Educación, innovación y tecnología: la propuesta fallida de los candidatos presidenciales
David Auris Villegas
En un batiburrillo de 35 candidatos, donde la mayoría hacen de la política su gran negocio, el debate presidencial 2026 se desarrolló como una escena casi risible. En lugar de proponer lineamientos sobre educación, innovación y tecnología para hacer de Perú un país desarrollado, se enfocaron a atacarse entre ellos. Apenas soltaron vagas ideas sobre educación. Al final, queda la sensación de que el verdadero objetivo es llegar a la presidencia que alimente su ego y sus bolsillos.
A lo largo del debate, estos candidatos, enceguecidos por llegar al poder, se mostraron de espaldas a las tendencias globales: que solo con educación de calidad, investigación experimental, innovación de impacto y tecnología de punta un país logra su desarrollo. Así lo ha demostrado Estados Unidos, superpotencia global, gracias a la tecnología, la innovación y la investigación, todas ellas gestadas en el terreno de la educación.
Perú mantiene un sistema educativo desigual y anclado en el pasado, donde se privilegian currículos de papel y grados académicos, que es un gran negocio para las universidades, antes que la generación de conocimiento. La investigación de impacto es escasa, reflejada en la débil producción de manufacturas, mientras la inversión en ciencia, innovación y tecnología es limitada. Todo esto se debe a que no se cuenta con una visión de país desarrollado demostrada por estos candidatos, lo que explica nuestra ubicación alrededor del puesto 80 en el Índice de Desarrollo Humano a nivel mundial.
Entonces es vital comprender que el desarrollo de los países se basa en el conocimiento científico, como lo demuestra China, que en menos de cincuenta años se ha convertido en una superpotencia. Este proceso se impulsó gracias al liderazgo del visionario Deng Xiaoping, quien en 1978 planteó las “Cuatro Modernizaciones”: agricultura, industria, defensa y ciencia y tecnología, con énfasis en la educación y la investigación, pilares de su actual desarrollo.
Dada esta coyuntura política que definirá nuestro futuro y oteando la realidad global, el candidato presidencial requiere ser un verdadero estadista, con ambiciones de construir un país desarrollado. En sus propuestas, resulta clave plantear una política educativa, orientada a una educación de calidad basada en investigación, innovación y tecnología. Asimismo, es necesario potenciar el CEPLAN 2050, haciendo realidad la articulación Estado, empresa e investigación; de lo contrario, elegiremos a un gobernante miope y sin visión de futuro.