y hasta un manotazo al teléfono que lo estaba grabando se pudo observar.

Señor ministro: los que ganan veinticinco mil pesos no actúan de mala fe. Tratan de llegar a fin de mes. Y esa pregunta no se contesta con un reto: se contesta con políticas. Cuando a un gobernante le molesta que le pregunten, es porque las cosas le están saliendo mal, y lo sabe.

CANCILLERÍA: UN ERROR INSTITUCIONAL GRAVE El capítulo que más me preocupa como legislador, porque hace a la calidad institucional de la República.

La Embajada Argentina envió a nuestra Cancillería una nota de protesta por el espacio dedicado a las Islas Malvinas dentro del pabellón del Reino Unido en la Expo Prado. Es una gestión que hace todos los años: nada nuevo. Lo nuevo, y lo inaceptable, fue la reacción de nuestra Cancillería, que en vez de procesar el planteo donde corresponde lo trasladó al Parlamento, sugiriendo a los legisladores que evitáramos contactos oficiales con representantes de las islas.

El senador Bordaberry lo dijo con claridad: ningún gobierno extranjero, por más hermano que sea, y la República Argentina lo es, tiene potestad para decirle a un legislador oriental con quién puede hablar. Y ningún Poder del Estado le imparte instrucciones a otro Poder del Estado. La nuestra es una República, la separación de poderes está en la base de nuestra institucionalidad.

Se reconoció el error y la nota fue dejada sin efecto. Está bien que se haya corregido, pero el acto ya estaba cometido, y es grave. Revela improvisación y una preocupante pérdida del sentido de gobierno soberano.

Y quiero ser muy claro, porque del otro lado del río algún periodista más afecto al escándalo que a la información quiso ver lo que no hay: el Uruguay mantiene intacta su posición histórica de apoyo a los legítimos derechos argentinos sobre las Malvinas. Eso no está en discusión. Lo que está en discusión es la independencia de los Poderes de nuestra República.

Hacer oposición no es alegrarse de que al gobierno le vaya mal. Cuando al gobierno le va mal, le va mal al país, y eso lo pagan siempre los mismos. Por eso vamos a seguir controlando, exigiendo y proponiendo, desde el Senado y desde la Comisión de Hacienda, con respeto por las personas y firmeza en las ideas.

Uruguay merece un gobierno que mire los números de frente, que escuche las preguntas incómodas y que defienda con dignidad su propia institucionalidad.

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