El gobierno que pide una mano y recibe un robot

agosto 10, 2026

Pablo Caffarelli

Hay gobiernos que tienen oposición. Hay gobiernos que tienen problemas. Y después está el gobierno de Yamandú Orsi, donde la oposición mira desde la tribuna mientras algunos de sus propios ministros se encargan de hacerle los goles. La última encuesta de Factum dejó una fotografía difícil de colgar en el Palacio. Apenas 24% aprueba la gestión presidencial y 56% la desaprueba. El saldo pasó de +22 a -32. Y lo verdaderamente interesante es que el deterioro ya no se limita a quienes votaron a la Coalición Republicana. También empieza a aparecer entre los propios votantes frenteamplistas.

Para un presidente que llegó al gobierno con la imagen de hombre tranquilo, razonable, dialogante y capaz de construir acuerdos, no es una buena noticia. Orsi ganó prometiendo moderación. El problema es que gobernar no es una clase de historia donde uno explica serenamente los acontecimientos y espera que todos comprendan.

El propio Orsi pareció comprenderlo cuando reunió a su gabinete y advirtió que “callarnos es un serio error político”.

Y ahí apareció Alfredo Fratti.

El ministro del MGAP habló sobre la transformación tecnológica del agro y llegó a plantear que, si algún día un tractor funciona solo, habrá que cobrarle BPS. Es una idea extraordinaria. Uruguay pasó de discutir cómo mecanizar el campo a preguntarse si el tractor autónomo tiene derecho a la jubilación.

La ocurrencia sería solamente graciosa si no estuviera en el medio una discusión muy seria sobre productividad, empleo, tecnología y seguridad social.

Pero Fratti no está solo.

Cecilia Cairo terminó renunciando por una situación patrimonial y tributaria que dejó al gobierno intentando dar explicaciones. Un gobierno que habla de justicia tributaria teniendo que explicar por qué una de sus ministras no había regularizado durante años determinadas obligaciones. Después llegaron las cuestiones vinculadas a Rodrigo Arim y la regularización de una construcción privada. Y hasta el propio Orsi tuvo que explicar errores en su declaración patrimonial relacionados con la compra de un vehículo que, después de aquel episodio, iba a ser destinado a una institución pública y que ahora, casualmente, parece haber encontrado un problema en los cinturones de seguridad y será devuelto por recall. ¡Qué casualidad! ¿no?

Mientras tanto, desde el Frente Amplio aparecen discusiones sobre aumentar la recaudación mediante IRAE, IRPF, IASS, patrimonio, herencias, impuestos verdes y demás instrumentos de esa extensa familia que el ciudadano uruguayo conoce bastante mejor que la palabra bonanza.

Cada vez que el gobierno necesita resolver algo, mira hacia el bolsillo de alguien. Y el bolsillo, a diferencia del tractor de Fratti, ya está haciendo horas extras.

En ese escenario aparece la oposición. Y, curiosamente, parece menos apurada que el gobierno.

El Partido Nacional cumple 190 años y tiene a Luis Lacalle Pou. Se fue con 58% de aprobación y 25% de desaprobación. El hombre parece haber descubierto que cuanto más lejos está del despacho presidencial, más cerca parece estar de las expectativas de buena parte de su partido y de la Coalición.

Por eso vuelve a aparecer como referencia. Y por eso también se discute una Coalición Republicana bajo lema único.

Y después está el Partido Colorado, ese viejo animal político que durante un tiempo parecía destinado a vivir de sus recuerdos y que ahora empezó a mover la cola.

El coloradismo gobernó buena parte de la historia del Uruguay. La familia Batlle aportó cuatro presidentes a la República: Lorenzo Batlle, José Batlle y Ordóñez, Luis Batlle Berres y Jorge Batlle. Después vino el desierto electoral. Ahora Pedro Bordaberry parece haber entendido que para volver a ocupar territorio no alcanza con aparecer cuando faltan seis meses para las elecciones.

Recorre el país, habla, escucha, participa y hasta escribe libros. Su trabajo sobre Benito Nardone, “Chico Tazo”, es también una forma inteligente de volver a discutir libertad económica, estatismo, producción, campo, impuestos y el papel del Estado.

Y lo más interesante es que Bordaberry parece estar haciendo política sin anunciar que está haciendo campaña. En un país donde algunos dirigentes llegan a publicar hasta el desayuno como actividad oficial, tampoco es poca cosa.

Así llegamos a una paradoja muy uruguaya. El gobierno, que tiene tres años y medio por delante, parece tener apuro. La oposición, que tiene exactamente el mismo tiempo, parece haber descubierto la paciencia.

El Frente Amplio tiene el gobierno, pero empieza a pagar desgaste. El Partido Nacional tiene 190 años, un expresidente con una aprobación envidiable y una discusión sobre cómo ordenar la Coalición. El Partido Colorado tiene una historia enorme, territorio para reconquistar y dirigentes que parecen haber entendido que las elecciones empiezan mucho antes de que alguien imprima una lista.

Si esto sigue así, la caída del frente puede ser muy importante.

Deja una respuesta

Your email address will not be published.

Otras Noticias

Autonomía o fusión

Hay que confiar en quienes somos Eduardo Fazzio APOSTAR A

Arcos digitales, seguridad y derecho a la privacidad

Marcelo Gioscia El uso de la tecnología de última generación,