Mareados
Washington Abdala
El gobierno está en problemas. Las encuestas lo barren. Los ministros no lucen. La inseguridad es tremenda. Y la economía no levanta un peso de inversión por allí. Podrá explicar lo que se le antoje al gobierno, pero no logra sostener la inversión que el país necesita, y así nos seguimos endeudando a lo loco en relación con el producto bruto. Un tren bala que termina mal. Mal en serio.
Además, no se les cae una idea para ordenar el gasto, contener el déficit y orientar el país hacia una economía sana. Cero coraje para frenar gasto superfluo. Y los sanguchitos que calientan a un muerto.
Compraron el infierno, están en el infierno. Por más que haya legisladores que ven un mundo color de rosas: la calle los entierra, la gente está enojada y el clima de buena onda terminó hace rato. Esta es la verdad, se quemaron el subsidio del primer año y el segundo lo encaran en un incendio severo.
¿Qué pasa? Se pasan el día haciendo “política” pensando en la “política electoral” y eso los mata. Esto: no lo dice nadie, pero es la verdad.
La paranoia por el poder enloquece al poder. Y el poder solo exige gobernar, no pensar en gobernar soñando en seguir gobernando. Ese esquema mental produce jugadores mediocres, livianos y frívolos.
¿Sabe algo lector? Con todos los pecados que tenemos los colorados y los blancos, los líderes de estas colectividades cuando los cuadros de gobierno están en el poder: acotan el camino, están todo el día pensando en el gobierno y no se les pasa por el coco que se armen tolderías electorales rápido. Es más: las frenaron todas. Juro que esta es la verdad con todos ellos, tienen un llamado de la nación, la república o la patria que no los deja achicar la cancha. No son terrajas, no son cuadro chico. ¿Se entiende?
Esto no pasa ahora que ya sabemos: precandidatos del gobierno, precandidatas, peleas posibles y todo lo demás está a la orden del día y nos viven comentando los sueños de poder de gente que uno no puede creer que vivan en Alicia en el País de las Maravillas. ¡Y eso que los líderes de las colectividades tradicionales -hablo de los veteranos- se sacaron chispas pero siempre tuvieron el límite del sangrero mirando al país! (Y cuando no lo tuvieron el electorado les contó lo que habría de pasar. ¿Capisce?)
¿Por qué es malo eso electoralizar anticipadamente todo? Porque enturbia la gestión de gobierno, se toman menos o más riesgos pretendiendo con eso levantar aplausos. En mi barrio le llamamos “demagogos” a los que actúan así. Se va llenando de demagogos y demagogas el gobierno. Todo pour la galerie.
El cambio de temperamento del aplomado ministro de economía lo dice todo. Va al almuerzo donde todo el mundo le rinde tributo (¿no capta la semiótica?) y los rezonga a todos como niños chicos. A la “política” por discrepar y al “empresariado” por no comprenderlo. Me haca acordar al diabético que se enoja con el médico que le dice que le afloje con los alfajores de dulce de leche y termina enojado con el galeno. Surrealista. Al final hace un reconocimiento a su pecado de mal comunicador, pero no se lo cree. Todos sabemos de vanidades y sabemos cuándo algo es sincero o no.
El gobierno tiene al Pacha Sánchez como el capitán de los submarinos atómicos. El Pacha es el artífice de buena parte de lo que acierta el gobierno, que es poco. Pero Sánchez ya sabe que va a tener que cambiar elencos y hacer refrescos en momentos de distracción de la opinión pública. Inevitables cambios en algunos lugares. Lo irán convenciendo al presidente -de a poco- pero el presidente los hará a su debido tiempo. Se quedó si naipes. Las encuestas le adelantan estas decisiones. Las encuestas lo atormentan al gobierno, y otras que maneja el gobierno hacen que no debieran dudar: vienen mal y ya no es un problema de comunicación, es de gestión.
La gestión de este gobierno no anda y por eso no se comunican bien. Lo aclaro: usted va al teatro a ver una representación, si es mala la performance, es mala, no caerá el actor por la mirada de los críticos especializados, caerá porque la obra es un bodrio y aburre. ¿Se entiende verdad? No es la percepción de la realidad, es la realidad la que es espantosa.
La oposición si pretende que el país cambie de rumbo -sería sensato que no nos hundiéramos en una debacle- tiene que insistir con orientaciones sólidas, con salir de temas urticantes para el mundo y cuidando de no macanear más. Las calificadoras de riesgo no regalan nada y se mueven ante el más mínimo traspié, y Gabriel Oddone que parecía tan enterito, resulta que jugó al contragolpe y tirando pelotas al outball en ese terreno. ¡Pero si se metió solo el gobierno y sus adorados aliados en ese lodazal! ¿Quién empezó a marear con las AFAPS acaso los senadores García, Lema, Botana, Da Silva, Bianchi, Ojeda o Bordaberry?
Si será delirante la cosa que las AFAP “cartelizadas” salieron a hacer publicidad en conjunto. Listo. Fin del debate. Cae el telón. (Nunca vi a un grupo empresarial todo junto remando para frenar un contragolpe. ¿Es ficción eso o fue lo que vimos todos? ¿Sucede a menudo?)
En momentos así, en el segundo año se arma la tendencia: o empiezas a meter goles o vas rumbo al cadalso. Estos flacos van en la segunda. Eso hace que cambien de rumbo de un montón de cosas. Y para eso, -en ciencia política y sociología- se sostiene que la legitimidad la otorga esa situación: empieza el presidente a tener las manos libres para mover ministros y líderes de la administración ante resultados nefastos. Enrocar, sacar, relevar, cambiarlos y ponerlos en otras ubicaciones. Un gobierno es como un cuadro, se mueven las piezas para mejorar el ataque y evitar goles. (Y evitar goles en contra).
¿Qué viene? Simple: un debate sobre si la izquierda va por más izquierda (dirigismo, presión tributaria, expansión del gasto público, morder más a las empresas y a la clase media) o si por el contrario se va más al centro (control del gasto público, búsqueda de inversión genuina en el exterior -al estilo de países que capturan sector privado-, frenar excesos y contener el déficit a fuerza de cuidar cada moneda con un plan inteligente de no dilapidar una moneda).
Ese y solo ese el debate del presidente Yamandú Orsi. O logra que el cuadro se le ordene y el gobierno salve el lío en el que está, o empieza el naufragio y es un pato rengo mucho antes de lo que se imagina. No me animo a decir por cual camino irá. (Depende mucho del Pacha, que -para complicarla más- está metido en una tensión personal porque es obvio que quiere ser candidato: o sea el “deber ser” se le puede confundir con el “ser”. Veremos.)
El primero es suicida. El segundo delicado pero hecho con sentido común y patriotismo es lo único sensato que tiene por delante. Pero ya sabemos cómo son las barras frentistas cuando alienan creyendo que el Estado es una fuente inagotable de Vascolet.
Este tiempo que ingresa es el que definirá el destino del presidente Yamandú Orsi y del país. Tendrá que decidir como sale de esta aventura en la que se metió. La historia del continente es mala. Horrible. Los presidentes terminan con ojos negros. La historia del país no tanto. La mayoría de los presidentes salen del juego con respetabilidad. Muchos no son queridos, aunque ellos vivan deseando eso, pero no, un país con dos visiones hace que los de un lado no quieran demasiado al otro. Algunos son muy resisitidos -inclusive- dentro de sus conglomerados.
Orsi se enfrenta a ese desafío. Lo van a tentar con cierta Chavización o Castrización pero si la evita, sale vivo. Si entra por el aro: pierde él, y perdemos todos.
Prendan velas hasta los no creyentes.