Durmiendo con el enemigo
Daniel Manduré
Cada partido político tiene derecho a procesar sus diferencias internas, a resolver sus tensiones y debatir sobre sus contrariedades de la forma que crea conveniente. El problema es cuando esas disputas internas dejan de ser un asunto partidario para convertirse en un problema de gobierno. Cuando las contradicciones, los mensajes cruzados, las confusiones, los errores, las mentiras y los grandes problemas de comunicación terminan afectando la gestión, frenando decisiones importantes y erosionando la confianza pública. Aquí el problema ya no impacta solo a una colectividad política, sino que recae y termina perjudicando, como sucede ahora, a todo un país.
El gobierno sumergido en el caos interno y al no saber cómo salir de ese gran berenjenal en el que ellos solitos se enterraron recurren a lo más fácil: echarle la culpa a la oposición. Salieron varios legisladores como desesperados hablando de: “una operación política opositora que intenta desprestigiar al presidente e inventar una crisis en la interna del Frente Amplio”.
No es así.
El principal adversario del Frente Amplio es el propio Frente Amplio.
Lo que desprestigia al gobierno son los errores del propio gobierno.
Lo que desestabiliza y erosiona la institución presidencial son las actitudes del propio presidente Orsi.
Ni que hablar de las mamarrachescas declaraciones de los voceros del gobierno que en vez de dar luz a los temas lo enturbian más.
Lo peor que le puede pasar a un gobierno es generar por sus acciones, inacciones y gruesos errores una crisis de confianza. Porque después de generada, es difícil de revertir.
La ciudadanía votó un gobierno para que lidere una propuesta, marque un rumbo, tome decisiones y cumpla con sus promesas de campaña. Y acá no hay propuesta, no hay rumbo, no se toman decisiones claras y como afirma su propia militancia no se cumple con las promesas. La sensación que tenemos la mayoría de la ciudadanía es que el oficialismo está atrapado en sus indecisiones permanentes, en discusiones insólitas, donde una declaración se contradice con otra. Donde ellos mismos unos a otros se desautorizan en forma permanente.
Ya desde el puntapié inicial, el gobierno se transformó en un verdadero escándalo mediático. Fueron los propios frenteamplistas que comenzaron a dinamitar la credibilidad de su gobierno en una serie interminable de gruesas irregularidades y de fuertes diferencias entre ellos. Terminando en varias renuncias forzadas. Lo de la ex ministra de vivienda, del ex presidente de colonización, de la vicepresidenta de ANP, de la directora general de secretaría del Ministerio de Medio Ambiente, de la directora de Biodiversidad, del director Nacional de Artesanías.
Sumemos a esto el escándalo de Danza en ASSE. La renuncia en masa de 11 de los 13 integrantes de la Comisión Honoraria de Salud por estar en desacuerdo con el gravísimo error de la ministra Lustemberg al reducir la inhabilitación de una anestesista involucrada en el fallecimiento de una paciente.
Ni que hablar del triste espectáculo que ellos crearon en torno al turbio manejo de la camioneta de alta gama del presidente de la república.
Todos los días un lío nuevo, no dan respiro. Todo eso y mucho más en apenas 14 meses de gobierno. ¿Qué culpa tiene la oposición de ese caos interno?
¿Qué tiene que ver la oposición con la filtración de los audios que trascendieron de Collette Spinetti? Con criticas durísimas y discriminadoras hacia el ministro y subsecretario del Mides.
¿Qué tiene que ver la oposición con los desacuerdos internos entre autoridades del gobierno en si hacer o no un túnel por 18 de Julio? Lo cierto que hoy el proyecto final está en la dulce espera y nadie sabe cuál va a ser.
¿Qué responsabilidad tiene la oposición que hayan trascendido públicamente las duras críticas del ex presidente del Frente Amplio y exsenador Rafael Micehellini hacia la gestión del Mides?
Que la ministra Cardona diga una cosa opuesta a lo que dice Oddone en cuanto a la quita de beneficios impositivos a los autos eléctricos, ¿es responsabilidad de sectores opositores?
¿O que el ministro de educación y autoridades de la Biblioteca Nacional hayan anunciado con bombos y platillos que había disponibles 30 millones de dólares para reformar la biblioteca y al otro día el ministro de economía y el director de la OPP lo hayan desmentido?
Que hayan discutido entre ellos por la participación del presidente en la visita del portaviones de E.E. U.U. ¿es culpa de la oposición?
¿Que quedaran todos desconcertados en la interna por la propuesta del secretario de presidencia Pacha Sánchez, vinculada a que pequeños ahorristas puedan invertir en proyectos de las empresas del Estado?
¿O que Carolina Cosse quiera utilizar los menguados recursos en construir un nuevo edificio anexo para los legisladores?
¿O que los sectores sindicales y políticos estén “con la sangre en el ojo” con el propio gobierno por una rendición de cuentas con gasto cero?
¿Qué culpa tiene el adversario político de que Castillo este de acuerdo con la aplicación del impuesto del 1% a los más ricos y Oddone se oponga?
¿Acaso han sido legisladores de la oposición los que le dieron manija al referente frenteamplista Esteban Valenti para que le pegue a todo lo que se mueve, reclamando cambios profundos en el rumbo del gobierno?
¿Fue la oposición que le dio letra a Gil Iribarne para que haya salido a declarar que la JUTEP está totalmente desprestigiada?
Los militantes de base y sindicatos han expresado su gran desilusión con la marcha del gobierno, cuestionando incluso lo sesgado del denominado “dialogo social”.
El sector “Casa Grande” de Constanza Moreira ha calificado al gobierno como conservador, el peor insulto para alguien que como el Frente Amplio ha hecho gárgaras con el progresismo
Cuando los legisladores deben juntarse con el presidente para emitir una declaración de respaldo al presidente y que a su vez el presidente deba transmitir el respaldo a su gabinete es una clara señal de todo lo contrario. Nada bueno está pasando.
Como cuando en el fútbol se reúne la directiva de una institución y elabora una declaración de respaldo a un técnico, todos sabemos que algo no anda bien.
Por eso cuando escuchamos a dirigentes frenteamplistas decir que “hay un complot de la oposición en contra del gobierno y del Frente Amplio, nos causa mucha gracia.
Uruguay no necesita conflictos conventilleros de cuarta necesita un gobierno donde todos sus actores estén comprometidos en la gestión, que comunique con transparencia sus decisiones, que se haga cargo de sus promesas de campaña y que sepa con honestidad aceptar errores y no intentar maquillarlos con declaraciones ridículas.
Las diferencias internas son legítimas, suceden en todos los partidos, lo que no es legítimo ni se puede permitir en un partido que gobierna es terminar convirtiéndose en el principal obstáculo del avance del país, de desgaste permanente de la confianza. Nunca las disputas partidarias pueden ocupar más tiempo que las soluciones para el país.
El principal obstáculo del gobierno estas puertas adentro.
Conviven en la misma habitación, comparten la misma cama, se tapan con la misma frazada y parecen no darse cuenta de que terminan acostados y durmiendo con el enemigo. Ellos son su propio enemigo.