Partido Colorado y el realismo político
Daniel Manduré
El realismo es ese movimiento artístico de mediados del siglo XIX que tiene en la pintura a su principal impulsor, Gustave Courbet y, en literatura, a Balzac, Flaubert, Tolstoi, Dickens o en la lengua española a Pérez Galdós, entre otros. En ella el realismo representa a través del óleo o la escritura, por mencionar a dos de las diferentes corrientes artísticas, a personajes comunes y escenas de la vida cotidiana. Nació, en parte, como respuesta al agotamiento que de cierta manera comenzaba a sufrir el romanticismo y sus representaciones extremadamente idealizadas.
Los fuertes cambios, las grandes transformaciones de la sociedad, la industrialización y la urbanización llevó en ese momento de la historia a la necesidad de adaptarse a esos cambios y de enfocarse en la descripción de la nueva realidad.
Dejar ese enfoque más emotivo, de imaginación extrema hasta fantástica, dando paso a la razón, con una mirada objetiva, describiendo con los pies en la tierra, temáticas de la vida cotidiana.
El realismo representando la dignidad del individuo, de los objetos y del entorno, sin enmascarar esa realidad, sin travestirla, edulcorarla ni manipularla. Lo nostálgico, emotivo, misterioso, sobrenatural y hasta mágico de expresiones anteriores sustituidas por lo real, autentico y objetivo. Aun si esa cruda realidad nos muestra algunas cosas que puedan no gustarnos demasiado.
Hoy podemos observar ciertas semejanzas que vivieron esos movimientos artísticos con lo que sucede en la política en general, y en particular en la vida interna del Partido Colorado. Donde se da esa disyuntiva de adaptarse a esos cambios o ir a contramano de la realidad.
Respetando profundamente nuestro pasado, no podemos vivir sumergidos en él, atrapados de los recuerdos y anclados en el tiempo. Pretendiendo en algún caso forzar situaciones con quimeras que caen por la debilidad de su propio peso. Porque en realidad es esa historia, ese pasado es el que nos obliga a vivir pensando en el futuro.
Somos el partido de la acción y las ideas y no el de la nostalgia.
Hoy más que nunca es necesario un baño de realismo. Recordar lo que fuimos, pero muy conscientes de lo que somos.
El mundo cambió de una forma vertiginosa, la política también. Las ideologías tiemblan, mientras los populismos crecen. Y allí estamos nosotros los republicanos defendiendo los valores y principios de siempre, pero con la obligación histórica de adaptarnos a esos nuevos tiempos.
Entenderlo es crucial.
Las grandes transformaciones tecnológicas y la nueva realidad social señalan un nuevo camino. No somos los mismos que hace 100 años, ni siquiera somos los mismos que hace 40. El tener la capacidad de leer esa nueva realidad, con pragmatismo al momento de la toma de decisiones, será fundamental.
Esos cambios se deben dar sin renunciar a nuestros más altos principios, reivindicando siempre nuestros valores e ideales. Levantando nuestras banderas más alto que nunca. Empuñándolas con firmeza y orgullo. Reafirmando nuestra identidad y defendiendo, ante todo, y ante todos, nuestra más rica historia. La historia de la república es la historia del batllismo. Porque el Uruguay es batllista.
Lo que sí debemos entender, lo reitero una vez más, es que los tiempos son otros y ellos exigen nuestra renovación y que hay una nueva forma de hacer política. Un partido moderno, con los principios de siempre.
Nos adaptamos a los nuevos tiempos o nos lleva la corriente.
Hoy veo en algunos discursos que, aunque aislados, no dejan de ser preocupantes, donde parados en el pedestal de la omnipotencia se menosprecia el pensamiento del otro, olvidando que somos el partido de la libertad. Donde la diferencia no debe dividirnos sino desde ella debemos enriquecernos para crecer. Unidos en la diversidad, en la diferencia.
Me niego a dividir a la dirigencia colorada en buenos y malos, entre defensores de la ética y sus detractores, los que quieren plantar la bandera de remate en la calle Martínez Trueba, y los que se autodefinen como los únicos defensores de los principios batllistas.
Más allá de mi agnosticismo me voy a animar a utilizar una frase del evangelio: “el que esté libre de pecado que tire la primera piedra”.
El respeto y la tolerancia con el pensamiento del otro deben ser siempre la piedra angular.
Hoy los nuevos tiempos políticos hablan de la necesidad de lograr acuerdos. No en 1, 2 o 3 departamentos, en todos. O hay coalición republicana en los 19 departamentos o no lo habrá en ninguno. Al igual que se debe pensar en grandes acuerdos nacionales.
Hablar de una fusión es tan injusto como irreal. Acá nada se disuelve ni desaparece. Es busca el entendimiento sin perder identidad y donde cada uno reafirme la divisa a la que pertenece. Los colorados y batllistas seguiremos vitoreando por Rivera y por Batlle y los blancos harán lo suyo con Oribe y Saravia.
Acuerdos en igualdad de condiciones.
Hoy algunos prefieren salir con lupa y hasta microscopio a buscar un posible error o algún detalle que muestre cierta debilidad ideológica como forma de marcar un perfil. Salir de caza, buscando infieles y ser selectivo al hacerlo. No me sumo a eso.
El camino iniciado por el Partido Colorado hoy ofrece certezas. Mucho se viene haciendo y mucho queda por hacer. Un partido renovado, donde sus órganos de conducción vienen trabajando en buena forma. Un Comité Ejecutivo Nacional dinámico, marcando su voz en los grandes temas nacionales y con comités ejecutivos departamentales desplegándose en los barrios montevideanos y en las diferentes localidades del país.
Con su Convención Nacional que acaba de aprobar un gran plan estratégico de fortalecimiento partidario.
Ese debe ser el camino, el de la acción, la construcción, la propuesta, las ideas. El partido de la libertad. Un partido moderno, renovado, con la mirada siempre puesta siempre en el porvenir y con una dirigencia realista, con los pies en la tierra.