19 años
La militancia de Opinar
César García Acosta
Hace 19 años, de modo militante, y sin otra pretensión que poder decir lo que pensamos, editamos semanalmente el semanario Opinar.
En esta segunda época, y más allá de la conducida por Enrique Tarigo entre 1980 y 1985, nuestra publicación pretende también dar voz a quienes, profesando una filosofía política socialdemócrata, persiguen un sentimiento común por la convivencia pacífica, la ley, el orden, la justicia y ese personalísimo sentimiento liberal que en Uruguay está instalado más allá del coloradismo y el batllismo.
Desde el punto de vista político la tendencia editorial es claramente batllista. Somos eso por naturaleza y por una definición personal. Pero justo es decirlo, las páginas de Opinar se nutren semanalmente con el punto de vista de muchos columnistas que provienen de otros ámbitos del espectro político, y que lo hacen defendiendo las mismas ideas conceptuales que nosotros.
Cohabitar en este marco nos permite acceder a visiones diferentes, comprender y acordar sobre temas y conflictos que, siendo comunes, muchas veces nos enfrentan como consecuencia del estereotipo o el relato.
Umberto Eco nos recuerda en su obra que los mensajes no tienen un único significado. Cada persona interpreta la realidad desde su experiencia, su contexto y su forma de ver el mundo. Por eso, comunicar no es solo decir algo, sino que en esencia es abrir posibilidades de interpretación.
A eso se encaminó, como se hizo en su primera época, esta versión del semanario Opinar que comenzó allá por el 21 de mayo de 2007, hace 19 años, después de analizar, contextualizar y mucho dudar sobre el significado de traer a la vida una historia que habiendo sido exitosa, ya estaba instalada en el pasado, habiéndose dejado de editar fundamentalmente por el rol que a varios de sus de editores y columnistas habían pasado a desempeñar en el gobierno a la salida de la dictadura.
Enrique Tarigo, aquel profesor de la Facultad que muchos reconocían como uno de los más destacados especialistas en derecho procesal, vieron en sus columnas de opinión, incluso las del diario EL DÍA, que era más que otra cosa un líder cargado de ideología, lo que daba lugar a un perfilamiento político consistente con la visión que muchos tenían y buscaban en las sombras de la dictadura.
Pero Tarigo, como colorado y batllista, era antes que nada filosóficamente un liberal que encontraba en el Estado, y particularmente en la socialdemocracia, la respuesta adecuada para aquella justicia social constitucional que tantas veces había recreado en las aulas de su Facultad de Derecho.
En nuestro caso Opinar también era un desafío al silencio obligado por una estructura partidaria obsoleta que no logra despegarse de la rigidez insensata de lo que fue, y que ya no es. Si bien ese debate no es sobre la dictadura, como lo experimentó Tarigo, la sobrevenida democracia por la auto imposición política de muchísimos colorados que se fueron y engrosaron las filas de otros partidos, nos dejó a todos desprotegidos ideológicamente.
Buscar lo que se había perdido, como la realidad batllista desde un contexto reformista, pasó a ser algo sólo concebible con la mediación de un Estado garantista con quien el partido no podía estar omiso. Hacer honor a este concepto validaba desde -adentro y afuera- conceptos tales como los de la seguridad jurídica necesaria para que las cosas sean posibles.
Filosóficamente hay tres frases ineludibles en los sentimientos que Eco y en buena medida Tarigo profesaron y que dejaron como contrapeso en Opinar: «Pienso, luego existo» (de René Descartes), porque como pilar del racionalismo filosófico, plantea la duda como el único camino seguro hacia la certeza de la propia existencia. «La imaginación es más importante que el conocimiento» (de Albert Einstein): como un recordatorio de que la creatividad y la visión son fundamentales para el progreso y la innovación; y finalmente, «Sé el cambio que quieres ver en el mundo» (de Mahatma Gandhi): como la poderosa invitación a tomar la responsabilidad personal e inspirar a otros a través de los propios actos.
Apenas por esa senda seguimos intentando hacer comunicaciones en Opinar.