La muerte de José Batlle y Ordoñez
Jorge Nelson Chagas
(Con motivo de cumplirse el 20 de octubre pasado, ya hace casi dos meses, noventa y seis años del fallecimiento de José Batlle y Ordoñez, adelanto un párrafo de un libro de mi autoría que aún está inédito). El 29 de agosto de 1929 el líder colorado José Batlle y Ordóñez escribió un artículo en el diario El Día sobre los crímenes pasionales, un tema social que le preocupaba enormemente. El 10 de septiembre concurrió a la sesión del Comité Ejecutivo Nacional del Partido Colorado. Estas fueron sus últimas actividades en el campo del periodismo y la política. Ocho días más tarde fue internado en el Hospital Italiano, por un pequeño percance cardíaco que había sufrido unos días antes, pero que pudo superar sin secuelas aparentes.
Según el relato de Domingo Arena cuando viajaba en coche rumbo a su internación pasaron frente a la capillita de Maroñas, sobre Cuchilla Grande, Batlle y Ordóñez dijo jovialmente a uno de sus hijos: “¡Este Arena, es a ratos tan absurdo, que es capaz de haberle pedido a esa virgen que me ayude!”. El doctor Luis Surraco (1882-1970) lo sometió a una operación quirúrgica menor y parecía estar recuperándose. Durante varios días El Día publicó breves notas anunciando que estaba reponiéndose sin inconvenientes. Sin embargo, el 11 de octubre sufrió el primer síncope y el domingo 20 falleció.
Hubo múltiples homenajes. El Consejo Nacional de Administración, una de las ramas del Poder Ejecutivo, realizó una sesión especial. El líder nacionalista Luis Alberto de Herrera (1873-1959), pese a votar afirmativamente los honores propuestos, enfatizó que no modificaba los conceptos vertidos antes sobre su gestión pública. Juan Andrés Ramírez (1875-1963), que se había batido a duelo con él, lo elogió desde las páginas del Diario del Plata. Aunque, expresó que debía pasar un tiempo antes de sentirse en condiciones de dar un juicio global sobre su influencia y obra. En el Parlamento Pedro Manini Ríos (1879-1958), el dirigente socialista Emilio Frugoni (1880-1969) y Carlos Quijano (1900-1984), también expresaron su pesar y elogiaron su figura. La excepción fue el diputado comunista Eugenio Gómez (1892-1973), que se refirió en duros términos a su figura ante el abucheo de los presentes.
Con la muerte de Batlle y Ordóñez se cerró inexorablemente un ciclo en la vida política del país. Una pregunta crucial atravesaba a todo el batllismo: ¿Quién o quiénes eran los auténticos intérpretes y continuadores de su obra y pensamiento? Existía una herencia política yacente. Por un lado, estaban sus tres hijos – César Batlle Pacheco (1885-1966), Lorenzo Batlle Pacheco (1897-1954) y Rafael Batlle Pacheco (1888-1960)-, Domingo Arena (1869-1939) y Luis Batlle (1897-1964), que controlaban El Día. Con el título La dirección de El Día el 6/11/1929 el matutino batllista informó que “volverá a formar parte de la dirección de El Día, el doctor Arena, viejo amigo de esta casa (…) viene a ocupar en estos instantes la conducción de nuestro diario, no sólo por sus capacidades intelectuales y morales, que le son reconocidas, sino también por haber sido el amigo íntimo que más cerca estaba de Batlle y que mejor conocía su pensamiento, de manera que es el que más fielmente puede interpretar sus deseos, hecho este que lo coloca casi en situación de privilegio entre nosotros”. Un indicio de reacomodo interno del batllismo ante la desaparición de su máximo líder.
El expresidente Baltasar Brum (1883-1933) y Francisco Ghigliani (1883-1936), un médico de nacionalidad argentina, también tenían aspiraciones de liderazgo. Brum tenía prestigio, a pesar de que el gobierno que presidió entre 1919-1923 debió lidiar con la depresión económica posterior a la Gran Guerra, era un firme defensor de los ideales batllistas. Ghigliani que estaba en la dirección de El Ideal, en cambio, comenzó a moverse con un importante grado de independencia con respecto al grupo de El Día.
A su vez estaba el grupo Avanzar liderado por Julio César Grauert (1902-1933), surgido en el primer semestre de 1929. Influido por el marxismo, impulsaba una revitalización ideológica del batllismo con el objetivo de lograr un segundo impulso reformista, incorporando nuevos contenidos de carácter revolucionario. Eso lo diferenciaba de los “batllistas radicales”, entre los que estaban Pablo y Agustín Minelli, Juan Francisco Guichón, Justino Zavala Muniz, Edmundo Castillo y Luis Batlle. Estos últimos hacían una reflexión crítica del batllismo, reflotando antiguos proyectos no concretados, y hacían hincapié en lo que aún faltaba por concretar, sin cuestionar las bases del sistema.
Batlle y Ordoñez, había dejado una huella profunda en la historia política y económica del país.
Una huella que perduraría en el tiempo más allá de las fronteras del Partido Colorado.