Los enriedos del Frente Amplio
Pablo Caffarelli
El pasado sábado por la mañana tuvo lugar en San José una fructífera reunión de intercambio entre dirigentes del Partido Colorado y vecinos del departamento. Participaron los senadores Pedro Bordaberry y Tabaré Viera, junto a los diputados Walter Cervini y Mauricio Viera, este último anfitrión del encuentro.
En el diálogo con los vecinos surgió rápidamente un tema que había marcado la agenda de los días previos. La aparición en distintos puntos de la ciudad de pancartas con la leyenda “El gobierno te mintió” provocó una reacción inmediata de dirigentes del Frente Amplio de todos los sectores y niveles. Indignación, enojo, acusaciones de falsedad. Pero lo más llamativo fue la reacción institucional: la Intendencia de Montevideo —gobernada por el propio Frente Amplio— comenzó a retirar los carteles utilizando funcionarios municipales. No vaya a ser que en las calles aparezcan mensajes críticos contra el gobierno.
Conviene recordar que la memoria política no debería ser tan corta. Durante la campaña electoral el Frente Amplio colgaba pasacalles con la frase “el gobierno fracasó”. En aquel momento nadie dentro de la coalición de izquierda parecía preocupado por la calidad del debate público. Era —decían— libertad de expresión. Pero cuando el mensaje incomoda, entonces se vuelve urgente arrancarlo de raíz.
Y lo cierto es que, como comentábamos con los vecinos, el gobierno sí nos mintió.
Prometieron que no subirían impuestos. Lo dijo el propio Yamandú Orsi durante el debate presidencial. Sin embargo, en este primer año se creó el impuesto TEMU, apareció un nuevo gravamen indirecto al dejar de devolver excedentes del FONASA, se incrementaron tasas, se introdujo la sobretasa al patrimonio, se modificaron las franjas de IRPF, IRAE e IRNR y se incorporó el impuesto mínimo global. La lista continúa.
Mientras tanto, en la contracara del ajuste, no dejan de ingresar “compañeros” en comisión, acompañados de todas las compensaciones posibles. Compensaciones que el gobierno anterior intentó limitar y que hoy vuelven con fuerza, incrementando el gasto público de forma escandalosa para mantener a las propias filas leales y satisfechas.
También nos mintieron en materia de seguridad.
Prometieron un plan que todavía no aparece. Primero se dijo que sería presentado a fin de año. Luego en marzo. Cuando el ministro fue citado a interpelación, la explicación cambió: el plan, según dijo, existía desde marzo de 2025. Una versión distinta cada vez. Una mentira tras otra.
Y esto ocurre en un área donde la historia reciente pesa. En el primer gobierno del Frente Amplio una de las primeras decisiones fue liberar miles de presos. Con el aumento de los delitos llegó la sobrepoblación carcelaria. Para aliviarla comenzaron a trasladar reclusos desde Montevideo —los más peligrosos y experimentados— a cárceles del interior, llevando con ellos delitos que antes casi no existían en muchos departamentos: hurtos, rapiñas, narcotráfico. Durazno y otros puntos del país lo saben bien.
Pero entonces nos decían que era solo “una sensación térmica”.
Mientras tanto se retiraba a la policía de los estadios porque las barras —según se afirmaba— “se regulan solas”. Se repetía también que reprimir estaba mal, que había que cambiar ese enfoque. Paso a paso, decisión tras decisión, fueron construyendo el escenario de inseguridad que hoy vive el país. Una situación que el gobierno pasado logró contener parcialmente y que ahora, sin plan claro y con discursos cambiantes, parece nuevamente encaminarse hacia una pendiente peligrosa.
También dijeron que iban a “cuidar la plata de los uruguayos”.
Sin embargo, mientras llenan la Presidencia y distintos organismos de cargos, asesores y compensaciones para los propios, toman decisiones de gasto difíciles de justificar. Un ejemplo es la compra de Villa Dolores: un proyecto que termina costando cifras millonarias para instalar apenas seis productores. Otro caso es el llamado “plan de movilidad”, que propone un túnel mucho más caro que alternativas como un tren elevado, con obras que paralizarían la ciudad durante años y soluciones que no son ni las más rápidas, ni las más económicas, ni las más eficientes.
Muchos lo saben. Pocos lo dicen.
Y mientras tanto se intenta instalar la narrativa de que el gobierno está “resolviendo los pequeños problemas”. Pero lo cierto es que, tras un año de gestión, cuesta encontrar un logro que destaque. Las propias encuestas muestran que los uruguayos empiezan a percibirlo.
Así fuimos repasando, uno a uno, los enriedos del Frente Amplio. Porque cada vez que las cosas salen mal aparece el mismo reflejo: negar la realidad y repetir que todo está solucionado. Lo hace, por ejemplo, el exministro Daniel Olesker cuando insiste en que el problema de los medicamentos en la salud pública está resuelto, cuando miles de usuarios saben que no es así.
Frente a ese mecanismo, la responsabilidad de los ciudadanos es simple pero esencial: no callarse.
Porque una mentira repetida muchas veces puede intentar convertirse en verdad.
Pero la verdad, tarde o temprano, termina apareciendo.
Y hoy la verdad es que Uruguay necesita cambiar.