César García Acosta
El debate sobre si la coalición debe concebirse -antes o después- de las elecciones nacionales, y la preexistencia de las alianzas, bloques y hasta fusiones, resultan un espacio estéril y de confrontación que lejos de despertar interés en sociedad, sólo importa a los políticos. A todos los demás, a las mayorías silenciosas, poco les importa cómo deberían presentarse los políticos a los comicios, sino simplemente que sepan cómo oponerse y confrontar. Mientras tanto, las izquierdas y las derechas en un claro juego de identidades no logran diferenciarse en sus políticas económicas. Todo parece ser consecuencia del ballotage y del mundo binario que creó este sistema electoral: en este esquema dos posiciones contrapuestas son el argumento necesario. El gran perdedor, si lo hay, es sin excusas la eficiencia institucional de la democracia republicana que debería sostenerse en la separación de poderes, y en las garantías electorales; sin embargo, toda gira en torno a una guerra de dos bloques. La revolución del centro quedó postergada, y sin entrar en presiones indebidas sobre las preferencias o alternativas de futuro, como simple ensayo de lo que vendrá, en esta columna intentaremos ingresar a ¿qué haría José Batlle y Ordóñez en 2026?, para desde ese punto de partida contexto poder interpretar donde nos autopercibimos.
Todos reconocemos que José Batlle y Ordóñez fue un político de acción más que un teórico, con un pensamiento que se nutrió de un brillante círculo de intelectuales que lo secundaron para moldear al Uruguay que conocemos.
Estos pensadores compartían rasgos comunes: todos tenían una visión reformista, liberal y humanista, y por eso estructuraron una legislación moderna, con un modelo educativo y una arquitectura estatal que marcó al Uruguay desde el primer batllismo a principios del siglo XX.
Sus contemporáneos ideológicos más influyentes, fueron: DOMINGO ARENA abogado, periodista y legislador de origen humilde, y aunque se definía a sí mismo como un socialista pragmático, prefirió militar en el Partido Colorado. Arena fue el redactor e impulsor de la legislación laboral del batllismo (como la ley de ocho horas y la indemnización por despido). PEDRO FIGARI artista plástico, abogado, político y pensador que resultó clave por ser un intelectual obsesionado con la modernización de la educación y el desarrollo de la identidad productiva del país. Influyó en Batlle impulsando de manera crítica la reforma técnica y artística de los sectores obreros. Defendía una educación agraria, industrial y práctica adaptada a la realidad uruguaya. Esta visión de Figari caló hondo en la creación de escuelas de artes y oficios. Esto ayudó a modelar un batllismo que concebía el trabajo industrial como un motor de dignidad y emancipación económica. BALTASAR BRUM abogado de profesión integró la generación de jóvenes brillantes («los jóvenes turcos») criados bajo el ala ideológica de Batlle. Fue ministro de Instrucción Pública, ministro de Relaciones Exteriores y llegó a ser también presidente de la República (1919-1923). Brum aportó la doctrina internacionalista al batllismo, defendiendo un panamericanismo solidario y la soberanía de los estados pequeños. En lo interno, consolidó el ideal del colegiado. CARLOS VAZ FERREIRA fue el sustento filosófico del anti-dogmatismo. No era un militante activo en el esquema batllista, pero ofició como el referente intelectual de toda esa época en Uruguay. Fue el filósofo de la Universidad, y creador de una corriente de pensamiento basada en evitar los dogmas y analizar los problemas sociales con lógica viva. La filosofía de Vaz Ferreira sobre la propiedad de la tierra y los derechos de los individuos influyeron en el pragmatismo del propio Batlle. Vaz Ferreira proponía que cada ser humano debía tener derecho a una porción de tierra por el solo hecho de nacer («el derecho a la vivienda y el sustento»), una noción de igualitarismo social que sintonizaba perfectamente con el esfuerzo de Batlle por combatir los grandes latifundios y los privilegios de las clases altas sin recurrir al marxismo. JOSÉ ENRIQUE RODÓ fue el contrapeso contemporáneo de Batlle. Es imposible entender el ambiente ideológico de Batlle sin mencionar a José Enrique Rodó, que fue el ensayista más famoso del Uruguay de la época. Aunque al principio compartieron espacios en el Partido Colorado, Rodó se transformó en su antítesis ideológica. Frente al jacobinismo de Batlle, su laicismo radical (que eliminó los crucifijos de los hospitales y secularizó los feriados) y su enfoque hiper-intervencionista,
En el ejercicio que nos proponemos en esta columna, la idea es trasladar a José Batlle y Ordóñez a la realidad actual. Seguramente don Pepe no miraría al país con nostalgia decimonónica, sino que aplicaría su característico afán de «inquietista».
La esencia de su pensamiento no se conformaría nada más que con el derecho a lo recibido, sino que la República siempre debe perfeccionarse.
Analizando los desafíos económicos, sociales y políticos del Uruguay actual, un Batlle y Ordóñez en 2026 centraría su acción en las áreas transversales del Estado, y lo haría aplicando sus principios históricos de justicia social, estatismo estratégico, laicismo e institucionalidad republicana:
COMBATIENDO LA POBREZA Para Batlle, el Estado debía ser «el escudo de los débiles». Al observar las principales problemáticas sociales actuales, como los núcleos de pobreza extrema concentrados en la infancia y la situación de las mujeres jefas de hogar, actuaría de forma drástica:
Con un shock de inversión en la infancia: Crearía un sistema ultra-centralizado de asignaciones e infraestructura integral (nutrición, vivienda y cuidados) financiando de forma directa a los hogares más vulnerables.
Aplicando Impuestos a la riqueza: Fiel a su histórica reforma impositiva, buscaría aliviar la carga tributaria sobre el consumo básico de las clases populares e incrementaría los impuestos a las rentas más altas y a los grandes patrimonios de tierra para financiar el rescate social.
APELANDO A LA EDUCACIÓN PÚBLICA Y A LA REVOLUCIÓN TECNOLÓGICA (IA) Batlle entendía la educación como el gran igualador social. Ante el avance de la Inteligencia Artificial y la automatización que reconfiguran el mercado laboral, Don Pepe evitaría las medias tintas:
Estatizaría la infraestructura digital: Fiel a su lógica de que los servicios esenciales no deben lucrar con el pueblo, declararía la conectividad de alta velocidad y los servidores de procesamiento de datos estatales como «servicios públicos esenciales» bajo el ala de ANTEL.
Transformaría el sistema educativo radical: Rediseñaría las currículas escolares orientándolas masivamente a las ciencias de la computación, robótica y pensamiento crítico, asegurando que los hijos de los obreros tengan exactamente las mismas herramientas tecnológicas que las élites para evitar una nueva brecha de clases.
REFORMANDO INSTITUCIONES ANTE EL NARCOTRÁFICO Y LA CARCEL Dado que la seguridad pública es la principal preocupación de la ciudadanía, exacerbada por la violencia del narcotráfico y el colapso del sistema penitenciario,
Batlle aplicaría su enfoque humanista y legislativo:
Reformando de modo radical del sistema carcelario: Batlle (quien ya en su época hacía campañas periodísticas por los olvidados en los manicomios y asilos) eliminaría el hacinamiento penitenciario transformando las cárceles en centros de educación técnica obligatoria gestionados por el Estado. Fiel a su idea de dignificar al ser humano a través del trabajo productivo, buscaría rehabilitar en lugar de castigar.
Dispondría una intervención estatal en los mercados delictivos: Así como Uruguay legalizó la marihuana siguiendo cierta impronta regulatoria de matriz liberal-batllista, un Batlle de esta era analizaría enfoques regulaciones drásticos liderados por el Estado para asfixiar económicamente las finanzas de las bandas de narcotraficantes.
CREANDO NUEVAS «EMPRESAS PÚBLICAS» ENERGÉTICAS porque el batllismo original creó los monopolios estatales (UTE, el Banco de la República, el telégrafo) para evitar que el capital extranjero drenara los recursos del país. Ante los desafíos de inversión y competitividad:
Crearía «Usinas de Hidrógeno Verde y Movilidad Eléctrica»: Frente a la tendencia global hacia la electrificación, Batlle fundaría corporaciones estatales destinadas a la producción e industrialización del hidrógeno verde y energías renovables avanzadas. Su meta sería que el país no solo importe tecnología limpia, sino que la genere bajo órbita pública.
Defendería el empleo de calidad ante las plataformas: Regularía de forma estricta el trabajo en plataformas de entrega y transporte (Uber, PedidosYa, etc.), obligándolas a reconocer la relación de dependencia garantizando el aguinaldo, salario vacacional y limitación de la jornada para acabar con la «uberización» del empleo. Igual en el ámbito profesional donde la facturación como independiente se observa como la tergiversación del derecho laboral. La industria nacional se está desmoronando por la falta de preferencias a la inversión local para hacerla realmente competitiva en el comparativo con la oferta extranjera. Quien datrabajo debe recibir subvenciones del Estado capaces de ser reflejadas en el precio de su producción. Eso se llama en el primer mundo “preferencia” para la competitividad.
LUCHANDO CONTRA LA POLARIZACIÓN Ante un escenario con debates fragmentados, tensiones políticas, binario por efecto del ballotage, y problemas de mayorías en el Parlamento:
El gobierno de cercanía sería una alternativa: Batlle rechazaría el hiper-presidencialismo personalista y los escándalos que erosionan la confianza en el Poder Ejecutivo. Volvería a proponer el debate de las grandes políticas de Estado mediante consejos colegiados transversales o grandes comisiones vecinales y técnicas para destrabar el «empate» político nacional.
La laicidad en el siglo XXI: Volvería a blindar la laicidad del Estado ante cualquier avance de corporaciones religiosas o dogmáticas en los ámbitos de la educación pública y la salud.
En conclusión, un José Batlle y Ordóñez moderno combatiría la desaceleración económica y la desigualdad no reduciendo el Estado, sino volviéndolo más inteligente, ágil y protector. Utilizaría las herramientas tecnológicas para descentralizar el poder y garantizar que el progreso material. Su objetivo debe ser una vida digna y libre para los ciudadanos más postergados. Jamás dejaría de votar una rendición de cuentas, y mucho menos provocaría una postura extrema que alentaría el radicalismo.
Como lo hizo en su momento Julio María Sanguinetti con su programa EL URUGUAY ENTRE TODOS, marcaría en amarillo resaltado cada objetivo cumplido, y lo difundiría haciendo notar las metas alcanzadas como si fuera oro en el banco. Cumplir los objetivos mantiene viva la utopía política.