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Roja para Cabildo

César García Acosta

El viernes 5, a las 10:55 horas, Pedro Bordaberry sentenció por twitter lo que fue la descripción más atinada sobre la decisión del Presidente Lacalle en el affaire con Cabildo Abierto: “es roja directa, y si no lo es por acumulación de amarillas varias. Bien el Presidente”.

Para el expresidente Julio María Sanguinetti, actual secretario general del Partido Colorado, la motivación de Torre Ejecutiva hace “obvia la renuncia de la ministra. Es obvio que va a renunciar” insistía Sanguinetti revelando su clarísima concepción republicana, cuando aún Cabildo Abierto y Manini en particular, no habían lanzado su cúmulo de amenazas al Gobierno. Mientras tanto, la ministra cuestionada, Irene Mareira, esposa del senador Guido Manini Ríos, se atrincheraba en el Ministerio de Vivienda, en Ciudad Vieja, en una actitud desafiante que se terminó cuando Lacalle al promediar la tarde la llamó y le anunció que la había cesado.

“Cabildo Abierto y la ministra pretendieron confundir a la población: no existe norma para tener un cupo ministerial para darle una vivienda a una persona de su partido. Si eso se hace es corrupción”, dijo el senador Alejandro Sánchez.

También el presidente del Frente Amplio, Fernando Pereira, fue categórico al hablar de “clientelismo” en una rueda de prensa que brindó en la Huella de Seregni de tarde.

El ministro de Trabajo (Partido Independiente), Pablo Mieres, que ha tenido desencuentros con Manini Ríos en estos años de gobierno, expresó su visión a través de la red social Twitter. Allí señaló que con su decisión, el primer mandatario “reivindicó la importancia de actuar en base a normas jurídicas y evitar el manejo discrecional y arbitrario para determinar el acceso de los ciudadanos a bienes y servicios públicos”.

Pero la actitud de Manini Ríos y de Cabildo, que a todas luces resulta por lo menos destemplada, en realidad es consecuencia de la impronta radical de la mayoría de sus dirigentes.

Para explicarlo claramente nos apoyaremos en lo que sostenía Carlos Quijano en Marcha el 3 de diciembre de 1965. A propósito del concepto “Política”, sostenía: “decía el diccionario de la Real Academia Española, que política es el arte de gobernar y dar leyes y reglamentos para mantener la tranquilidad y la seguridad públicas, y conservar el orden y las buenas costumbres”. Pero esta definición correspondía a la edición del año 1939, y en ese año es reconocido por la misma Academia, era el año de La Victoria. La Victoria es la caída de la República y la ascensión de Franco. Tal definición venía de antes y se mantiene hasta la edición de 1947. En la de 1956, varía. Se dice ahora [arte, doctrina u opinión referente al gobierno de los Estados]. Y también [actividad de los que rigen o aspiran a regir los asuntos públicos]”.

Al igual que Franco los cabildantes en la República uruguaya han entendido que un Ministerio debe ser un centro de poder, un compartimento estando, un ámbito donde sólo importa el perfil político del ministro de turno. Sin embargo, para los republicanos esenciales, un ministerio es una secretaría de Estado, y su titular apenas un dependiente más del Presidente. Como Franco, para los cabildantes la “ley” no es lo “usual”, sino lo discrecional, y ésta invariablemente, se confunde con la arbitrariedad.

El ex fiscal argentino Luis Moreno Ocampo definía a la corrupción con la siguiente ecuación: C=D+P-T (corrupción es igual a discrecionalidad más poder menos transparencia).

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