La figurita sellada
Ricardo Acosta
La comparación realizada por Alejandro Sánchez entre la seguridad pública y el debut de Uruguay en el Mundial dejó una pregunta difícil de ignorar. ¿Cuánto tiempo más necesita un gobierno para ser evaluado? Porque una cosa es pedir paciencia al comienzo de un proceso. Otra muy distinta es seguir pidiéndola después de más de un año de gestión.
No fue un vocero secundario quien realizó la comparación. Fue uno de los principales operadores políticos del oficialismo, una de las figuras con mayor peso dentro del gobierno y uno de los hombres llamados a explicar decisiones que trascienden un ministerio o una repartición.
Hay metáforas que ayudan a explicar una situación.
Y hay metáforas que terminan revelando un problema.
La utilizada por el secretario de Presidencia para defender los cambios en la cúpula policial pertenece a la segunda categoría.
Según Sánchez, no corresponde sacar conclusiones apresuradas. Como ocurre en el fútbol, los procesos necesitan tiempo. Los resultados no se miden en un solo partido. Las evaluaciones requieren perspectiva.
La explicación puede resultar razonable.
Lo que ya no resulta tan sencillo de explicar es por qué el gobierno continúa apelando al mismo argumento después de más de un año de haber asumido el poder.
Porque la seguridad no empezó en marzo de 2025.
Y tampoco empezó cuando Alejandro Sánchez pronunció esa frase.
La seguridad fue uno de los grandes temas políticos de los últimos años.
Fue una bandera de campaña.
Fue una crítica permanente al gobierno anterior.
Fue una promesa de cambio.
Durante cinco años el Frente Amplio señaló errores, cuestionó estrategias y sostuvo que existían caminos alternativos para enfrentar el problema.
Lo hizo con convicción.
Lo hizo con firmeza.
Y lo hizo transmitiendo la idea de que las respuestas estaban más claras de lo que parecían.
Por eso hoy la discusión ya no gira alrededor del tiempo.
Gira alrededor de los resultados.
Porque nadie espera que la delincuencia desaparezca por decreto.
Pero sí espera señales.
Sí espera mejoras.
Sí espera percibir que el rumbo prometido empieza a traducirse en hechos concretos.
Sin embargo, cada vez que aparecen cuestionamientos, la respuesta parece repetirse.
Todavía es temprano.
Todavía hay que esperar.
Todavía no es momento de evaluar.
Y es allí donde la metáfora del Mundial empieza a jugarle en contra al propio gobierno.
Porque Uruguay puede pedir paciencia después del primer partido.
Pero resulta más difícil pedirla cuando el campeonato ya está en marcha.
La comparación, quizás sin quererlo, terminó describiendo el verdadero problema político del oficialismo.
No la inseguridad.
La expectativa.
Porque cuanto más tiempo pasa, menos margen existe para explicar y más necesidad aparece de mostrar.
Las campañas electorales viven de las promesas.
Los gobiernos viven de los resultados.
Y cuando los resultados no llegan con la velocidad esperada, las explicaciones comienzan a ocupar el espacio que antes ocupaban las expectativas.
Las encuestas reflejan parte de ese fenómeno.
No muestran un clima de entusiasmo.
No muestran una ciudadanía convencida de que las soluciones están a la vuelta de la esquina.
Muestran cautela.
Muestran dudas.
Muestran una sociedad que empieza a observar con más atención y con menos paciencia.
Y eso es normal.
Porque el crédito político que otorgan las urnas no es infinito.
Se renueva con resultados.
O se desgasta con excusas.
Por eso la frase de Sánchez merece una lectura más profunda.
No por lo que dice sobre el fútbol.
Sino por lo que dice sobre el gobierno.
Porque cuando una administración lleva más de un año explicando por qué todavía no es tiempo de evaluarla, corre el riesgo de transmitir exactamente lo contrario de lo que pretende.
La sensación de que sigue pidiendo tiempo para mostrar aquello que prometió tener claro antes de llegar al poder.
La figurita sigue sellada.
Pero ya no porque nadie haya tenido oportunidad de abrir el sobre.
La figurita sigue sellada porque cada vez que alguien intenta mirarla de cerca, aparece una nueva explicación sobre por qué todavía no llegó el momento.
Y en política, como en el fútbol, llega un día en que las explicaciones dejan de importar.
Porque el único argumento que termina convenciendo a la gente es el marcador.
Hoy, después de más de un año de gobierno, la principal respuesta sigue siendo que todavía no es momento de evaluar.
Pero los uruguayos ya compraron los sobres.
Ya abrieron unos cuantos.
Y después de más de un año de campeonato, tienen derecho a saber qué figurita les tocó.