Personas en situación de calle:
Crisis que se agrava día a día
Daniel Manduré
La problemática de las personas en situación de calle en Uruguay y particularmente en Montevideo ha dejado de ser una emergencia coyuntural para transformarse, desde hace un buen tiempo, en un problema estructural en permanente expansión. Angustiante desde el ángulo que se lo mire, que se agrava y no encuentra respuestas efectivas. Un gran y delicado problema que nos debe interpelar a todos, desde lo humano como desde lo social. Dormir a la intemperie envueltos en trapos, cartón o nylon, alimentarse revolviendo basura, sin acceso a la higiene, es la cara más dura y cruda del problema. Pero está la otra dimensión, también muy preocupante y que afecta a miles de ciudadanos: veredas, puertas de hogares, comercios y plazas públicas copadas, suciedad, malos olores, personas haciendo sus necesidades en la vía pública, consumo problemático, robos, hurtos, reyertas violentas.
Mientras tanto la impotencia, pasividad y sobre todo ineficacia del Estado una vez más presente, el rol central del Mides en este tema no colma en lo más mínimo las expectativas. Una reacción lenta, improvisada y absolutamente parcial.
Ya no solo somos los opositores al gobierno que marcamos una gran preocupación en la falta de respuestas, sino que la propia dirigencia frenteamplista es la que viene realizando criticas fuertes, por ausencia de resultados e ineficacia en la gestión.
Las causas y los diagnósticos los conocemos muy bien. ¡Somos los reyes de los diagnósticos! Pero faltan las soluciones de fondo.
Salud mental, más del 50% de esas personas en situación de calle padecen trastornos psiquiátricos sin tratamiento. Más del 60% con problemas de adicciones. La falla reiterada y continua al momento del egreso del sistema carcelario, más del 30% tienen ese origen. La fragmentación familiar y exclusión social también es otra de las causas. La ausencia de coordinación institucional con una evidente desarticulación entre el área de la salud, seguridad, desarrollo social e incluso de gobiernos locales.
Apenas el esbozo de algunos esfuerzos aislados y descoordinados. Un gobierno que va a los empujones, para atrás y para adelante, hacen y deshacen, están confundidos. Criticándose entre ellos, a un año de iniciar el gobierno aún no se ponen de acuerdo
Así es muy difícil.
Un problema grave que dejó de ser solo socio económico para transformarse además en un problema de seguridad pública y sociosanitario.
Este problema ha contribuido también notoriamente en el deterioro de la ciudad, sobre todo de Montevideo, porque el 80% de esas personas se encuentran en la capital, tanto en zonas comerciales como residenciales. Han aumentado las intervenciones policiales por conflictos en la vía publica, muchas veces con cortes carcelarios y crecen las denuncias por la ocupación de espacios públicos.
Las fallas son evidentes, no se puede seguir por el mismo camino.
Esa falta de soluciones va consolidando el problema y la permanencia en la calle.
El error mas grande en este tema es abordarlo exclusivamente desde el punto de vista asistencial. Dar comida o un techo nocturno es necesario, pero totalmente insuficiente. Como en otros temas aplicamos la “política de los parches” sin abordajes obligatorios en casos extremos, sin tratamientos de salud mental exigible, sin programas de rehabilitación ni de reinserción efectiva. Donde el sistema termina siendo una puerta giratoria.
Peor aun es cuando en alguna opinión, la inacción se disfraza de libertad individual. ¿Qué libertad pueden tener las personas que viven en la calle, esclavas de sus adicciones, enfermas psiquiátricas y que comen de la basura? Ninguna.
La convivencia urbana se hace imposible, el ciudadano trabajador que paga sus impuestos y cumple con sus obligaciones tampoco es libre. Vive presa por la violencia, suciedad y conflictos que en muchos de estos casos van generando esta lamentable situación.
Garantizar derechos implica también garantizar orden. Debe existir un equilibrio entre la sensibilidad social muy necesaria en estos casos y la firmeza al momento de buscar soluciones.
El gobierno va una vez más administrando la crisis. La situación se agrava cada día que pasa. Se actúa sobre la emergencia, pero no escuchamos nada sobre el ataque frontal a las causas.
El gobierno que pasó, más allá de las grandes dificultades de los primeros dos años de pandemia, tampoco le encontraron la vuelta. Eso hay que decirlo y no hacerse trampas al solitario o mentirse a uno mismo. Nada mejor para volver a ser gobierno que reconocer esos debes que se tuvieron. Hay que revertir esa situación e hincarle el diente con determinación. Sobre todo, con soluciones.
Mientras tanto las personas en situación de calle siguen creciendo. El Estado no está logrando proteger ni integrar a los mas vulnerables, ni asegurarle a la población una mínima condiciones básicas de convivencia.
Lo realizado por el Mides es absolutamente insuficiente, basado en refugios nocturnos y asistencia muy básica.
La baja capacidad de retención, ausencia de un abordaje integral, falta de continuidad en los procesos y fracaso rotundo en la reinserción.
Las criticas del propio Frente Amplio demuestra una clara crisis de gestión.
Un estado omiso
Una política eficaz requiere un giro claro: Un sistema integral obligatorio, Centros de atención 24 horas, equipos multidisciplinarios en territorio en forma permanente, programas de inserción concretas, seguimiento obligatorio, recuperación efectiva del espacio público, como del respeto a la propiedad privada.
Esta situación no es sostenible desde ningún aspecto, ni desde lo humano, lo urbano ni desde lo político. Es evidente el grave error al momento de diseñar políticas.
Un gobierno no puede hacer gárgaras con la justicia social mientras fracasa estrepitosamente en atender a los más vulnerables ni tampoco aplica el verdadero sentido de la justicia si no defiende el derecho de los ciudadanos a vivir seguros.