Política Internacional

¿Qué se votó en argentina?

Ricardo J. Lombardo

El cimbronazo que significó el triunfo de Javier Milei en las elecciones argentinas de ayer sorprende y a la vez llama a múltiples reflexiones y especulaciones.

Lo primero que hay que ver es qué votaron exactamente nuestros vecinos del Plata.

Se trataba de las PASO (Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias), destinadas a elegir, dentro de cada partido, cuáles serían los candidatos nominados a la presidencia de la nación y a la gobernación en varias provincias, para las elecciones de octubre.

Es decir que no se elegían todavía las autoridades de gobierno, sino los postulantes de cada partido.

Esta vez con la particularidad de que las tres fuerzas predominantes exponían situaciones diferentes. El partido Libertad Avanza, de Javier Milei tenía una lista única. No había competencia interna. Unión por la Patria, un conglomerado de peronistas, kirchneristas y afines presentaba un candidato cantado, Sergio Massa y otro testimonial como Grabois cuya única incógnita era cuánto este último podía aportar en un nivel francamente muy bajo.

Lo único que estaba en disputa realmente era cuál sería el candidato de Juntos por el Cambio la principal fuerza opositora, en una lucha interna entre Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta.

Así que la mayoría de los argentinos concurrieron a las urnas no con el ánimo racional de quien elige sus gobernantes, ni siquiera a sus candidatos, sino con un fuerte componente emocional para mostrar su disconformidad con la situación reinante que muestra una elevadísima inflación, pobreza de casi la mitad de la población, una inestabilidad cambiaria que lleva al dólar sobre las nubes y un deterioro institucional alarmante.

El voto fue fundamentalmente emocional. El llamado voto castigo.

Con un 68% de presentismo, Milei obtuvo el 30,05% de los votos emitidos. Juntos por el Cambio 28,26% (Bullrich 16,97% y Larreta 11,29%), Unión por la Patria 27,25% (Massa 21,39% y Grabois 5,86%). En blanco o partidos minoritarios 15,5%.

Una primera lectura ofrecería la imagen de una elección partida en tercios donde el primero está a menos del 3% del tercero.

Sin embargo, el análisis debe profundizarse un poco más para sacar algunas conclusiones.

1) Si uno suma las fuerzas opositoras, el gobierno perdió por paliza (58,31% contra 27,25%).

2) Dentro de esas fuerzas opositoras, la que predominó fue la más radical, la antisistema, la que significaba “que se vayan todos”.

3) Si se lee de otra forma, incluyendo el voto en blanco, uno puede afirmar que el gobierno y su partido tuvieron un fuerte revolcón: 72,75% de los electores no lo apoyó.

4) La fuerza opositora más tradicional, Juntos por el Cambio, experimentó un fracaso relativo, pero dentro de ella también triunfó la propuesta más radical (Bullrich)

5) El gran perdedor fue el kirchnerismo, que fue a la elección escudado en un candidato que ni siquiera era peronista (Massa), perdió en Santa Cruz, y sus principales referentes, salvo Kicillof, fueron duramente derrotados.

6) Kicillof tuvo una buena votación en la Provincia de Buenos Aires, apoyado en la estructura partidaria del Peronismo en el conurbano bonaerense, muy fuerte históricamente, que representa al aparato clientelístico tradicional, pero que sin embargo esta vez votó bastante por debajo de su historial que parece indestructible.

¿Todo lo anterior cómo debe leerse con vistas a las elecciones de gobernantes de octubre?

¿Cuánto mantendrá Milei de ese voto emocional cuando se trate de elegirlo como presidente?

¿Moderará su discurso, ahora que tiene por delante el sillón de Rivadavia?

¿Qué estrategia desarrollará Bullrich para lograr superarlo mostrando mayores condiciones para gobernar?

¿Cómo hará ahora el oficialismo, detrás de un candidato que a la vez es el ministro de Economía que debe afrontar una dura crisis?

¿Qué ocurrirá si al balotaje califican Milei y Bullrich? ¿Hacia dónde se orientará el poderoso aparato peronista en esta eventualidad?

Más allá de lo caótico de la situación económica, social y hasta institucional, la política argentina se ha vuelto apasionante.

Habrá que esperar y ver con mucho interés cómo se delinean las estrategias y se acomodan los discursos, ahora sí con vistas a la verdadera elección de sus gobernantes.

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