¿Y si a Uruguay le conviene que gane Lula?

agosto 24, 2026

Ramiro Rossi

Imagínese a un uruguayo cualquiera, podría ser usted, sentado en el living, mirando el noticiero. En un canal, Brasil define presidente en poco más de un mes. En otro, Argentina ya empieza a hablar de 2027. Y en el medio, como siempre, un país de tres millones de habitantes que no vota en ninguna de las dos elecciones, pero que va a vivir con el resultado de ambas.

Estoy parado en la vereda de enfrente de Lula. Aun así, que él no gane puede ser más duro para Uruguay.

EL MUNDO CAMBIÓ DE REGLAS Hay una imagen que leí hace poco en The Economist y que no se me fue más de la cabeza: el mundo actual empieza a parecerse al Chicago de Al Capone, en los años 30. Un escenario donde los más fuertes imponen condiciones a fuerza de presión y amenaza, y donde los árbitros que deberían poner orden —los organismos y acuerdos internacionales— están débiles, ausentes, o directamente forman parte del mismo juego de intereses.

Los aranceles que Estados Unidos le aplicó a Brasil son un ejemplo perfecto: el comercio dejó de ser comercio y pasó a ser una herramienta de presión política.

En ese mundo, las reglas valen cada vez menos cuando no hay quien las haga cumplir. Y los países chicos y medianos —el nuestro entre ellos— tienen cada vez menos lugar para quedarse cómodos, mirando desde afuera las peleas entre gigantes.

Esa es la foto panorámica. Ahora vamos a la nuestra.

EMPECEMOS POR BRASIL Lula y Flávio Bolsonaro aparecen técnicamente empatados de cara a un balotaje: 43% contra 40%, según la última encuesta de El País. No es un dato menor: el hijo de Bolsonaro se posiciona como una posibilidad real.

Y ahí me preocupa algo que creo que se subestima: si gana Flávio, Uruguay queda más solo de lo que la gente cree. No porque nadie nos vaya a cerrar la puerta explícitamente, sino porque este es un mundo que pide identificación. Y a los que no se alinean, tarde o temprano, se les pasa factura.

Ya tenemos un antecedente que me sirve de termómetro: el Escudo de las Américas. Uruguay quedó afuera —hay discusión sobre si hubo o no invitación formal, pero el resultado fue el mismo— mientras otros países de la región empezaron a coordinar seguridad con Washington. Y esto no es un dato menor. Un país que se ha convertido en un punto de tránsito y de salida de cocaína hacia Europa necesita, más que nunca, cooperación internacional, intercambio de inteligencia y coordinación con los países que también están en esa ruta. Difícilmente Uruguay pueda enfrentarlo solo.

La pregunta que se plantea, entonces, es: ¿qué trato podemos esperar de dos potencias vecinas de derecha cuando el gobierno de turno en Uruguay es de izquierda? No tengo la respuesta. Pero el Escudo ya me da una pista que no me gusta.

¿Y EN ARGENTINA? Acá tengo simpatía por el gobierno de Milei. Y los números, en mi opinión, lo respaldan. La pobreza bajó de 41,7% a fines de 2023 a 28,2% de la población en el segundo semestre de 2025. La inflación mensual, que cerró diciembre de 2023 en 25,5%, hoy está en 2,1%; la interanual pasó de 211,4% a 33,8%. Son números duros, no relato.

Pero no soy ingenuo. Las encuestas de mediados de 2026 ya no muestran a Milei con la reelección asegurada: varios sondeos lo dan sin ventaja para ganar en primera vuelta, e incluso algunos ubican al peronismo empatado o por delante.

El desgaste de gestión existe, y el peronismo, aunque hoy no tenga un candidato claro,tiene una máquina que se enciende y arranca enseguida. Así que, aunque prefiera que gane la derecha, sería un error de mi parte descartar que el peronismo vuelva con fuerza.

Brasil de derecha. Argentina, otra vez, con Milei o alguien parecido. Estados Unidos exigiendo definiciones cada vez más claras. Y Uruguay, con un gobierno de izquierda que elige gambetear las declaraciones y, encima, con un pésimo declarante.

No creo que Uruguay quedaría aislado del todo —eso sería exagerado—. El riesgo es otro: quedar descolocado, rodeado de vecinos que coordinan entre ellos una agenda de la que no formamos parte.

Entonces, ¿qué le conviene a Uruguay? Hay que separar lo que apoyamos ideológicamente de lo que le conviene al país. Hoy, en un mundo donde los bloques, las presiones y los pases de factura son moneda corriente, a Uruguay no le conviene quedar aislado.

Por eso, de acá a 2029, un Brasil con Lula le garantiza a Uruguay un vecino y un aliado con quien coordinar. No porque comparta su ideología, sino porque hoy la prioridad debería ser no quedar solos.

Como dijo Winston Churchill: “Solo hay una cosa, peor que luchar con aliados y eso es pelear sin ellos”

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