Política nacional

Los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las NNUU y la transformación educativa

Claudio Rama

Luego de desarrollar tres décadas de Planes de Desarrollo con bajo impacto e incidencia global, las Naciones Unidades realizaron un análisis y reflexión sobre las debilidades en la instrumentación de dichos planes que mostraron una amplia dispersión de muchos de sus organismos, falta de articulación entre sus planes, alto nivel de autarquía entre las agencias y un bajo nivel de impactos. Ello contribuyó a un nuevo marco de acción integral y articulado, más focalizado, sistémico y transversal para todos sus organismos y unidades, así como para los países. En ese contexto, de cara a los años 2000, aprobaron un conjunto estructurado de metas llamadas Objetivos del Desarrollo del Milenio (ODM) que pretendieron unificar el accionar de los países a escala global e impulsar la focalización del accionar de la comunidad global. El eje fue introducir un conjunto de objetivos básicos a estala global, y especialmente para los países de menor desarrollo, centrado en el establecimiento de un universalismo básico y con ello contribuir a superar las fuertes desigualdades e inequidades económicas y sociales incrementadas desde el inicio de la nueva economía global. Estos objetivos al tiempo se vinculan a una mayor injerencia y centralización en la Secretaria de las NNUU del trabajo de la organización y a una estrategia común transversal a escala global, buscando superar la división países y la proliferación de organismos autónomos con sus propias Conferencias Generales en su gobernanza. El nuevo escenario de objetivos propende a un accionar más unificado en un conjunto de instrumentos y organismos dependientes de la Secretaria General.

En tal sentido, los ODM fueron son parte de una reestructura global del sistema de Naciones Unidas que se había expandido con escasa coherencia y objetivos comunes, y que se conformaba como una monstruo de mil cabezas y altamente ineficaz. En esta línea se ha continuado, y posteriormente, en el 2015, se aprobó un nuevo marco de acción dado por los Objetivos de Desarrollo Sustentables (2014-2030), que impulsaba un concepto adicional orientado a un desarrollo en equilibrio con la sustentabilidad ecológica y social. Las nuevas estrategias-ODM (2000-2014) y ODS (2015-2030)- se basan en introducir un enfoque integral para todas las agencias y países, centrado en el objetivo de alcanzar metas de un universalismo básico y articulado en 17 grandes áreas sociales.

En al ámbito de la educación, los ODS reafirman el rol de la UNICEF por su atención en la infancia y pierde fuerza la UNESCO por su dispersión de objetivos y autonomía. Pero más allá de estas miradas institucionales, estos objetivos se articulan a la conformación de un sistema educativo global que a través de convergencias y divergencias, requiere el establecimiento de un conjunto de servicios y estándares básicos. La creación de mercados mundiales de bienes y servicios, de trabajo y del conocimiento, así como de demandas sociales de derechos, está impulsando al tiempo la conformación de un sistema educativo global, que más allá de la enorme división internacional del trabajo intelectual, impone la existencia tanto de estándares comunes de producción educativa como de mínimos de funcionamiento y de logros educativos. El concepto central es un universalismo básico y mínimos comunes del accionar del Estado y de objetivos y metas nacionales como eje de las estrategias globales de las NNUU. En este escenario, América Latina ocupa un rol intermedio en los indicadores educativos y muchos de los ODS se han cumplido relativamente en términos generales. Sin embargo, el ser un continente altamente desigual, se caracteriza por altas desigualdades y asimetrías en el logro de las diversas metas. En tal sentido, no sólo se requiere alcanzar muchas de las metas en algunos países pobres con retrasos educativos, sino para vastas regiones, grupos sociales, grupos vulnerables o niveles educativos superiores, donde se constatan debilidades y donde se impone el cumplimiento de las metas básicas o mínimas. Sin embargo, más allá de estas diferencias nacionales y regionales, la región requeriría trazarse y alcanzar el logro de estándares superiores si pretende tener un rol y una inserción más activa en la división internacional del trabajo intelectual y la sociedad digital del conocimiento global. Es un doble problema: alcanzar los mínimos en todos los sectores y áreas, pero en tanto muchos objetivos mínimos son más para África y otras regiones atrasadas, en nuestra región se requeriría un universalismo, no básico ni mínimo, sino medio o incluso superior.

Los objetivos básicos del desarrollo sustentable en el sector educativo, propenden a alcanzar para el 2030, el logro de 10 objetivos con miras a garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos. El eje de ellos está centrado en el impulso a la enseñanza primaria y secundaria, gratuita, equitativa y de calidad con resultados de aprendizaje pertinentes, a la generalización del preescolar, al acceso igualitario a la educación superior, en aumentar las competencias estudiantiles para garantizar el empleo, en eliminar las disparidades de género y facilitar el ingreso igualitario a todas los personas con vulnerabilidad, a una alfabetización con nociones de aritmética, con los conocimientos teóricos y prácticos necesarios para promover el desarrollo, con suficientes instalaciones educativas, becas y docentes calificados.

Algunos de los ODS en Uruguay se cumplen, pero en muchos de ellos hay carencias. El país, a pesar de estar en muchos de los otros objetivos en niveles superiores, sin embargo, muestra enormes debilidades en varios de los objetivos educativos, tales como las falencias de las competencias de los estudiantes o los niveles de la formación docente. Ambas son ejes de políticas de la transformación educativa en curso, – reforma curricular y reforma de la formación docente- que claramente se alinean a los Objetivos de Desarrollo Sustentable de las Naciones Unidas. No hay que confundir en este escenario que alcanzar estos objetivos curriculares y de la formación docente implica un núcleo de tensiones y conflictos asociado al establecimiento de exigencias, creación de nuevas evaluaciones, cambios de condiciones laborales, establecimiento de planes y metas, que crean resistencias que dificultan y enlentecen las transformaciones educativas. Pero se debe reafirmar el paso. Estos son objetivos globales y de las Nacionales Unidas que todos los gobiernos nacionales han aceptado. En tal sentido, la transformación educativa en curso es más que un objetivo nacional sino global, dado que la calidad de la formación de los docentes y su profesionalización es una variable fundamental de los aprendizajes de los estudiantes.

(El presente artículo se basa en la conferencia que dicté en la Universidad Arturo Prat la semana pasada, dedicada a evaluar el cumplimiento de los ODS4 en la región).

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