Realidades que golpean
Marcelo Gioscia
Mal que nos pese, las últimas noticias sobre lamentables pérdidas de vida de personas en situación de vulnerabilidad social, a consecuencia de las inclemencias del clima, se han tratado de explicar por autoridades del gobierno, argumentando en un caso, que uno de los fallecidos no estaba registrado (“quedó por fuera de nuestro radar”) y en otro, porque hacía mucho tiempo que no reportaba solicitud de ser asistido.
Las tres muertes ocurridas en el Cerro, a consecuencia de una balacera, al parecer provocada por ejercer el dominio de un territorio, entre bandas de narcos y la inmediata remoción de un jerarca policial de esa zona de Montevideo, no hizo más que dejar al descubierto la grave situación de inseguridad en que se vive, así como la pérdida de libertad y de la calidad de vida de los vecinos.
En ambas situaciones, con resultado muerte, se ha manifestado que existen planes de contención y que finalmente, se encarará la problemática, pero la eficacia de dichos planes, aún no se muestra, ni menos aparecen como efectivos.
Advertimos que nuestra sociedad, sigue poco a poco acostumbrándose a tales realidades que, a la postre “anestesian” a la opinión pública por su cotidiana frecuencia.
Como ocurre con los suicidios, que se constatan en un índice que realmente alarma y con las pérdidas de vidas de mujeres a manos de sus parejas.
Estas noticias, pueblan todas las semanas las páginas rojas de los informativos y artículos de prensa que nos impactan, a quienes observamos -no sin preocupación- que además y por otro lado, se celebra tanto la aprobación de la ley de interrupción voluntaria del embarazo, como la primera muerte por la ley de eutanasia, lo que parece un contrasentido.
Mientras, nuestra población sigue sin crecer y se insiste con que formamos parte de un país envejecido.
Tampoco se vislumbran planes promocionales que efectivamente impulsen a los jóvenes a encarar su futuro con entusiasmo, ni menos a aumentar su prole en la seguridad de un entorno que brinde posibilidades reales de un crecimiento productivo.
Ciertamente preocupante es esa “anestesia” de la que hablamos, lo que no permitiría encarar con responsabilidad social ni política, las distintas problemáticas que hacen a valores constitutivos tan caros a nuestra sociedad.
No es posible aceptar pacíficamente tal indiferencia o negación de la realidad que nos golpea, si es que realmente nos interesa poder revertirla. De una vez por todas, debiéramos exigir que los responsables de las políticas públicas -a las que se destinan ingentes recursos financieros- asuman los costos de su aplicación y la efectividad de su implementación en favor del mejoramiento social que se anhela.
Llegaron al gobierno para hacerse cargo y el descontento que se advierte y se constata en las encuestas -mal que les pese- obedece a la comprobación diaria de esa falta de enfoque, que demuestra una inatención de los organismos públicos responsables, que refuerzan inequidades, las que en definitiva afectan la calidad de vida, más allá de lo ideológico de cada uno.