El ojo de la tormenta
César Gacía Acosta
El colorado de a pie, ese que ha integrado desde mediados del siglo pasado el caudal mayoritario de las llamadas “mayorías silenciosas” del Uruguay moderno, integrante del nivel medio de la población cuyos componentes provienen de los sectores profesional y comercial de la actividad productiva, aún no han logrado salir del hoyo en el que quedaron inmersos después de la deserción de Ernesto Talvi que, sin haberlo explicado jamás, se fue para no volver.
Después de esos tiempos de desasosiego e incertidumbre, Julio María Sanguinetti con su imponente presencia política se puso al frente de un coloradismo que demoró demasiado para reconstruir los liderazgos necesarios que le permitieran articularse debidamente, entre las altas y las bajas de las preferencias políticos. Pero si el Partido Colorado fue fuerte y capaz de enfrentar muchísimas adversidades durante más de un siglo, no resulta inimaginable presentirlo capaz de transformarse rápidamente en una opción político para ese contingente silencioso que sigue siendo quien decide las elecciones en el Uruguay.
Recientemente el diario ELPAÍS le hizo una entrevista al director de EQUIPOS CONSULTORES Ignacio Zuasnábar, quien desarrolló un conjunto de puntos de vista que ponen al coloradismo en el “ojo de todas tormentas” políticas posibles que seguramente ocurrirán desde ahora y hasta los próximos comicios nacionales, legislativos y departamentales. Habrá quien abogue por una reforma constitucional como si tan solo con eso se resolvieran todos los problemas sociales y económicos, mientras otros, sin intentar intelectualizar una discusión sobre cómo lo harían, defenderán un abrupto achique del Estado casi siguiendo las directrices anarco liberalistas que profesa el presidente de la Argentina, Javier Milei.
Predecir hoy si en Uruguay hay cabida para un extremismo de este tipo, parece un desafío intelectual que no muchos piensan encarar. Por eso, por más luces amarillas que se enciendan este fenómeno de izquierdas a derechas, será omitido de sus discursos y plataformas.
Pero como cada espacio político hace lo que mejor puede, Pedro Bordaberry y Andrés Ojeda reeditaron la teoría de las corrientes coloradas logrando al menos transferirlo como advertencia a una sociedad que ciertamente lo notó. De este modo, el viejo molde colorado volvió a albergar dos corrientes bien definidas que intentarán ir captando a un batllismo que este impreso en varios partidos políticos.
En la presentación del Centro de Estudios para el Desarrollo (CED) Zuásnabar dijo sobre el desinterés o rechazo en la política, que “Es algo que existe y empieza a figurar en las encuestas de manera espontánea cuando le preguntamos a la gente por los problemas del país. Equipos viene haciendo mediciones en cuanto a esto desde la salida de la dictadura. En el 76, obviamente no se podían hacer encuestas de opinión pública, pero a partir del 84 hemos medido esto en contextos bien distintos. En el corto plazo, estas referencias empezaron a aparecer con fuerza a fines de 2022.
Consultado Zuasnábar sobre si ese aumento coincidió con el caso Astesiano o con la campaña contra la LUC, enfatizó que “Sí, con el caso Astesiano y con toda la campaña sobre el referéndum, que llevó los niveles de intercambio político a planos que resultaron poco agradables para una parte de la población. No fueron alarmantes en aquel momento, como probablemente tampoco lo son ahora de forma total. Son pequeñas “luces amarillas” que se encienden y que uno desea que no se sostengan en el tiempo.”
Yendo al interés de las preferencias, el sociólo de EQUIPOS sobre el perfil de un Frente Amplio mayoritario, seguido por el Partido Nacional y luego el Partido Colorado, que casi reiteradamente muestra en las encuestas que el Partido Colorado puede estar por encima o acercarse mucho al Nacional, aunque después no suceda, Zuasnábar dijo que “hay entidades partidarias sólidas que le dan estabilidad a los rangos. Y el orden es ese: el FA con mayor volumen, el Partido Nacional segundo y el Colorado tercero. Lo que ha ocurrido en algunas campañas es que el Partido Colorado se acercó al Nacional, pero nunca llegó a igualarlo. No obstante, en paralelo a esa estabilidad, ha habido una construcción de un espacio político común en la coalición republicana que ha generado posibilidades de volatilidad electoral “intrabloque” mayores que antes.”
Finalmente Zuasnábar explicó su posición sobre las “fronteras porosas” entre blancos y colorados. “Cuando en el 99 Lacalle Herrera decidió en segunda vuelta acompañar a Jorge Batlle, para muchos blancos era algo impensable romper esa frontera. Hoy, menos de 30 años después, nadie se alarma. Cada ciclo electoral que avanza, el Partido Nacional y el Colorado —y ahora Cabildo Abierto y el Partido Independiente— consolidan acuerdos institucionales. Eso hace que las barreras identitarias se diluyan; no disminuye mi identidad propia, disminuye mi rechazo al adversario político. Ahora el adversario empieza a ser más “amigo” que antes. Entonces, los factores de corto plazo, como la imagen de los candidatos, te pueden mover el voto hacia un lado o hacia el otro con más facilidad dentro del bloque.”
Quizá por todo este contexto, estar en el OJO DE LA TORMENTA, quizá no sea ni un desacierto ni un problema, sino un anticipo de ser una OPCIÓN POLÍTICA es más una estrategia que un hecho sobreviniente.