El futuro no tiene piedad
(Consideraciones Bioéticas)
Gustavo Gómez Rial
Los uruguayos ya no tenemos hijos: engendramos recuerdos. El propio Foro de Bioética y Nuevas Tecnologías inaugurado este viernes 19 en la Antesala de la Cámara de Representantes es la mejor expresión de nuestra esencia y nos representará fielmente como una abuela cariñosa que le trae caramelos a su nieto adolescente de treinta años. Le hemos encargado a la tortuga la honrosa y delicada tarea de que no se nos escape la liebre. Aunque, por respeto a la liebre, el quelonio deberá consultar antes al perezoso; quien, reunido en consejo consultivo con un gato montés y un bull terrier, procurará velar por los derechos irrenunciables e inmanentes de aquella. Y pido sepan comprenderme si estoy simplificando el trámite para que se me entienda.
¡Qué lejos que quedaron los tiempos del Dr. Gros Spiell dictando cátedra y marcando rumbo a nivel internacional! Actuando y siendo el inspirador de normas pioneras como la Declaración Universal sobre Bioética y Derechos Humanos de 2005 cuando el mundo y los avances científicos apenas nos enfrentaban a los albores de una nueva era de desafíos para la especie humana. Aquel entonces, cuando aún podía considerarse que las mentes más preclaras estaban procurando aplicar la mayor prevención posible ante un futuro que ya se avecinaba.
Más de veinte años después, aquí tal vez no hayamos retrocedido lo suficiente. Debemos hacerlo todavía mejor, podemos. Queridas uruguayas y uruguayos, jubilados, pensionistas y dedicados ambientalistas, unámonos. Tenemos seis meses, apenas, y saben que los tiempos corren, para nombrar una comisión de carácter consultivo que, acaso, en otros veinte años, recomiende el grosor del alambre con el que protegeremos todo el perímetro de nuestro territorio con una cerca de dos hilos (como las que recomendara Latorre) para que no nos siga entrando este viento hostil del cambio que ya se nos está colando por todas las rendijas. Porque no querremos ser el viento, el mismo cambio.
Con esto (si es que alguien lee la ironía), será muy fácil acusarme de proclamar que todo vale, que no hay principios, ni Ética ni Derechos Humanos. Y no los habrá ni los protegeremos, de veras, con este espíritu de reunión flemático, republicano pero ecuménico. Con este ambiente de kermés simpático y voluntarista para el que todos aportamos nuestro trozo de torta o cuatro tortas fritas (aunque justo es decir que hubo discursos de maestros y de directoras de escuela que me han dejado más) saldremos con más hambre de la que llevábamos. No salvaremos la aldea si no miramos a los rascacielos que ya nos hacen sombra. Si no aprendemos a construirlos o, al menos, a producir mejor para alimentarlos y para saber convivir con los que los habitan (seres de nuestra misma especie).
Mientras algunos miembros del panel representando a nuestras academias (en aquel Foro) se afanaban por lucir nuestra políticamente correcta sencillez y se expresaban con menos profundidad que un buen párroco y con más lugares comunes que un mal político, en China, esta misma semana pasada estaban aprobando de manera oficial su primer implante comercial de interfaz cerebro-computadora (BCI) para pacientes de 18 a 60 años con parálisis severa por lesiones medulares. Y, a derecha o izquierda (daba igual), aquellos (o algunos) miembros del panel se encargaban de señalar a Elon Musk como un gurú herético que ahora intenta colocarnos a todos su versión comercial de un implante cerebral. Con eso basta. No necesito asustarlos con nombres como Deep Mind, como AlphaFold 4, Rosettafold o Evo 2, porque estos sólo están prometiéndonos fármacos y tratamientos para acabar con todas las enfermedades. Deberíamos pararlos en seco con nuestras lanzas (y perros cimarrones), para impedir que nos sigan contando más historias de Covid y que nos sigan “envenenando” con ese espíritu mercantilista que quiere seguir vendiéndonos los I-Phones que todos acabamos de tirar a la mismísima hoguera donde ya se queman nuestras laptops (junto a los libros de Ética y de Lógica).
No hay peor terraplanismo que aquel que les habla a sus hijos como si fueran imberbes e imbéciles.
No era ese el espíritu de un Larrañaga, ni el de don Gervasio Artigas, ni el de nuestro “Pepe” Batlle cuando soñaban con educar al pueblo y no apenas a unas élites.
Pero esa visión idealista parece haber cambiado hoy. Será que soy yo el equivocado y quizá por eso me repiten: “Tenés que hablar más sencillo para que te entiendan los políticos”. Mientras que esos mismos políticos se empeñan en orar con una sencillez casi escolar para que el resto de los ciudadanos no sean capaces de entender todo aquello que nunca querrían que estos entendiesen.
¿En quién creer? ¿Tendremos que hacer un verdadero acto de fe y volver a confiar en los mismos capitalistas atrapados en el cuerpo de Olesker, de Andrade o de Sánchez? (el “Pacha” de acá, no el Pedro bien peinado de España).
Ahora sí que entiendo mejor a los Therians.
No estamos creando bibliotecas para ser mejores seres humanos. Siquiera, un bonito y colorido Manual para Ser Buenos Indiecitos.