Política nacional

La inversión exige luces largas

Ramiro Rossi

Integrante del CED del PC de Salto

Durante los últimos meses, las dos palabras más repetidas por los jerarcas políticos salteños han sido: inversión y presupuesto. Hoy, con el diario del lunes y un presupuesto encaminado, se observa una reestructura en la jerarquía de direcciones de la Intendencia con una prioridad marcada en la inversión, algo que personalmente veo con buenos ojos.

Pero lo que nos trae acá es otra cosa: cuando hablamos de inversión, ¿a quién estamos esperando que venga? Según datos del Instituto Nacional de Estadística, en Uruguay hay aproximadamente 220.000 empresas activas. De ellas, alrededor del 87 % son microempresas, cerca del 10 % pequeñas, 2,4 % medianas y apenas 0,4 % grandes. Es decir, más del 99 % del tejido empresarial uruguayo está compuesto por micro, pequeñas y medianas empresas.

Entonces la pregunta es inevitable: ¿Espera Salto realmente atraer parte de ese 0,4 %?

Por más que iluminemos avenidas, arreglemos plazas o limpiemos calles —que está bien hacerlo— no contamos con lo fundamental que suele atraer a ese porcentaje: no tenemos puerto de carga, no tenemos vías férreas operativas para transporte pesado, no tenemos zona franca, estamos lejos de la capital donde se aprueban y se firman muchas decisiones estratégicas.

Quizás los recursos no deban volcarse en pensar en atraer una industrialización que, en el contexto actual, no resulta atractiva por nuestra ubicación.

Mientras tanto, Uruguay, como ha repetido el Ministerio de Economía y diferentes empresarios en múltiples oportunidades, presenta hoy una estabilidad poco común en la región: inflación en rango meta, reglas claras y una calidad de vida alta.

Esto no es relato; los números lo respaldan. En los últimos años se ha registrado un aumento sostenido en las solicitudes de residencia para venir a vivir al país. Solo entre enero y mayo de 2024 se iniciaron más de 5.000 trámites de residencia, prácticamente el doble que, en el mismo período de 2022, con un promedio cercano a 70 solicitudes por día, según datos oficiales de la Dirección Nacional de Migración. Y entre enero y noviembre de 2024 se superaron las 17.600 solicitudes de residencia temporaria y permanente, lo que implicó un crecimiento cercano al 48 % respecto al año anterior. Argentinos y brasileños encabezan esa lista.

Es decir: la gente ya está eligiendo Uruguay para vivir. Entonces la pregunta vuelve a ser estratégica. Si el país ya es atractivo, ¿por qué Salto no podría posicionarse dentro de esa corriente?

¿No será momento de empezar a pensar en un shock inmigratorio de jubilados? De incentivarlos a vivir y retirarse en Salto.

Miami lo entendió hace décadas. Desde el norte de Estados Unidos se promueve activamente que los jubilados migren hacia el sur en busca de clima cálido, servicios adaptados y calidad de vida. Construyeron un modelo económico alrededor de eso: salud, recreación, inmobiliaria, gastronomía, servicios financieros.

Salto tiene el agua termal más caliente del corredor termal, con propiedades terapéuticas comprobadas. Tiene tranquilidad, costo de vida menor que la capital, contacto con la naturaleza.

El foco debería estar en volver a Salto un imán para jubilados.

Desarrollar infraestructura pensada para ellos. Potenciar actividades como golf, pesca, ciclovías, turismo termal de larga estadía. Generar incentivos fiscales locales. Pensar en barrios adaptados.

Debemos empezar a trabajar en buscar esa inmigración dentro del propio país, jubilados de Montevideo que buscan otra calidad de vida, y también en nuestros dos vecinos que ya eligen Uruguay como destino: Argentina y Brasil.

No se trata de inventar nada extraordinario. Se trata de entender dónde está la oportunidad real.

Porque si el 0,4 % de las grandes empresas no tiene razones estructurales para instalarse en Salto, tal vez el camino no sea insistir en lo que no somos, sino potenciar lo que sí tenemos.

Bien dice un viejo proverbio:

“Cada cual hace pan con la harina que tiene”.

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