Política nacional

El problema del estado uruguayo (2)

Jorge Nelson Chagas

“Las actas que se transcriben más adelante no pueden dar idea de las complicadas maniobras y sutiles negociaciones que se desarrollan paralelamente. Llamadas a la Casa de Gobierno, entrevistas reservadas en alguna confitería de la Plaza Matriz, viajes a Santa Clara, cenas en quintas del Paso Molino, cónclaves secretos en las redacciones de los diarios…”

Esta cita describe vívidamente como era la vida política uruguaya a comienzos del siglo XX. Salvo excepciones era un coto reservado de una pequeña élite absolutamente masculina, que se reconocía mutuamente como integrante del mismo grupo social. Vivían en los mismos barrios, las “quintas del Paso Molino”. Frecuentaban los mismos lugares, “alguna confitería de Plaza Matriz” o “las redacciones de los diarios”. Y, compartían un mismo estilo de vida.

¿Una casta…? Nada de eso. En realidad, pese a sus duras y muchas veces sangrientas diferencias, estaban de acuerdo en los principios del liberalismo del siglo XIX. Pero, a diferencia de Europa, no eran el sustento ideológico de sectores industriales. En Uruguay y en el resto de América Latina, la industrialización todavía estaba en pañales. Lo que sí sostenían estos liberales es a regímenes oligárquicos de exclusión política.

¿Cómo era esto? Muy sencillo. La política uruguaya de comienzos de siglo estaba fundada, formalmente, en principios liberales, pero no democráticos. La política era organizada desde arriba y controlada por un puñado de hombres, aunque no necesariamente por gente de mayor fortuna. (por ejemplo, Julio Herrera y Obes murió en la pobreza).

Ahora bien, el caso uruguayo presenta una particularidad con respecto al resto de América Latina. Este núcleo pequeño de políticos tenía que negociar, les gustara o no, con los caudillos militares rurales. No es nada casual la referencia, a los “viajes a Santa Clara”. Ahí estaba la estancia de Aparicio Saravia, señor de la frontera. Imposible prescindir políticamente de él.

Sin embargo, su tiempo histórico se estaba agotando. Cuando Batlle asume la presidencia en 1903, el Estado ya contaba con las herramientas para imponer su dominio sobre todo el territorio nacional. El ferrocarril, el rifle Remington, la ametralladora, el telégrafo, y pese a que Batlle tuvo que lidiar con oficiales formados en el santismo, era un cuerpo competente. Todos sabemos cómo terminó esta historia. Batlle le colocó la frutilla a la torta, logrando consolidar la autoridad estatal. La administración batllista logró así desembarazarse del lastre que significaban, para las finanzas públicas, las guerras civiles. Al no existir urgencias financieras derivadas de la situación bélica, se presentó un escenario propicio para poder equilibrar y aún hacer superavitarios sin los resultados financieros del gobierno.

Es correcto que el batllismo a través de la continua prédica periodística y parlamentaria a favor de las nacionalizaciones fue moldeando la conducta y el espíritu de vastos sectores sociales. Pero la cultura estatista ya estaba instalada desde mucho antes en Uruguay. Lo que hizo en realidad el batllismo fue colocar al Estado al servicio de las clases populares. La matriz del pensamiento económico del batllismo sostuvo que el Estado, como representante del interés de la comunidad, sustituía con ventaja a los monopolios privados. Estos últimos no podían cumplir nunca con los roles sociales implícitos en muchas actividades económicas, ni utilizarían sus ganancias con finalidades comunitarias. Tampoco administrarían correctamente los recursos. Sólo el Estado podía cumplir cabalmente estas funciones.

Pero es en este punto donde hay que hilar fino. Batlle no abrazó nunca la utopía despótica comunista de una absoluta igualación social desde el Estado. No renegó de la actividad privada. Todo lo contrario. Fomentó y protegió la industria nacional. Nunca dijo, como muchos creen, que el Estado debía ser el escudo de los pobres. Sino que en una convención batllista de 1926 expresó que “el Partido (batllista) debe ser el escudo de los débiles”.

Si algo resulta claro es que, desde el Estado, Batlle construyó a las clases medias uruguayas no sólo desde el punto de vista material sino, también, insertó ese concepto en la psiquis social uruguaya.

Pero existe un detalle más en la época batllista que debe ser tenido en cuenta por haber influido en la estructura del Estado: la modernización de la política.

¿Qué fue lo que sucedió?

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