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El fin de la parsimonia:

el invierno que despertó a Uruguay

César García Acosta

La plaza Independencia amanece fría, rodeada por ese gris plomizo tan típico del mes de junio montevideano. Esta portada de OPINAR nos muestra la estampa del Palacio Salvo apenas recortada por el cielo, con la estatua de Artigas erguida custodiando ese paseo urbano rodeado de palmeras movidas por el viento que llega desde el Río de la Plata. Todo parece normal, pero esta calma de otoño -casi invernal- es solo una fachada. Como lo vemos -en realidad- el gobierno parece estar asumiendo, a los tropezones, ¿El fin de la parsimonia?

Uruguay casi desde siempre ha sido percibido desde afuera como un oasis de estabilidad y consensos, en una región acostumbrada a los volantazos, aunque de a poco vaya transitando los casilleros de un tablero social cada vez más inflamado.

El Frente Amplio, como partido de gobierno, tiene claro que esto no es una novedad: sucedió y sucederá. La exsenadora Lucía Topolansky, ya se refirió a estos estados del “alma” frentista, diciendo públicamente que “el susto despertó al mamado”. Lo dijo un 26 de agosto de 2014 cuando ya se advertían procesos sociales complicados

La expresión, que se convirtió en una de las metáforas más icónicas de la política uruguaya contemporánea, surgió bajo un contexto muy específico en una campaña electoral:

El origen del «susto», se hizo popular en agosto de 2014 cuando varias consultoras de opinión pública, publicaron encuestas que mostraban una baja sostenida en la intención de voto del Frente Amplio y un estancamiento frente de la oposición. El significado de «el mamado» se vinculaba a la por los números. Topolansky apeló al refrán popular criollo para explicar que la militancia frenteamplista, que venía un tanto «quieta» o aletargada, reaccionó de golpe ante el temor real de perder el gobierno. En sus propias dijo: «Quiso el sordo González (de CIFRA), y otros, despertar al mamado. Ojalá se despierte del todo».

Años más tarde, durante la campaña electoral de octubre de 2019, la propia Topolansky (en ese momento vicepresidenta de la República), reflotó oficialmente su famosa frase en una conferencia de prensa en Florida, afirmando con picardía que la militancia se había vuelto a activar porque «el mamado está alborotado».

EL PULSO DE LA CALLE Y LAS URNAS Hoy, aquella frase de Topolansky capta la esencia del actual dilema.

A la izquierda, en la imagen de nuestra portada se muestra un mar de banderas del PIT-CNT que interrumpen la postal urbana. No es una movilización aislada; es la acumulación de un malestar que viene ganando temperatura desde las bases sindicales. Las consignas que antes se discutían a puertas cerradas hoy trancan las negociaciones: la exigencia de reducir la jornada laboral sin pérdida salarial y la audaz propuesta de aplicar un impuesto del 1% a los sectores más acaudalados del país.

Del otro lado del espectro, la presión recae sobre la Torre Ejecutiva. El gobierno de Yamandú Orsi enfrenta su primera gran prueba de fuego con la discusión de la Rendición de Cuentas. Desde los gremios estatales, nucleados en COFE, la respuesta a la pauta oficial ha sido unánime: el rechazo absoluto a lo que califican como políticas de «costo cero» y una declaración de «alerta permanente» que promete un invierno de paros y movilizaciones consecutivas.

Si algo más podía suceder, Rodrigo Ari, director de la OPP, reveló que por un error no existe una partida definida para las obras de la Biblioteca Nacional, y que el proyecto aún está en etapa de presupuestación. En realidad, negó que el gobierno tenga asignados US$ 20 millones para reformar la Biblioteca y explicó que hubo “un error de comunicación” en torno al anuncio realizado esta semana. Las declaraciones fueron realizadas en el programa Aire rico de FM Del Sol, dos días después de que Presidencia difundiera un plan de transformación para la Biblioteca Nacional con una inversión estimada en US$ 20 millones para obras edilicias y otros US$ 10 millones para un nuevo modelo de gestión.

LA ECONOMÍA EN LA PENDIENTE Pero el elemento más disruptivo de la composición visual de la portada de esta edición de OPINAR lo centramos en esa flecha roja, quebrada y descendente, que corta la Plaza Independencia como una grieta. Representa el «frenazo» de la actividad económica, un dato que las consultoras y los organismos internacionales ya no pueden maquillar. La desaceleración es un hecho y el fantasma de una recesión técnica sobrevuela las mesas de análisis en la Ciudad Vieja.

Esta pérdida de dinamismo golpea de forma asimétrica. Mientras el grueso de los Consejos de Salarios logró abrochar acuerdos, los sectores industriales —especialmente el lácteo, el cárnico y el frigorífico— crujen bajo el peso de reestructuras empresariales y el uso recurrente del seguro de paro. El miedo al desempleo, según revelan las últimas encuestas, escaló posiciones hasta convertirse en una de las principales preocupaciones públicas, palmo a palmo con la inseguridad.

LA TRAGEDIA BAJO EL FRÍO La tensión política no solo se alimenta de macroeconomía; se nutre, fundamentalmente, de las realidades más crudas de la periferia social. La zona inferior de la portada rescata un hecho que conmovió la agenda de mayo: el fallecimiento de una persona en situación de calle durante la última ola de frío extremo.

El triste episodio encendió un cruce de acusaciones feroz entre el oficialismo y la oposición respecto a la gestión y capacidad de los refugios estatales. Es la muestra más dolorosa de un Uruguay que debate sus niveles de vulnerabilidad a la intemperie, lejos de los despachos climatizados donde se redactan los presupuestos.

La parsimonia, esa lentitud pausada y previsible que define el ritmo de la vida uruguaya, parece haber encontrado su límite en este mayo de 2026. La portada no es una exageración gráfica; es la fotografía de un país que se debate entre la necesidad de ajustar sus cuentas y el imperativo de contener las demandas de una sociedad que ya no quiere esperar.

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