Política nacional

La política monetaria y sus costos

Tabaré Viera

Por el impacto del precio del dólar y ante un déficit en el balance del Banco Central, el gobierno estudia efectuar una capitalización de la entidad bancaria central.

La carta orgánica del BCU fija el patrimonio mínimo de la institución en 5.000 millones de unidades indexadas (UI), y al 31 de diciembre de 2025 el patrimonio neto del banco se ubicaba en 2.607 millones de UI por debajo del mínimo legal.

El análisis del balance del Banco Central del Uruguay (BCU) frente al aumento del dólar vuelve a poner sobre la mesa un problema estructural: la fragilidad financiera de la autoridad monetaria y el costo oculto de la política cambiaria.

En primer lugar, el impacto del dólar sobre el balance del BCU no es un fenómeno inesperado, sino la consecuencia directa de una estrategia: intervención cambiaria, acumulación de reservas y emisión de instrumentos en pesos a tasas elevadas.

Cuando el tipo de cambio sube, el BCU registra ganancias contables por sus activos en dólares, pero simultáneamente enfrenta mayores costos por su pasivo en moneda local indexado a tasas altas. El resultado final suele ser un deterioro patrimonial.

En segundo lugar, la eventual necesidad de una nueva capitalización por parte del gobierno confirma un dato preocupante: el Banco Central no logra sostener su equilibrio financiero sin asistencia fiscal.

Esto implica trasladar al contribuyente el costo de decisiones de política monetaria que no han sido suficientemente transparentadas en términos de consecuencias.

Esto plantea tres cuestionamientos centrales:

1. FALTA DE PREVISIÓN.

El gobierno parece reaccionar ante los efectos del dólar en lugar de anticiparlos. La volatilidad cambiaria no es un evento extraordinario sino parte del funcionamiento normal de una economía abierta.

2. COSTO CUASI FISCAL CRECIENTE.

La capitalización del BCU no es neutra como a expresado el subsecretario de economía Martín Ballcorba: implica recursos públicos que podrían destinarse a prioridades sociales o productivas. Se consolida así un “déficit oculto” que no siempre aparece claramente en la discusión presupuestal.

3. INCONSISTENCIA EN LA POLÍTICA ECONÓMICA.

Se intenta contener la inflación con tasas altas, mientras se acumulan desequilibrios en el balance del Banco Central. Esta tensión entre objetivos (inflación vs. sostenibilidad financiera) no ha sido resuelta de manera clara.

CONCLUSIÓN.

Lo que se presenta como un problema técnico del balance del BCU es, en realidad, un problema político: decisiones de política económica que terminan socializando pérdidas.

Como hace mucho sabemos, no hay almuerzos gratis en economía, cada intervención tiene un costo. Hoy ese costo aparece bajo la forma de una posible capitalización que pagarán todos los uruguayos.

La discusión de fondo no es contable, sino de rumbo: si el país va a seguir financiando desequilibrios del Banco Central o si se revisa en profundidad la estrategia monetaria y cambiaria.

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