Noticias

Barranca abajo

Guzmán A. Ifrán

La última encuesta de Cifra dejó al gobierno de Yamandú Orsi frente a un dato políticamente contundente: apenas uno de cada cinco uruguayos aprueba su gestión, mientras una amplia mayoría manifiesta su desaprobación. Más allá de los porcentajes, el mensaje parece claro: una parte importante de la ciudadanía siente que el gobierno no está respondiendo a las expectativas con las que llegó al poder.

No parece tratarse únicamente de una mala semana ni de una sucesión de episodios aislados. La controversia por la camioneta presidencial y otras decisiones ampliamente discutidas han alimentado un clima de cuestionamientos. Resulta inevitable recordar el eslogan de campaña del Frente Amplio, ‘Que gobierne la honestidad’. Desde una mirada crítica, los episodios conocidos terminaron erosionando ese mensaje y convirtiéndolo en un punto de contraste con el que hoy muchos ciudadanos evalúan al gobierno.

Si existe un buque insignia de ese deterioro, probablemente sea la seguridad pública. La percepción de un aumento de la inseguridad, sumada a la sensación de falta de rumbo y de liderazgo político, ocupa un lugar central en el debate nacional. Desde esta perspectiva, cuando las respuestas se concentran en relevar mandos policiales, puede interpretarse que se desplaza el foco hacia responsabilidades operativas en lugar de asumir el debate sobre la conducción política de la estrategia de seguridad. En un sistema democrático, las políticas públicas son definidas por las autoridades políticas y es sobre ellas donde recae, en última instancia, la responsabilidad por sus resultados.

La política uruguaya suele perdonar errores cuando percibe humildad para corregirlos. Lo que suele castigar con mayor severidad es la desconexión con la realidad. Cuando un gobierno minimiza señales de alarma, prioriza el relato sobre los resultados o transmite incertidumbre acerca de su rumbo, el desgaste comienza a acelerarse. La confianza pública no se sostiene por la legitimidad electoral obtenida meses atrás; debe renovarse diariamente mediante decisiones consistentes, transparencia y liderazgo.

El gobierno todavía dispone de tiempo para rectificar el rumbo. Sin embargo, el tiempo político transcurre más rápido que el calendario. Las encuestas no gobiernan, pero sí advierten. Ignorarlas puede ser un error tan grande como gobernar exclusivamente para ellas. La ciudadanía reclama conducción, resultados y claridad de objetivos.

Por eso, el dato de Cifra debería ser interpretado como una señal de alerta. Si el oficialismo entiende que se trata únicamente de un problema de comunicación o de coyuntura, corre el riesgo de no advertir un fenómeno más profundo: el deterioro de la confianza. Cuando la sociedad empieza a percibir que un gobierno pierde rumbo, liderazgo y capacidad de respuesta, la barranca deja de ser una metáfora para transformarse en una realidad política.

Compartir

Deja una respuesta