Política nacional

Hablar de Batlle y el Batllismo siempre garpa

Daniel Manduré

Hablar de Batlle y Ordóñez vale la pena, es redituable, usando el lunfardo podríamos decir que hablar del Batllismo siempre «garpa».

El Batllismo se encuentra en las acciones y decisiones que toman a diario la inmensa mayoría de los uruguayos, de gobernantes pero también del ciudadano de a pie. El Batllismo anida, en muchos aún sin saberlo, en el corazón de los uruguayos y aunque parezca irónico incluso en las acciones de sus detractores, de quienes muchas veces intentan, no con demasiada suerte, descalificarlo o desacreditarlo.

Estos últimos días hemos presenciado dos hechos donde el Batllismo ha sido protagonista.

Uno nos llena de orgullo, el otro, mejor olvidarlo.

El gobierno anunció el fortalecimiento de las políticas dirigidas a atender a la primera infancia, 50 millones de dólares serán destinados para atender a niños de entre 0 y 3 años. Ello se hará a través de esa formidable herramienta batllista creada en 1988 en su primer gobierno por Julio Maria Sanguinetti. Si, en 1988, por las dudas que algunos intenten vestirse con ropaje ajeno.

Un instrumento creado por el batllismo al servicio de la República para favorecer a los más débiles, esencia de la Batllidad.

Causa orgullo ver a jóvenes ingresar a centros de estudios y recordar que la ley que creó los liceos departamentales fueron leyes de gobiernos colorados y batllistas o como Figari creara la Escuela de Artes y Oficios que luego en 1942 diera lugar a la Universidad del Trabajo.

Infla el pecho saber que al hablar de los más desvalidos fueron gobiernos batllistas que crearon las pensiones a la vejez o por invalidez.

Como pensar en el trabajador y recordar la ley de 8 horas o la creación de los consejos de salarios.

Tantos haciendo gárgaras con la laicidad pero que fue el Batllismo en 1918 que por ley separara Iglesia del Estado, un estado que no mantiene religión alguna pero que garantiza la libertad de todas las expresiones religiosas.

Aquí nos queremos detener y decir como los principales violadores a la laicidad de estos últimos años han utilizado a Batlle en un intento desesperado para promocionar la recolección de firmas contra la Luc, me refiero a la desprestigiada Fenapes.

Abandonan por un ratito ese tufo fascista que los mueve usando a Don Pepe.

Dejan de pasearse por un instante con las banderas del Che, con frases como «Dentro de la revolución todo contra la revolución nada» del barbado lider comunista, dejan en un rincón las banderas desteñidas y apolilladas de la lucha de clases, para vestirse con ropaje más adecuado al momento, aunque esa ropa no les sienta bien

¿Batlle y Ordóñez le pertenece al Partido Colorado?, claro que no!

Batlle es Uruguay, Uruguay es Batllista.

Cuando se acercan elecciones u otros momentos de decisiones importantes se recurre a el, a su figura, a su gestión, a sus ideas a su filosofía.

Batlle eligió para ello al Partido Colorado, no eligió a ningún otro para   desplegar su formidable revolución social.

Batlle no creía en la lucha de clases. Creía en el poder inigualable del voto en las urnas y no en el poder de las balas.

Verdaderamente ¿puede creerse que Slamovitz y compañía creen en el ideario Batllista?

Sinceramente ¿se puede pensar que quienes reivindican la lucha de clases, violadores de todas las formas posibles de la laicidad que tanto defendió Don Pepe ahora lo idolatran?

¿O será un intento desesperado por juntar firmas a las que no llegan? Intentando engañar y confundir a la gente, porque nada hay en la Luc contario al ideario batllista ¿No será tal vez una forma de intentar «mojarle la oreja» al Partido político que los viene denunciando por utilizar ilegalmente horas sindicales, que no van a trabajar y que dejan sin su aprendizaje a cientos de jóvenes?

Creo que por este lado viene la cosa.

Y como siempre aparece algún ex colorado que aprovecha a dar algún palito hacia la interna, intentando dar cátedra, pero que no tuvieron la valentía para pelearla desde adentro.

Digamos las cosas como son, no fue un tema de principios, no tenían votos, no lograron convencer, por eso se fueron.

No me imagino a Aparicio Saravia, Herrera o Leandro Gómez fuera del Partido Nacional, no me imagino a Frugoni fuera del Socialismo, no me imagino a Batlle fuera del partido de Rivera, Joaquín Suárez, Arena o Baltasar Brum.

Pero entiendo a los huérfanos de ideas, el Batllismo siempre «garpa».

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