La batalla moral perdida y la revolución de la nada.

agosto 24, 2026

Daniel Manduré

Recién llegado de su visita a la dictadura cubana, después de su fraternal abrazo con el tirano Diaz Canel, el referente histórico del Frente Amplio y defensor de cuanta dictadura amiga hay en la región, el senador Oscar Andrade hizo unas declaraciones que pasaron desapercibidas. Las que seguramente le puso los pelos de punta a más de uno dentro del gobierno y en la interna de su propia fuerza política. Porque desnuda y reconoce lo que algunos insisten en negar. Andrade reconoció algo que el propio Fernando Pereira ha buscado esconder sin éxito: que el gobierno va a contramano del Frente Amplio. Que la fuerza política piensa una cosa y el gobierno hace otra muy distinta y que por esa dualidad de criterio se està pagando el precio. Agregó en esa nota periodística que era un grave error mantener esas posturas divergentes y que se alejaban de los planteos históricos de la coalición que gobierna. Todo dicho, es así. A confesión de parte relevo de pruebas.

Por supuesto que no es una novedad, desde la oposición se ha dicho siempre, pero es interesante que alguien desde las propias entrañas de la fuerza política que gobierna lo admita públicamente.

La interna en el Frente Amplio, por más que se niegue, està que arde.

La confrontación, las diferencias y el mal humor es generalizado e inocultable.

Las dificultades de liderazgo del presidente que no logra alinear a sus jerarcas donde cada uno hace y propone lo que quiere. Con cortocircuitos permanentes. Y con errores de comunicación que no cesan.

El episodio de hace unos días relacionado a la partida especial de $ 30.000 que se pretendió habilitar para Fabiana Goyeneche es uno de ellos.

El Poder Ejecutivo incorporó en la Rendición de Cuentas un articulo que modificaba las condiciones para el cobro de una partida especial. La directora de Asuntos Administrativos de la Cancillería reconoció en el parlamento que lo de incorporar esta norma fue impulsada por la propia Goyeneche. Cuando llega el momento de votar dicho artículo en diputados fue rechazado por unanimidad. No hubo un solo legislador frenteamplista que apoyara la iniciativa del propio gobierno.

Aparece aquí las preguntas inevitables: si el artículo era correcto, ¿Por qué ningún diputado del Frente Amplio lo votó? Y si era incorrecto, ¿Qué llevó al ejecutivo a incluir dicha iniciativa en la Rendición de Cuentas?

¿No hay comunicación entre ejecutivo y legislativo?

Una perla mas que desnuda ese divorcio dentro del propio gobierno.

No hay que personificar el problema en Goyeneche. El problema político es más profundo. Es el gran mareo que tiene el gobierno. Que va sin rumbo, “como bola sin manija”.

Hay momentos en la vida política en el que un partido pierde mucho más que votos. Comienza a perder la confianza y la credibilidad que aún mantenía en parte de su militancia y simpatizantes

Una cosa es perder votos otra muy diferente es comenzar a perder lo que ellos consideraban el gran diferencial con el resto de las fuerzas políticas.

Porque el Frente Amplio hoy està perdiendo la batalla moral

Durante décadas construyó buena parte de su identidad sobre una idea poderosa: la de pretender representar una ética diferente en el accionar político. Donde en su discurso apuntaban a la transparencia, la sensibilidad social y una supuesta superioridad moral frente a otras fuerzas políticas que fue parte esencial de su identidad.

Por ello todos los reiterados errores de este último tiempo tienen otra dimensión. Ya no hablemos del pasado y la gravedad del caso de la renuncia de un vicepresidente de la república por corrupción, de Bengoa, del PLUNA gate, de ANCAP, de Placeres, Calloia o Lorenzo, entre tantos otros casos.

Hablemos del presente y de aquellas situaciones que no necesariamente pueden significar casos de corrupción pero que si van a contramano del histórico discurso sobre moralidad y ética que se pretendía vender.

Algo no està nada bien cuando un presidente de la República tiene que salir a explicar públicamente la compra de una camioneta adquirida por US$ 54.000, unos US$ 25.000 por debajo del valor de mercado y buscar explicar además el destino de otro vehículo que había sido donado para su campaña pero que al no salir sorteado se lo quedó él. Donde cada intento por aclarar oscurecía aún más la situación y que termina con aquella muy triste y desgraciada frase de “cuando hay un descuento yo me tiro de cabeza”.

Cuando hay que explicar demasiado aquello que debería ser desde un principio claro y transparente y no lo es, la confianza empieza a pagar el precio.

Lo mismo ocurrió con la entonces ministra de Vivienda Cecilia Cairo, cuya salida del gabinete se dio apenas a los 41 días después de asumir y luego de que trascendiera que no había pago el impuesto de Primaria ni la contribución inmobiliaria, en construcciones irregulares no declaradas.

Podríamos seguir con ejemplos de este tipo, pero ya todos los conocemos.

No se trata de convertir cada error en un escándalo. Solo se trata de reflexionar juntos y preguntarnos: ¿Qué queda de aquella autoridad moral que durante años predicó el Frente Amplio mostrándola como uno de sus principales capitales?… la verdad, queda muy poco.

Pero hay otro problema que padece el gobierno.

La pérdida de autoridad moral se combina con la ineficacia absoluta al momento de tener que mostrar gestión.

Un gobierno que improvisa, una y otra vez. En temas en los que nos va la vida como la seguridad pública. Que va sin rumbo y sin buques insignias que lo distingan.

¿Dónde están aquellos grandes proyectos capaces de entusiasmar, de movilizar y de dar identidad al gobierno?

¿Dónde están las grandes ideas fuerza?

¡Como cambian los tiempos!

De aquella frase de Tabaré Vázquez donde afirmaba que un gobierno del Frente Amplio hará temblar hasta las raíces de los árboles, a la desdibujada y timorata frase de la revolución de las cosas simples.

El propio Frente Amplio en un reciente documento político reconoce esas grandes dificultades de las izquierdas para poder concretar esas grandes transformaciones capaces de mejorar la calidad de vida.

Esa dificultad para impulsar las grandes realizaciones que el país está necesitando, parece haberlo llevado a sacar de la galera la idea de “La revolución de las cosas simples”

Frase simpática si las hay, cercana, novedosa, pero también símbolo de debilidad. Que desenmascara y termina reconociendo de alguna manera la impotencia para atacar lo importante.

El termino revolución supone transformar y acá no se viene transformando nada.

La revolución de las cosas simples termina siendo la revolución de la nada misma.

Un gobierno debe ser mucho más que administrar cosas simples. Se gobierna imaginando el futuro. Transformaciones que no pueden esperar.

Mientras falla esa visión, los grandes temas esperan solución.

Como vemos, la perdida de autoridad moral se mezcla con grandes dificultades de gestión.

Ello se une a la ausencia de las banderas que siempre reivindicaron.

Las ausencias de esas banderas generan un gran vacío.

Y cuando desaparece la épica queda la burocracia

Cuando desaparece la autoridad moral queda la frustración

Cuando desaparece la esperanza crece el desencanto

Hoy este Frente Amplio no puede mirar la gente a los ojos, sobre todo a sus votantes. Que no pueden creer como los engañaron.

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