Claudio Rama
Con el nuevo gobierno, la formación de profesores atraviesa una nueva transformación curricular. En menos de veinte años, se ha transitado por tres grandes diseños de formación docente: el Plan 2008, el Plan 2023 y ahora el nuevo Plan 2027, del Consejo de Formación en Educación (CFE). Los cambios expresan distintas concepciones sobre la educación, el conocimiento, el papel del docente y las formas de enseñanza y se alinean a orientaciones políticas distintas y plantean si avanzamos hacia una formación docente acorde con las transformaciones mundiales o asistimos a un movimiento ideológico y pendular que modifica los enfoques curriculares según los cambios de las autoridades.
El Plan 2008 se estructuró alrededor de una concepción humanista, disciplinar y pedagógica. Privilegió la formación teórica, los fundamentos de las ciencias de la educación, la práctica docente y una perspectiva crítica de los procesos educativos. Su organización curricular respondía fundamentalmente a una estructura de asignaturas y trayectorias relativamente rígidas, con predominio de la presencialidad. El Plan 2023 introdujo una modificación conceptual al colocar las competencias profesionales en el centro del diseño curricular. La formación dejó de definirse exclusivamente por los conocimientos que debían enseñarse y comenzó a organizarse también alrededor de las capacidades que los futuros docentes debían tener e incorporó un lenguaje más próximo a las tendencias internacionales de formación por competencias, resultados de aprendizaje, autonomía estudiantil y reconocimiento de créditos. También procuró fortalecer las tecnologías digitales y una organización curricular más flexible, a pesar de las dificultades y resistencias institucionales. El Plan 2027, vuelve al pasado y reconoce explícitamente al Plan 2008 como referencia y coloca en el centro la racionalidad crítica, la formación ética y política, la relación dialéctica entre teoría y práctica y la concepción del docente como sujeto transformador de la sociedad. Es un cierto retorno al pasado, aunque por suerte mantiene la creditización, la semestralización, los espacios optativos y electivos, la investigación y la extensión, así como el reconocimiento de las tecnologías digitales del Plan 2023. Una de las diferencias centrales entre los planes de 2023 y 2027 se encuentra en la concepción del conocimiento y del desempeño profesional. El Plan 2023 privilegió la formación orientada a competencias, en consonancia con enfoques internacionales que procuran vincular los conocimientos adquiridos con las capacidades efectivas de los egresados. El Plan 2027 recupera expresamente el paradigma crítico, y agrega componentes curriculares de los derechos humanos, la justicia social, la inclusión, las perspectivas de género, y enfoques antirracistas y decoloniales, con un enfoque claramente ideológico. El problema aparece cuando las concepciones filosóficas se transforman en las orientaciones curriculares predominantes que reducen el pluralismo intelectual.
Uno de los aspectos más relevantes de las transformaciones internacionales de la educación es la creciente incorporación de tecnologías digitales, educación híbrida, plataformas de aprendizaje, analítica educativa e inteligencia artificial. El Plan 2008 fue concebido antes de la expansión de muchas de estas tecnologías y respondía a un modelo fundamentalmente presencial sin apoyo de tecnologías. El Plan 2023 avanzó hacia una mayor integración de las competencias digitales y contempló modalidades de formación virtual y semipresencial. El documento del Plan 2027 reconoce que los egresados deben utilizar las tecnologías digitales, pero establece expresamente que debe priorizarse la presencialidad cuando existan condiciones institucionales para ello. Las tendencias internacionales sin embargo no plantean una oposición entre presencialidad y virtualidad, sino su integración mediante diseños híbridos que permitan aprovechar las ventajas pedagógicas de ambas modalidades, reafirmando que la calidad educativa no depende de la presencia física del estudiante y del profesor, sino del diseño de las actividades, la interacción, los recursos de aprendizaje, la evaluación y los resultados de aprendizaje. Además, el Plan 2027 conserva una estructura relativamente convencional de carrera de grado, sin formular estrategias de modularización y certificaciones intermedias, a pesar de que las micro credenciales, las certificaciones acumulables y los sistemas de reconocimiento de competencias constituyen instrumentos crecientemente utilizados para diversificar los recorridos educativos a escala global. Ello muestra una reforma no alineada con las tendencias internacionales que se apoyan en fortalecimiento de las competencias profesionales, integración de tecnologías digitales, inteligencia artificial, mayor flexibilidad de las trayectorias, formación continua, investigación aplicada y evaluación de resultados. Pero el problema mayor es que las reformas educativas deben ser acumulativas, incorporando los avances anteriores y corrigiendo sus debilidades a partir de evidencias verificables donde la calidad educativa debe ser el centro de las políticas y estas deben valer por su contribución a formar mejores docentes, aumentar las tasas de graduación y el uso de TIC