Política nacional

Ministerio de Justicia y DD.HH. y Universidad de la educación

Una brujula para el gobierno

Daniel Manduré

Desorientados, confundidos, entreverados, el gobierno esta con urgencia necesitando una brújula. Perdieron el rumbo. En realidad, nunca lo encontraron. El momento que vive el gobierno iniciando el segundo año de gestión es de desconcierto. Las decisiones se vuelven improvisadas y cambian las prioridades de acuerdo con el humor se tengan ese día. Quedan en evidencia las continuas contradicciones entre diferentes jerarcas.

No hay una dirección estratégica concreta y evidentes dificultades de comunicación. Ahora, después de negarlo una y otra vez, reconocen haber mentido en cuanto al cumplimiento de varias de sus promesas, como acaba de hacer el presidente del Frente Amplio Fernando Pereira.

Se esconden detrás de una frase vacía: “la revolución de las cosas simples”, una suma de timoratas medidas aisladas que están muy alejadas de resolver los grandes problemas de fondo. Frase que solo evidencia que este gobierno está a la deriva.

Un país no puede avanzar si no tiene claro hacia donde ir.

Ya el filósofo romano Séneca lo advertía: “No hay viento favorable para quien no sabe a qué puerto se dirige”. Agregamos nosotros: que sería más peligroso aún si el barco termina atracando en el puerto incorrecto.

Hoy el gobierno presenta dos propuestas que dejan al desnudo muchos de los conceptos que acabamos de manejar, que pueden, en una primera mirada parecer avances, pero que solo revelan, de aprobarse, un peligroso retroceso institucional. Se propones la creación del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos y la Universidad de la educación.

Con respecto al Ministerio de Justicia y DD. HH. no solo el gobierno por reiteradas actitudes no da garantías ni ofrece la confianza imprescindible en áreas de tanta sensibilidad cuando se trata de la seguridad y el Estado de Derecho. Tampoco ha brindado señales claras de que este tema este entre sus prioridades cuando nos encontramos que en el último presupuesto son muy escasos los recursos asignados al sistema judicial, la fiscalía y otros organismos claves para el funcionamiento de la justicia. Mas aun cuando el ideólogo que està detrás de la iniciativa no es santo de nuestra devoción, cuando de garantías se trata.

De cada 100 pesos del presupuesto nacional, apenas 1 se destina al sistema judicial.

En este contexto cabe preguntarse ¿tiene sentido la creación de una nueva estructura burocrática, cuando ni siquiera se les brindan los recursos necesarios a los organismos existentes?

No se fortalece la justicia creando nuevas estructuras políticas sino asegurando que las existentes tengan los medios para funcionar de forma ágil y eficiente.

La creación de un nuevo ministerio implica más burocracia, más estructura administrativa, más cargos, más gasto público permanente, más asesores, para que se termine superponiendo esfuerzos.

 Ya tuvimos un super fiscal general, no queremos un super ministro.

Una propuesta que reafirma el presidente el 1º de marzo pero que no genera unanimidades ni siquiera en su propio sector político. Los corto circuitos y las dificultades de comunicación se reiteran en el gobierno.

Algo parecido sucede con la iniciativa dirigida a crear otra estructura universitaria paralela y superpuesta a las estructuras existentes. Se propone crear la Universidad de la educación.

Uruguay no necesita más estructuras necesita mejores resultados.

Aquí también el partido de gobierno fracasó rotundamente, sin cumplir con el 6% prometido en campaña para la educación y con un retroceso educativo en los 15 años que gobernaron. Hoy dejan por el camino buena parte de la transformación educativa iniciada por el gobierno anterior, sino que además de acuerdo a los escasos recursos asignados parece que la educación no es la prioridad.

Sin dudas que la formación docente en tiempos actuales enfrenta dificultades importantes que hay que atender. Pero para ello no es necesario la creación de una nueva estructura, sino que hay fortalecer las existentes. Una lista importante de académicos y especialistas en políticas educativas han cuestionado radicalmente la creación de la Universidad de la educación.

Parece que cuando la dirigencia política se encuentra acorralada en un tema y sin soluciones crea una comisión como salida elegante y cuando no sabe que rumbo tomar busca inventar una nueva estructura.

Mientras el mundo hace reformas, el gobierno frenteamplista crea oficinas.

Mientras el mundo se moderniza el Uruguay con el Frente Amplio crea cargos.

Mientras el futuro exige agilidad y eficiencia, aquí quedamos sometidos a la lentitud y a la mayor burocracia.

Los países que progresan compiten por atraer inversiones los que se estancan compiten por crear nuevos organismos.

Mas estructuras y menos soluciones.

Hoy urge una seria reforma del Estado, que lo vuelva más ágil, dinámico, moderno y competitivo.

A comienzos del siglo XX las reformas impulsadas por Josè Batlle y Ordóñez representaron un verdadero salto a la modernidad del Uruguay. El batllismo creó un Estado capaz de proteger a los más débiles y equilibrar desigualdades frente a una sociedad que cambiaba a pasos acelerados. Pero el rasgo fundamental de ese impulso reformista buscó modernizarlo no inmovilizarlo. Muchas veces diferentes actores políticos incluyendo a dirigentes del Frente Amplio invocan a Batlle y su espíritu reformista como forma de justificar la pesadez burocrática, la creación de cargos y la realidad de un estado cada vez más inflado. Con organismos que se superponen en sus funciones.  Cuando el desafío debería ser un Estado fuerte en su misión social adaptado a les exigencias de los nuevos tiempos, ágil, eficiente, moderno y en condiciones de acompañar el tan necesario desarrollo del país.

El legado de Batlle no fue crear un Estado atrapado en las telarañas de la burocracia, un estado ineficiente sino construir un Estado capaz de proteger a la sociedad sin paralizar el país. Un Estado moderno, eficaz y eficiente.

El gobierno por el bien del país necesita con urgencia una brújula o para estar a tono con los nuevos tiempos alguien que les enseñe a manejar el GPS para asegurar un rumbo que hoy no tiene.

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