Starmer y laboristas
naufragan en elecciones
Lorenzo Aguirre
Se llevaron a cabo las “Elecciones Municipales y Autonómicas” de Reino Unido, donde se jugaron 136 Alcaldías y Consejos Metropolitanos de Inglaterra, junto con los Parlamentos Autónomos de Escocia y Gales. Los comicios – la prueba de opinión más importante de cara a las generales de 2029 -, otorgaron un triunfo aplastante para “Reform UK” – partido euroescéptico abogando la salida de Reino Unido de la “Unión Europea” (“Brexit”), negociara términos con la “Organización Mundial del Comercio”, y centrara la restauración en cuanto a soberanía democrática -, liderado por Nigel Farage, populista de extrema derecha basando su campaña en discursos sobre la inmigración. “Reform UK” pasó de 100 concejales a 1426, provocando la pérdida al “Partido Laborista” (principal partido de izquierda, socialdemocracia, afiliado a la “Internacional Socialista”) – del primer ministro Keir Starmer – de 1500 bancas en concejos locales, y el control total de 38 ayuntamientos, llevando el resultado a que, los propios correligionarios de Starmer, pidieran su dimisión.
“Reform UK” ha ganado amplio espacio de gobierno, e indudablemente está pautando nuevos tiempos multipartidistas, los cuales hundirán por largo rato el tradicional bipartidismo.
En buena parte la frustración del pueblo de Reino Unido se generalizó, y día tras día expresa que, los políticos en ejercicio no merecen respeto, empezando por el primer ministro Keir Starmer.
Obviamente, el rechazo a los partidos tradicionales no llega por arte de magia, pues, legisladores laboristas se mutilan unos a otros, disputan liderazgo, evidencian pasiones, ambiciones, ansias de poder, dejan en segundo plano al partido y en tercer lejano lugar, a la ciudadanía, demostrando total falta de vergüenza.
Reino Unido se perfila hacia una tendencia derechista – metiéndose entre Francia, Países Bajos, y Alemania – llevado por la mano de Nigel Farage a través de un partido cuya corriente pretende endurecer la política sobre inmigración, teniendo como prioridad la creación de un organismo encargado de deportar ilegales.
Asimismo, el perfil de “Reform UK” marca escepticismo respecto al cambio climático, incisivas medidas para proteger la cultura británica, evitar que, iglesias, terminen siendo mezquitas, y prohibir pañuelos y otras prendas que cubran el rostro, como el burka.
Nigel Farage – líder y fundador de “Reform UK”, exdiputado en el “Parlamento Europeo, abogó por el “Brexit”, y se opuso al “Proyecto euro” -, quien obtuviera los mejores resultados en centros de votación que apoyaron el “Brexit” en 2016, por intermedio de “Reform UK” también propuso que Reino Unido abandonara el “Tribunal Europeo de Derechos Humanos” (“Tribunal de Estrasburgo”), encargado de garantizar la aplicación de la “Convención Europea de Derechos Humanos”.
Fage – aliado del presidente Donald Trump, y crítico con la participación británica en las guerras de Irack, Afganistán, y Siria -, se encuentra internacionalmente en una relación fluctuante, en particular con Alemania, país que se molestó por el “Brexit” y la actitud por parte de Reino Unido. Pero, digamos las cosas: un año antes de la ruptura, Berlín ya consideraba que detener el divorcio no era la mejor opción, y en realidad se debía mirar hacia adelante, estimulando otro tipo de relación comercial, enfocando a mantener cierta distancia con el entonces primer ministro, Boris Johnson.
A decir verdad, está dejando de existir cierta estabilidad en cuanto a posiciones políticas europeas, motivando un nerviosismo por inseguridades vividas en el continente, respecto a ideas y acciones.
Se habla hasta el cansancio de globalización, pero se manifiesta de manera cargosa la unidad que debe primar para una reunificación con conceptos e ideologías similares a efectos de una proyección armoniosa. La realidad, es bastante diferente, porque cada día son más notorios los extremos en los arcos parlamentarios, como asimismo asombra la intolerancia de una ultraizquierda estructurada, retrógrada en pensamiento, y por otro lado el crecimiento de derechas, fascistas, que consideran a Reino Unido y al bloque europeo, un verdadero cáncer.
STARMER, EN JAQUE…NO DIMITIRÁ El descontento con el Primer Ministro británico – a dos años de su arrasadora victoria, con mayoría absoluta y poniendo fin a gobiernos conservadores -, se ha generalizado, remarcándose su incapacidad, decadencia, y haciéndolo responsable del hundimiento económico, inflación disparada, aumentos desorbitados en el costo de electricidad, gas, canasta familiar, dejando a trabajadores con salarios sumergidos, y más de medio millón de personas esperando un año para ser atendidas en salud pública, entre huelgas permanentes.
El arrogante de Starmer, criticado hasta por sus propios integrantes del gabinete, intenta revertir la crisis política luego de la contundente derrota, pero en realidad, es tarde.
En forma desesperada, manifiesta la puesta en marcha de “cambios graduales”, y pretende relanzar su gobierno en medio de una rebelión que estalló dentro de su propio “Partido Laborista”.
Pese a la debacle electoral, el primer ministro, manifiesta: “los que dudan sobre mí, están equivocados” … “el Brexit, nos hizo más pobres” – pero no ofrece planes concretos para un supuesto acercamiento al bloque -, sin embargo, expresa ser el mandatario que “pondrá a Reino Unido en el corazón de Europa”.
Por último, Starmer, resaltó su “especial atención a Gales”, en cuyo parlamento – liderado desde 1999 por laboristas – ha podido mantener solo 9 escaños, mientras los nacionalistas de izquierda, “Plaid Cymru”, se transformaron en líderes al obtener 43 de los 96 escaños, teniendo en segundo lugar a “Reform UK”, con 34.
Además de los desastrosos resultados en Gales, también ocurrió lo mismo en Escocia, donde el “Partido Laborista” quedó con solo 17 asientos.
Durante muchos años, Keir Starmer se dedicó a una sostenida y fuerte campaña para abolir la monarquía británica, porque estaba obsoleta…
Ahora, Starmer, un hombre de izquierda, del “pueblo”, se convirtió en asesor del reinado, acontecimiento que lo llevó a ser designado “Sir” – distinción cuyo término la ultraizquierda lo interpreta como “feudal” -, entonces suaviza expresiones, y repta, al decir: “siempre, es valioso escuchar qué cosa dice el rey Carlos III”.
En forma paralela se está ocupando – sin pérdida de tiempo – de marginar un sector de la izquierda laborista, aunque al parecer dicho comportamiento es eliminar la fuerte competencia en su propio grupo, y por supuesto protegerse de un oscilante motín.